Opinión

Liberación de Romeo Langlois

Actualizado el 03 de junio de 2012 a las 12:00 am

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Liberación de Romeo Langlois

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Ver al periodista francés liberado por las FARC, cámara en mano, apuntando al público delante de él y a los colegas que trataban de interrogarlo, no dejaba de ser un espectáculo bien llamativo, como si a él lo único que le interesara fuera el producto televisivo del montaje provocado por el secuestro y lo más importante fuera su propia imagen de adolescente celebrando una fiesta, casi como preguntándose a sí mismo: ¿por qué no sacarle el máximo jugo a este espectáculo?, ¿por qué no ganarse unos buenos centavos en todo esto, vendiendo reportajes, sacando una buena crónica novelada, y alguno que otro producto publicitario que circule bien? ¿No será esta la oportunidad de mi vida? ¿Me arriesgo, aunque pudiera dar la impresión de que yo facilité las cosas?

El juego de la prensa. La Cruz Roja Internacional insistió en que no habría filmaciones en la entrega, pero allá estaba instalado el Canal Telesur, con todos los fierros, con la exclusiva del evento a cargo de un medio dependiente del Gobierno Bolivariano de Venezuela. ¿Quién le adjudicó esa exclusiva y en razón de qué? ¿Es que sigue jugando un papel decisivo Chávez en estas liberaciones? ¿A petición de las FARC o como una exigencia del grupo guerrillero? o ¿a petición de la señora Piedad Córdoba? ¿Y por qué los medios colombianos fueron desplazados por uno extranjero si la entrega era dentro del país y se había reiterado que no habría intervención de países extranjeros? ¿Será que las FARC le impusieron una vez más sus condiciones a la Cruz Roja y al Gobierno? ¿Por qué los medios le hacen el juego a las ambiciones de figuración de uno de sus colegas, como si fuera la noticia más importante del mundo?

¿Los secuestrados civiles? Surgen muchas más preguntas que no sabe uno quién las podrá responder y, sobre todo, saltan interrogantes que ponen en tela de juicio la forma como se llevó a cabo el secuestro y las verdaderas intenciones de las FARC al proceder al mismo, que le sirvieron en bandeja de plata. ¿Por qué se convierte un periodista extranjero en un botín tan preciado para el grupo guerrillero? ¿Será que lo han convertido en un instrumento para recuperar imagen ante el mundo? ¿Qué significado tiene esta acción en medio de un clima en que cobra fuerza el acuerdo de paz? ¿No es el típico anticipo mediático como si estuviéramos en la antesala de Tlaxcala o del Caguán? ¿Y qué de los secuestrados civiles, que no cuentan con la posibilidad de montar el show mediático como Langlois? ¿Tendrá que ver esto algo con la ética de la profesión periodística, o nos olvidamos de ella?

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Comediantes de turno. ¿Hasta qué punto le interesa más a Romeo Langlois su fama periodística y su figuración que el drama terrible que sufre Colombia, hasta el punto de burlarse de los colombianos en la forma en que lo hizo? ¿No será que el secuestro y la liberación anunciada son parte de un sueño de estar en todas las pantallas del mundo, para lograr lo que no se pudo con un trabajo periodístico muy discreto? ¿Será que este show mediático le deja alguna enseñanza al país? ¿Seguiremos dejando que se burlen de nosotros en forma tan reprochable? ¿Por qué las FARC guardan silencio sobre el atentado a Fernando Londoño (ni sí ni no), mientras secundan todo el circo montado en torno al periodista francés? ¿Será este un mecanismo más de distracción, a lo cual nos tienen acostumbrados? ¿Por qué los medios nacionales y extranjeros ponen todo al servicio de los comediantes de turno mientras estos guardan silencio sobre el drama de los otros secuestrados?

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