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La Ley Orgánica de Comunicación del Ecuador

Actualizado el 26 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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La Ley Orgánica de Comunicación del Ecuador

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Con el título “Veracidad, contextualización y equidad”, el viernes 9 de agosto, La Nación editorializa sobre la nueva Ley Orgánica de Comunicación aprobada por la Asamblea Nacional del Ecuador, ya en vigencia en nuestro país.

El domingo 11 de agosto, en su columna “Entre Líneas”, con el título de “Contenidos impuestos”, don Armando González, en una variación sobre el mismo tema, ensaya reforzar lo dicho en el editorial.

Es un hecho que vivimos tiempos de cambios políticos, especialmente en América Latina, y todo lo referente a la comunicación social, su importancia en este proceso, y el papel y uso de los medios de información en un mundo de transformaciones tecnológicas permanentes, no puede estar ajeno al debate y la confrontación. Más cuando mucho de lo que se discute tiene que ver con importantes intereses económicos, maquillados a veces con la invocación de los derechos humanos.

En el cruce de opiniones que cada cierto tiempo tenemos con el diario La Nación , que siempre ha estado enmarcado en el respeto, la Embajada del Ecuador, ha respondido con el deseo de que los puntos de vista de nuestro Gobierno, y el contexto dentro del cual se vienen consolidando algunos cambios políticos importantes, puedan ser contrastados por los lectores costarricenses con las opiniones que ustedes emiten.

En el primer párrafo del editorial, La Nación expresa: “La nueva Ley Orgánica de Comunicación aprobada por el Congreso ecuatoriano contiene las trampas de siempre para la libertad de expresión. Con la excusa de buenas intenciones, al parecer inobjetables, la normativa impone serias cortapisas a la labor de la prensa”.

Suponemos que tanto el editorialista como el columnista no solo conocen esta Ley Orgánica de Comunicación sobre la que opinan, sino además el contexto económico y social que justificó que, en el proceso de la Constituyente del 2008, se exigiera tramitar de inmediato una nueva Ley de Comunicación, mandato que acogió la Asamblea Legislativa de nuestro país, cuyo texto original fue discutido durante casi cuatro años, por dos Asambleas diferentes y socializado entre los diversos sectores del Ecuador para alcanzar finalmente un consenso.

Concentración de poder. Si conocen ese contexto, sabrán que los más importantes medios de comunicación de nuestro país en ese momento, prensa, televisión y radio, con todo lo que significa su influencia y poder mediático, estaban en manos de no más de diez familias. No se si coincidan con nuestro criterio de que, si hablamos de democracia y de participación, esa concentración de poder en los medios de comunicación no era el mejor ejemplo a seguir, en un mundo abierto a todas las formas de pensamiento y opinión.

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La nueva Ley trata de redistribuir ese poder. El Art.106 sobre “ Distribución equitativa de frecuencias” dice : “Las frecuencias del espectro radioeléctrico destinadas al funcionamiento de estaciones de radio y de televisión de señal abierta, se distribuirá equitativamente en tres partes, reservando el 33% de estas frecuencias para la operación de medios públicos, el 33% para la operación de medios privados, y 34% para la operación de medios comunitarios”.

Para fortalecer a los medios comunitarios, cuya interpretación amplia comprende a las organizaciones y pueblos, grupos organizados de estudiantes, amas de casa, profesionales de la comunicación, gremios artesanales, de artistas, músicos y, desde luego, grupos indígenas y campesinos, la Ley, a más de exonerarles de impuestos, les facilita la adquisición de equipos, implementos, capacitación y transferencia de las nuevas tecnologías, para que en sus programaciones se promuevan los valores del respeto, amor a la patria, cooperación y solidaridad, lucha contra males sociales como el alcoholismo, las drogas y el tabaquismo.

Poco después de ser sancionada esta Ley, tuvo lugar en Guayaquil la “Cumbre Internacional para un Periodismo Responsable” durante los días 19 y 20 de junio. En esta actividad se hicieron presentes cerca de diez mil estudiantes y académicos, participaron 38 expositores de América Latina y Europa y se trataron los siguientes temas: La responsabilidad social del periodismo; los medios, los periodistas y la construcción de la democracia; periodismo y cambio social, y el periodismo y la emergencia de las nuevas tecnologías de información y comunicación.

Nombres reconocidos. Nombres reconocidos en el campo de la comunicación, como Fco. Sierra Caballero, de España, Fernando Buen Abad, de México, Florencia Saintout, Pedro Brieger, de Argentina, Jorge Gestoso, de Uruguay, Deborah James y Keane Bahtt, de Estados Unidos, José Villamarín y Hernán Reyes, de Ecuador, Patricia Villegas, de Telesur y varios académicos más, disertaron y confrontaron sus ideas en talleres, en los cuales estuvieron presentes estudiantes de 35 de las 38 universidades ecuatorianas que ofrecen Periodismo y Ciencias de la Comunicación, así como representantes de once países americanos.

Para Francisco Sierra Caballero, doctor en Comunicación, especializado en Políticas Públicas y Tecnología, espacios como la CUPRE ayudan a concienciar a los periodistas para evitar que la información sea usada como un bien comercial. “Si no sabemos distinguir entre estructura empresarial y libertad de expresión, difícilmente podremos avanzar en derechos sociales y la libertad de expresión en nuestros países”, dijo el académico.

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El conocido periodista Jorge Gestoso declaró que “es necesario presentar la otra cara de la moneda en el ámbito periodístico, con la finalidad de exponer la pluralidad de las visiones y conseguir el desarrollo del ejercicio profesional de forma más responsable”. Añadió que “Ecuador ha dado un salto cualitativo, al pasar de habitantes que no tenían derechos, a una increíble mayor cantidad de ciudadanos que participan activamente en la construcción del país”.

La Nación expresa: ”Así como en la ciencia toda verdad es provisional, para la democracia toda verdad es discutible”. Podemos aceptar lo dicho, porque ciertamente en el Ecuador vamos construyendo nuestra democracia en la forma que el Gobierno considera más beneficiosa para el pueblo ecuatoriano. Tenemos la humildad para aceptar que podemos equivocarnos, en cuyo caso habrá que rectificar cuando los hechos, y no únicamente las opiniones de quienes nos adversan, evidencien que no se escogió el camino correcto.

Esta Ley Orgánica de Comunicación no está “grabada en piedra”. Nuestra Constitución y nuestras leyes establecen el camino para derogar cualquier ley que, en un momento considere el pueblo ecuatoriano, a través de sus representantes, que dejó de ser buena para nuestro país.

Respetamos las opiniones adversas de La Nación sobre esta ley, porque igualmente nos fortalecen las voces de aceptación, aliento y apoyo que de otros sectores y países ha recibido el Gobierno ecuatoriano. Como dijo el poeta, “se hace camino al andar”.

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