Opinión

Llenarse de vida en las áreas protegidas

Actualizado el 09 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Llenarse de vida en las áreas protegidas

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Las áreas protegidas han sido siempre una fuente de inspiración, asombro, paz, retos y esperanza. Son tantas las palabras y las sensaciones que se vienen a la mente al recordar el privilegio de haber podido visitar algunos de estos sitios únicos del planeta y tanta la emoción de saber que quedan muchos por descubrir.

¿No le pasa a usted cada vez que visita un parque nacional? Cuando ve a sus hijos jugar con la arena límpida y sin huellas, al sumergir los pies y sentir minúsculos pececillos dando vueltas alrededor, cuando ha visto tortugas desovando o ha conocido de cerca un territorio indígena rodeado de bosques. Es un privilegio de todos, no de uno solo y de ahí, también, surge la responsabilidad compartirla de protegerlas.

Como parte de mi trabajo, he tenido la oportunidad de visitar sitios de los más maravillosos del planeta, muchos en los libros de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), a los que todos deseamos ir algún día.

Las más grandes revelaciones me llegaron a través de los ojos de mi hijo. Cuando aún era pequeño, fuimos al Parque Nacional Corcovado para una Navidad, y él se convenció que “Santa” venía por mar. Imagínelo: tal vez en un trineo tirado por delfines que surgía de las profundidades y llegaba hasta esas playas donde el verde se confunde con el azul y las especies numerosas, exuberantes, son los regalos que va tirando desde su trineo.

No sé con exactitud si eso fue lo que mi hijo fantaseó, pero sí estoy segura que en todos los rincones de Mesoamérica existen áreas protegidas mágicas que nos dan alegríay asombro y nos hacen soñar.

Historia. Las áreas protegidas han sido la piedra angular del trabajo de la UICN desde su fundación en 1948, y el de nuestra Comisión Mundial de Áreas Protegidas, que es el cuerpo más importante del mundo con más de 1.700 expertos y profesionales de las áreas protegidas.

Por supuesto, la idea de áreas protegidas no es uno nueva. Pero no fue sino hasta finales de 1800 que el primero de los llamados “modernos” parques nacionales de áreas protegidas se estableció.

En la región Mesoamericana, se crearon los primeros parques nacionales en la década de los cincuentas, como el Tikal en Guatemala y el Volcán Poás en Costa Rica.

Hoy en día, existen áreas protegidas de todas las formas y tamaños: terrestres y marinas, locales y transfronterizas, con participación comunitaria, de pueblos indígenas y de propiedad privada, los humedales Ramsar de importancia internacional y los sitios del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Vitales. Estos espacios de conservación cubren casi el 13% de la superficie terrestre del mundo y alrededor de 2% de los océanos. Pero, también, proporcionan agua potable a una de cada tres de las 100 ciudades más grandes del mundo, almacenan la misma cantidad de carbono que los bosques tropicales, nos mantienen sanos por ser fuente de aire limpio, así como de nuevos medicamentos.

Son vitales porque ayudan, además, a prevenir desastres como las inundaciones, mejoran la seguridad alimentaria al aumentar la pesca y la preservación de los parientes silvestres de los cultivos y proveen de empleo y medios de vida a millones de personas en todo el mundo.

Las áreas protegidas se construyen y se conservan con una legislación actualizada y realista, con la participación de las comunidades locales y los pueblos indígenas que las habitan, con el involucramiento de las nuevas generaciones de guardaparques y conservacionistas, dándoles un valor real y económico a los servicios que prestan para la humanidad.

Que sean fuente de inspiración, de maravillas, salud y bienestar para colmar las vidas de todos nosotros por muchos años más.

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