Opinión

Max Sittenfeld

Actualizado el 21 de agosto de 2012 a las 12:00 am

Max Sittenfeld Roger nos deja el recuerdo de una vida productiva y ejemplar

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Siempre resulta triste despedir a un amigo, pero más si ese amigo ha sido nuestro colega, jefe y compañero de trabajo.

Nos conocimos cuando ambos éramos estudiantes en la Escuela de Ingeniería: él iba un par de años más adelante que yo, pero como, en esa facultad y en ese tiempo, los estudiantes no éramos muchos, todos éramos amigos.

Cuando llegué al último año, logré conseguir trabajo como asistente de ingeniería en el Ministerio de Obras Públicas.

Allí me mandaron a realizar pruebas de compactación en la pista que se estaba construyendo para el nuevo aeropuerto de El Coco, ahora Juan Santamaría. Max Sittenfeld, quien ya se había graduado como ingeniero, era el jefe del laboratorio encargado de las pruebas de compactación en la pista, y me llamaba la atención que, siendo él afectuoso y de tan buen carácter con los subalternos y con los empresarios del contrato, Mario y Rodrigo Urbina, fuera tan exigente con los resultados de las pruebas de compactación que se realizaban en la pista.

Max era simpático y bromista, pero las pruebas tenían que dar justamente lo que exigía el contrato: un 95% del Proctor modificado.

Cuando las pruebas no daban lo especificado, Max le pedía al contratista que siguiera pasando la aplanadora, y fue ciertamente en muy contadas oportunidades en que Max nos permitió una tolerancia de un uno por ciento menos de lo especificado.

Después logré un ascenso y me tocó dirigir algunos proyectos de vialidad en varias zonas del país. Max se me perdió de vista por mucho tiempo; alguna vez me lo encontré en el Colegio de Ingenieros y estuvimos charlando largo rato, siempre el mismo, agradable y ameno en la conversación.

Max Sittenfeld Roger nos deja el recuerdo de una vida productiva y ejemplar.

En la Universidad fue profesor, cofundador del laboratorio de materiales y modelos estructurales y finalmente fue el decano de la Facultad de Ingeniería Civil. También el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos lo honró nombrándolo presidente de su junta directiva.

Bueno, Max, ahora sí es cierto: que Dios te acompañe y, si él quiere, quizá nos volvemos a ver pronto.

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