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Luis Carlos Araya Monge: Invirtamos en un aeropuerto del futuro

Actualizado el 02 de mayo de 2015 a las 12:00 am

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Luis Carlos Araya Monge: Invirtamos en un aeropuerto del futuro

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El periódico La Nación nos informa en su sección de “Economía” del lunes 20 de abril, a propósito del crecimiento sostenido y exitoso del Aeropuerto Internacional Daniel Oduber, que el Juan Santamaría, por su parte, frenó la cifra de usuarios del último lustro en 3,7 millones.

Sería importante que se hiciera un estudio serio y responsable para saber cuáles han sido las causas; mientras tanto, me atrevo a dar mi respetuosa opinión, basado en la modesta experiencia de más de cuarenta años en la actividad y especialmente en mis últimos tres años como viceministro de Transporte Aéreo.

Desde hace mucho tiempo hemos advertido sobre la necesidad urgente de construir un nuevo aeropuerto metropolitano en Orotina, posición que comparten muchos expertos en el tema y que así han expresado en estudios y también en los medios de prensa.

El Aeropuerto Internacional Juan Santamaría está llegando a su máximo de posibilidades, y aunque algunos siguen con la idea de que con más posiciones de contacto (mangas), más salas de abordaje y una nueva terminal doméstica podríamos extender su vida útil por cincuenta años, esto no es posible.

Realidades. El Santamaría se diseñó y construyó con base en el tipo de aeronaves que operaban en aquella época, jamás comparadas en velocidad y tamaño con los aviones de hoy día. Además, las regulaciones de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que hoy rigen el diseño, la operación y la certificación de aeropuertos no existían.

Por lo tanto, nuestro actual aeropuerto internacional, con todas sus nuevas remodelaciones, pero con todavía limitadas dimensiones terrestres y estrujado espacio aéreo, no tiene posibilidad de obtener una certificación de la OACI.

Por esta razón se han tomando medidas para mitigar los riesgos desde hace más de diez años. Si bien su objetivo es mantener la seguridad operacional, estas conllevan directamente atrasos en su operación.

Estoy convencido de que, por las limitaciones de espacio aéreo y terrestre, el aeropuerto Juan Santamaría no puede ser una terminal del futuro; por esas mismas razones, un avión A-340 como el que opera a diario la aerolínea Iberia lo pone en aprietos operativos.

Es necesario y urgente promocionar la visita de más turismo europeo, asiático y de otras regiones del mundo, pero ese turismo en su gran mayoría se mueve en aviones de cuerpo ancho, y ahí es donde está el dilema.

Hoy es incómoda la operación con estas aeronaves: la cercanía del tránsito aéreo del aeropuerto Tobías Bolaños, el tamaño de la rampa principal, las separaciones entre rampa y pista activa, separaciones de la calle de rodaje y la activa, separación del edificio terminal con la pista principal y algunas otras razones, hacen que sea complicada. Esto lo conocen perfectamente las líneas aéreas, y se puede confirmar con solo consultar los diferentes mecanismos de información con que cuentan los pilotos y las empresas de transporte aéreo hoy día.

Dificultades. Hace unos años, Taca nos había alertado sobre las incomodidades que sufrían para mantener el hub o centro de operación en Costa Rica. Hoy Avianca sencillamente no lo tiene, y muchos de los pasajeros que volaban directo a diferentes destinos tienen que hacerlo con escalas, lo que por supuesto significa tiempo valioso perdido.

Las empresas de servicios de tierra se quejan porque en reiteradas oportunidades no tienen espacio en rampa para atender la aviación corporativa, actividad que le trae grandes beneficios económicos al país.

Encima de ello, deben estar advirtiendo a los operadores de estas aeronaves que no pueden pernoctar en el aeropuerto Santamaría.

Estas mismas empresas empiezan a tener dificultades de espacio en las zonas restringidas para dar mantenimiento y estacionar sus equipos especializados, a tal extremo que han debido adquirir o alquilar propiedades privadas en los alrededores.

Ello genera que equipo exclusivo para la atención de aviones en rampa se movilice por la vía pública, con el agravante que esto implica.

Es importante evitar confusiones: si se ha estancado el crecimiento de pasajeros del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría, lo equivocado es cuestionarnos la necesidad de construir uno nuevo.

Lo correcto es construirlo para seguir creciendo, y que así puedan operar muchos aviones de cuerpo ancho y soñemos con tener un gran hub o centro de operaciones. Así podremos seguir con la política de cielos abiertos y brindar muchas facilidades operativas para las líneas aéreas.

El autor es exviceministro de Transporte Aéreo y Marítimo y exdiputado de la República.

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