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Mario Madrigal: Un libro extraordinario

Actualizado el 22 de abril de 2015 a las 12:00 am

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En los tiempos actuales, cuando muchos predicen que, ante el avance de la Internet, la televisión y las modernas tabletas que cumplen mil funciones y a las que, como se acostumbra decir de las mascotas inteligentes, “solo les falta hablar”, la palabra escrita está llegando a su final, qué reconfortante es abrir las páginas de un libro extraordinario: Costa Rica aérea, retratos de un país inédito.

Los autores son dos hermanos fotógrafos (como lo es también su padre, Juan José) Sergio y Giancarlo Pucci. El texto es de Jaime Gamboa.

El libro, de pasta dura, fue editado con mucho cuidado y mucho amor. Todas las fotografías son de gran calidad técnica y artística. El texto brinda información adecuada, pero se mantiene como un acompañamiento y no interfiere con el objetivo principal del libro: mostrar a Costa Rica desde un punto de vista diferente a todo lo que creíamos conocer muy bien. Ver a nuestro país desde el aire es como conocer, por primera vez, una tierra muy nuestra y que, al mismo tiempo, no sabíamos que existía.

Para lograr ser novedosos los hermanos Pucci, durante más de un año y usando diversos medios de transporte aéreo, tomaron más de 10.000 fotografías para luego escoger las 300 que forman el libro.

Durante todos los vuelos hubo experiencias valiosas que quedaron en la mente de los fotógrafos y que ahora comparten con los lectores. El día de la tradicional romería de la Virgen de los Ángeles hicieron cinco viajes en helicóptero hasta que recibieron un mensaje de la policía: “Dice doña Laura (la presidenta) que se alejen porque no dejan escuchar la misa”.

Rincón de la Vieja. El libro se inicia con una bella y clara fotografía del volcán Rincón de la Vieja, que me hizo recordar la vez, hace ya muchos años, que lo visité en compañía de los miembros de Ascona, en una excursión de ida y vuelta, que duró poco más de 14 horas.

Al acercarnos al cráter principal, después de escalar la montaña que le sirve de base, nos encontramos un bosque extraño, como de cuento de hadas, ya que el fuerte viento que ahí sopla había, como si fuera un escultor experto, doblado las ramas de los árboles y había formado con ellas figuras raras que se movían como bailarinas de un ballet mágico.

Por cierto, nos acompañaba una estadounidense, de unos 18 años, quien de pronto desapareció del grupo. Tres excursionistas más jóvenes y más fuertes regresaron a buscarla y la encontraron bajo un árbol llorando. “Prefiero morirme” –les dijo– “que dar un paso más”.

Los muchachos prepararon una especie de camilla con algunas ramas y llevaron a la muchacha a la casa de los guardas forestales que nos dieron posada.

Son muchas las fotografías valiosas de este libro extraordinario. La arribada masiva de las tortugas lora a Ostional solo puede ser apreciada en su totalidad desde el aire. De gran valor es la vista de la catarata Nauyaca, con su caída de 65 metros.

Tortuguero. Disfruté mucho, también, las vista de Tortuguero, sobre todo porque trajo a mi memoria la primera vez que visité ese bello lugar, cuando no existía ninguna de las facilidades actuales, ni siquiera una pequeña pensión, y mucho menos un hotel. Nos alojamos en la finca que amablemente nos prestó “Yoyo” Quirós (quien falleció no hace mucho). Para llegar, tuvimos primero que usar un “burrocar” que, como su nombre lo indica, es una especie de vagón tirado por un burro sobre rieles. Luego, seguía un viaje en lancha hasta llegar a Parismina, y de ahí en adelante en una lancha de motor, en la cual, adelante, iba un guía con un machete cortando los lirios que impedían el paso.

El problema principal es que al pasar recibíamos una verdadera avalancha de pequeñas ranas, chapulines y toda clase de insectos en la cara algo que, naturalmente, ahora no sucede, sobre todo si se ve este paisaje desde el aire. Para llegar a la finca del Sr. Quirós duramos tres días.

El libro merece una amplia divulgación, que abarque colegios y universidades, donde lo pueden usar como una especie de enciclopedia del país. Conocer a fondo la patria es casi una obligación de todos los costarricenses.

El autor es periodista.

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