Opinión

Maximalismo frente a minimalismo legislativo

Actualizado el 05 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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Maximalismo frente a minimalismo legislativo

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El artículo publicado por don Mauricio París en La Nación el 4 de octubre se inscribe dentro de una corriente de opinión pública con cada vez más arraigo en Costa Rica: la insatisfacción general por el trabajo de la Asamblea Legislativa y por la calidad de nuestros diputados. Coincidimos plenamente con don Mauricio en el diagnóstico, al cual añadimos una falencia que es quizá la más importante de nuestro actual sistema: la falta de representatividad de la Asamblea Legislativa.

Este poder, que en una democracia representativa es el más importante, en nuestro caso no es verdaderamente representativo. Y no lo es porque el elector no elige: vota por una lista cerrada dentro de la cual se cuelan muchos candidatos sin la trayectoria y sin las capacidades necesarias, e inclusive, a veces, de una reputación más que dudosa. El candidato a diputado no tiene que consultar su nombre con el electorado, ni exponerle sus ideas, propuestas ni su trayectoria de vida.

Ante este escenario, el ciudadano está desencantado y ha perdido respeto por la figura del diputado. La consecuencia es una pérdida sustancial de legitimidad de la Asamblea Legislativa, hecho grave para la democracia de la que nos ufanamos y que debe ser resuelto so pena de males mayores, como la profundización de la inequidad social y de la parálisis del Estado, como lo señala don Mauricio.

Más representativo. ¿Cómo conseguir mejorar la representatividad de nuestro sistema legislativo? Dos son las características deseables de cualquier sistema electoral: que sea representativo y que sea proporcional; o sea, que el porcentaje de votos obtenido por un partido político sea razonablemente proporcional al porcentaje de diputados que obtenga. Combinar ambas características no es tarea fácil, especialmente si se desea que las minorías también estén representadas en el Parlamento, como debe ser. La representatividad solo se consigue si el país se divide en distritos electorales (DEs) de una población electoral tal que se garantice el contacto entre candidatos y electorado, de modo que el voto se ejerza con conocimiento. El diputado así elegido (por simple mayoría) gozará de un mandato directo, que lo legitima. El lector deducirá fácilmente que el número de diputados así electos dependerá de cuántos DEs haya. Una distribución ideal para la Costa Rica de hoy es de unos 70.000 electores por DE. Por ejemplo Escazú y Santa Ana acumulan en conjunto aproximadamente ese número. Este criterio, afectado además por razones de homogeneidad social y cercanía geográfica, conduce a unos 40 DEs. Vaya anotando el lector: 40 diputados.

Este sistema, sin embargo, afecta sustancialmente la proporcionalidad. Favorece muchísimo a los partidos mayoritarios y reduce la representación de los minoritarios, cuando no los deja del todo sin representación. Es lo que algunos comentaristas políticos en Costa Rica llaman “el secuestro de la Asamblea Legislativa”. Para rescatar la representatividad que traen consigo los DEs y conservar la proporcionalidad, hay que introducir otra fórmula: la Lista Nacional, no provincial como ahora, que traería consigo un segundo voto.

La Lista Nacional, según la cual Costa Rica funciona como una sola circunscripción electoral, la elaboran los partidos y es cerrada. Dicha lista integra a todos o a algunos de los candidatos en los DEs; eso lo decide cada partido cuando integra su lista. La Lista Nacional está compuesta por un número de candidatos que duplica el número de DEs, como remedio para garantizar una integración proporcional de la Asamblea Legislativa.

Gracias a esa lista, los partidos eligen un número de diputados proporcional al porcentaje de votos que haya obtenido en todo el país. De la Lista Nacional se extraen los candidatos necesarios para complementar el número de diputados elegidos por voto directo en los DEs. Anote de nuevo el amable lector: si los candidatos en la Lista Nacional duplican a los DEs, y estos son 40, tendremos un Parlamento de 80 diputados. Este sistema se denomina sistema mixto proporcional (SMP) y está en vigor en Alemania desde la fundación de la República Federal en 1949 y Nueva Zelanda lo adoptó en 1994, después de un periodo de estudio exhaustivo y de un referendum. Ha sufrido reformas pero se ha mantenido esencialmente incólume. Es un sistema probado.

Más diputados. Aunque la posibilidad de aumentar el tamaño de nuestra Asamblea Legislativa no es precisamente un tema popular, es importante recordar que tenemos la misma cantidad de diputados (57) desde mayo de 1961, hace 53 años, cuando la población era seis veces menor a la actual y antes de que hubiera nacido la inmensa mayoría de los habitantes actuales de nuestro país. Ya en 1999, un estudio de las Universidades Northwestern, Toulouse y Cergy-Pontoise sobre los tamaños de parlamentos de más de 100 países, determinó que Costa Rica requeriría alrededor de 115 diputados, tomando en cuenta su población, densidad poblacional y desarrollo económico. De hecho tenemos el congreso más pequeño comparando con naciones de igual población. El hecho de que la labor legislativa no sea buena obedece no solamente a que no elegimos a los mejores diputados sino a que son insuficientes.

Por último, si en el futuro Costa Rica decide migrar a un sistema parlamentario, el sistema mixto proporcional garantizaría que los miembros del Parlamento sean electos de una manera proporcional y representativa, tal y como corresponde.

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