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Macron: el optimismo está permitido

Actualizado el 13 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

Macron es un hombre culto, nutrido por la Filosofía de las Luces, amante de la música

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En su discurso de victoria, el presidente electo, Emmanuel Macron, dijo: “Somos herederos de una gran historia y de un gran mensaje humanista dirigido al mundo (…). Una nueva página de nuestra larga historia se abre esta noche. Quiero que sea la de la esperanza y de la confianza…”.

Son palabras profundas, de un hombre que tiene conciencia histórica, además de sentido de los símbolos. Pronunció su discurso ante la pirámide del Museo del Louvre, un verdadero templo del arte y la cultura.

Algunos lo ven con recelo, destacando su faceta financiera. Se preguntan, ¿qué se puede esperar de un banquero, sin experiencia, salvo un breve período como ministro de Economía? Lo cierto es que tiene una brillante carrera académica e interdisciplinaria. Además de sus estudios en la Escuela Nacional de Administración, obtuvo dos títulos en filosofía, una maestría con una tesis sobre Maquiavelo, otro posgrado con una tesis sobre Hegel, gran figura del idealismo alemán, quien formuló el postulado de “El fin de la historia”, que no significa el fin del ciclo normal de la vida, sino el fin de un proceso histórico, y el inicio de una nueva era.

En este sentido, con Macron, estamos asistiendo al fin del sistema político de la V República, establecida en plena Guerra Fría en 1958. El debate hoy no se centra en las antiguas luchas ideológicas entre la izquierda socialista y la derecha liberal. Los partidos tradicionales han sido derrotados, debido a su incapacidad de renovación y de resolver los problemas que afectan a grandes sectores de la sociedad. Las viejas querellas han caducado, aunque han surgido nuevos demonios.

Los extremismos. La campaña política se ha enfocado en otros temas. La ultraderecha con su discurso de odio, prometiendo abandonar la Unión Europea, cerrar las fronteras, volver a la moneda nacional, establecer la preferencia nacional, entre otras propuestas características del nacionalismo retrógrado.

Con eso, pretende recobrar la soberanía nacional y protegerse del nuevo demonio amenazante: el islamismo radical. El constante ascenso de extremismos, no solo en Francia, sino por doquier, resulta preocupante. Es preciso combatirlos con argumentos irrefutables: en la historia sobran ejemplos que evidencian que los extremos nunca han sido buenos.

Mientras que la vieja clase política se hundía con sus métodos démodés, surge ¡En Marcha!, un movimiento insólito en la V República. Los tres hombres que han marcado la historia, De Gaulle, Mitterrand y Chirac, eran muy conocidos, con larga trayectoria antes de llegar a la presidencia. Inspiraban confianza tanto en Francia como en el mundo.

En cambio, Emmanuel Macron era un anónimo antes de ser ministro de Economía. Nadie creía en él cuando lanzó el movimiento ¡En Marcha! el año pasado. De pronto, a sus 39 años, es el vigésimo quinto y el más joven presidente de la República francesa.

El estilo Macron es tan innovador que merece reflexión. Gracias a su excelente formación académica y humanística podría impulsar una buena gobernanza. No es por azar que la educación y la cultura ocupan un lugar central en su programa, proponiendo, además del dominio de tecnologías de punta, el fortalecimiento de las artes, la literatura, el teatro, la historia, la filosofía, que contribuyen significativamente al bienestar humano.

Esperanza. Este presidente es un hombre culto, nutrido por la Filosofía de las Luces, amante de la música, pues obtuvo un premio en piano. Con Macron cabe la esperanza, ha demostrado mucho éxito. Aunque, una cosa es conquistar el poder, otra es ejercerlo. ¿Logrará las reformas tan necesarias para subir a Francia en el tren del siglo XXI? ¿Podrá resolver el problema del desempleo que agobia a más del 10% de la población, sobre todo la juventud?

Ha heredado un país tan dividido, que será difícil gobernar. Todo depende de las elecciones legislativas de junio. ¿Tendrá mayoría, o por lo menos, un alto porcentaje de los 577 diputados? Toda conclusión sería prematura. De lo que no cabe la menor duda, es que el pueblo francés ha dicho no a la ultraderecha.

Esto es importante. Macron ha sido elegido con una cómoda mayoría del 66%. Su legitimidad es indiscutible. Algunos se preguntan, ¿cómo será el gobierno de un aprendiz sin experiencia? Es palabrería inútil.

En lugar de criticarlo con el espíritu negativo que caracteriza a algunos medios franceses, lo más sensato es esperar y juzgar sus acciones. En síntesis, la nueva era apenas comienza.

Su victoria es aire fresco para Francia, así como para Europa, que tiene la oportunidad de renovar su burocracia, para evitar otras despedidas. El mundo francófono también se siente en confianza con Macron.

Cabe destacar que en su programa propone la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. No es posible mantener solo cinco miembros permanentes con el perverso derecho de veto. Urge ampliar dicho Consejo, integrando representantes de América Latina, África y Asia. La ONU fue fundada por 51 Estados, el día de hoy, la integran 193. Cerrar los ojos ante los cambios geopolíticos es imitar la estrategia del avestruz, poniendo en riesgo el equilibrio mundial y la paz.

Conocedor de Maquiavelo, Macron habrá comprendido, sin duda, que el fin justifica los medios: no se trata solo de conquistar el poder, sino de alcanzar la gloria, la honradez y la grandeza. ¿Podrá convencer a los otros miembros de la urgente reforma al Consejo de Seguridad? El arte de gobernar es muy difícil. ¿Sabrá dialogar para hallar consensos? ¿Sabrá unir a Francia y ponerla En Marcha? El futuro dirá. Sinceramente, le deseamos mucha suerte.

El autor es escritor.

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