Opinión

Librarse del abrazo del oso

Actualizado el 11 de julio de 2014 a las 12:00 am

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PRAGA – Tres ex repúblicas soviéticas –Georgia, Moldova y Ucrania– han firmado acuerdos de asociación con la Unión Europea (UE), a pesar de los intentos, a veces brutales, de Rusia para obstaculizar el proceso. Esto es ciertamente un logro prometedor para todos estos países, que han luchado para alcanzar la estabilidad desde la disolución de la Unión Soviética. No obstante, sería ingenuo pensar que Rusia se dará por vencida tan fácilmente.

Como lo ha demostrado la crisis de Ucrania una vez más, las ex repúblicas soviéticas que intentan tomar decisiones geopolíticas sin el consentimiento del Kremlin no permanecen intactas por mucho tiempo. En Georgia, las regiones separatistas de Abjazia y Osetia del Sur han tenido una independencia de facto desde que Rusia las reconoció en el 2008. Actualmente, las posibilidades de su reintegración parecen más lejanas que nunca.

Por su parte, Moldova ha estado luchando durante dos décadas para afirmar su control sobre la región separatista de Transnistria. Además, en febrero, la pequeña región autónoma de Gagauzia, con una población de origen turco, anunció, mediante un referéndum apoyado por Rusia, que tiene el derecho de separarse si Moldova “pierde su condición de Estado”. Ahora, el peligro es que los líderes separatistas busquen manipular la pérdida de soberanía supuestamente inherente a la asociación con la UE para reivindicar ese derecho.

Más allá de disuadir a las ex repúblicas soviéticas de buscar vínculos más profundos con la UE, Rusia ha creado una especie de “UE” propia: la Unión Económica Euroasiática (EaEU, por sus siglas en inglés). En mayo, los líderes de Rusia, Bielorrusia y Kazajistán establecieron la EaEU mediante la firma de un tratado que entrará en vigor el próximo año, si los Parlamentos de los tres países lo ratifican.

El presidente, Vladimir Putin, ha insistido en que el objetivo de la EaEU no es ser una Unión Soviética “resucitada”, pero que toda ex república soviética puede adherirse. Y algunas están muy dispuestas a hacerlo. Según una encuesta reciente, alrededor del 80% de los ciudadanos de Kazajstán apoyan a Putin y, aproximadamente, el 70% respalda la membrecía de su país en la EaEU.

Si bien algunos países han perseverado ante las amenazas de Rusia de provocarles problemas separatistas, étnicos o de otra índole si buscan integrarse con la UE, otros han cedido a la presión. En setiembre, Armenia, que ha estado en conflicto durante más de dos décadas con Azerbaiyán por la región separatista de Nagorno-Karabaj, súbitamente interrumpió sus negociaciones de integración con la UE y anunció su intención de adherirse a las estructuras encabezadas por Rusia.

Kirguistán, uno de los países post-soviéticos más pobres de Asia Central, no tiene problemas abiertos de separatismo, aunque hay tensiones étnicas en el sur, donde los enfrentamientos entre uzbekos y kirguisos tuvieron un saldo de más de 400 muertos en el 2010. Este mes, el país cerró el centro de tránsito militar de los Estados Unidos cerca de Bishkek, y manifestó su intención de adherirse, para finales de este año, a la unión aduanera que precedió a la EaEU.

El Kremlin está utilizando otros mecanismos para ejercer más presión sobre las ex repúblicas soviéticas. El Ministerio de Relaciones Exteriores del país acaba de anunciar que, a partir del 1 de enero, los ciudadanos de los países post-soviéticos que no sean miembros de la unión aduanera y de la EaEU ya no podrán entrar en Rusia sin pasaporte. Con seguridad, a esto seguirán requisitos de visas para los ciudadanos de esos países, lo cual plantearía graves problemas para algunos. Por ejemplo, las remesas que envían los 1,5 millones de ciudadanos de Tayikistán que viven y trabajan en Rusia a sus familias son esenciales para la economía de su país.

Igualmente, en abril, Putin firmó leyes que simplifican el procedimiento para que las personas cuya lengua materna es el ruso obtengan la ciudadanía rusa. El objetivo de la ley, que se promulgó apenas un mes después de la anexión de Crimea a Rusia, era claramente dar fundamentos jurídicos para acelerar el proceso de solicitud de ciudadanía para los residentes de Crimea y el resto de Ucrania oriental. Sin embargo, puede permitir a millones de otros ciudadanos de lengua rusa de los países miembros de la EaEU optar por la ciudadanía rusa, lo que podría utilizarse para presionar a Estonia y Lituania, que tienen grandes poblaciones de personas de lengua rusa.

No obstante, el desarrollo de la EaEU no está avanzando completamente según los planes de Putin. En una reunión reciente de la Comisión Económica Euroasiática celebrada en Sochi, Bielorrusia y Kazajistán rechazaron la propuesta del Kremlin de introducir derechos de aduana a los bienes importados de Ucrania en caso de que ese país firmara el acuerdo de asociación con la UE. El Gobierno bielorruso considera que es derecho soberano de Ucrania firmar acuerdos con la UE –lo que contradice plenamente la posición de Rusia– y, aparentemente, está dispuesto a aplicar sus propios derechos a la importación de bienes electrónicos de Rusia.

Como están las cosas, la EaEU parece tener dos objetivos principales: obstaculizar la integración de las ex repúblicas soviéticas a Occidente y contribuir a la consolidación del poder de Putin. El progreso económico no parece formar parte del programa.

A menos que logre conseguir de cualquier modo beneficios tangibles, el destino de la EaEU será convertirse en otra iniciativa institucional fallida como la Comunidad de Estados Independientes, el Estado de la Unión de Rusia y Bielorrusia, o la Unión de Asia Central. Incluso, podría acelerar el declive interno de Rusia.

Merkhat Sharipzhan es editor y analista de Radio Free Europe/Radio Liberty. © Project Syndicate.

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