Opinión

Lecciones para Costa Rica de F. Kydland

Actualizado el 05 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Debemos inmunizarnos contra la inconsistencia en el tiempo de las políticas de gobierno

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El 19/11/2012, antecedido por una presentación magistral sobre sus contribuciones a la economía, Finn Kydland, noruego, disertó sobre la economía mundial: riesgos y oportunidades, en el contexto de una reunión de la Asociación de Supervisores de Seguros de América Latina (ASSAL) en San José.

F. Kydland compartió el Nobel con E. Prescott, por sus contribuciones a la macroeconomía dinámica: la consistencia en el tiempo de la política económica y la conducción de las fuerzas detrás de fluctuaciones cíclicas de la actividad económica.

En la reunión organizada por Sugese, Kydland inició explicando que la predictibilidad del desempeño de las economías varía considerablemente entre países o regiones del mundo, lo cual se explica por dos elementos principales:

•En primer lugar, las decisiones de promoción del crecimiento económico, tales como la formación de capital y la innovación, deben estar orientadas hacia el futuro y requieren de una visión del entorno futuro de las políticas.

•En segundo lugar, la política de gobierno óptima es inconsistente en el tiempo (un resultado de la teoría económica). Al respecto, se tiene que un país ejecuta coherentemente políticas deficientes, o implementa aparentes buenas políticas, pero existe considerable incertidumbre sobre si esta política cambiará en el futuro, con consecuencias negativas para el entorno de inversión actual y futuro. Según Kydland, comprender profundamente la interacción de esos dos elementos ayuda a la formación de expectativas sobre el futuro de las economías, dependiendo de la región o país dentro de esa región.

Es incontestable que los principales motores del crecimiento económico son la innovación y el cambio tecnológico, los cuales espolean los aumentos futuros en productividad. Sin embargo, para tomar ventaja de esos motores, son necesarios dos ingredientes: por una parte, se requiere inversión en nuevo capital físico y humano; por otra parte, las políticas de gobierno son un factor crucial, positivo o negativo.

Al respecto, por ejemplo, existe un consenso amplio de que las políticas de gobierno en Argentina tuvieron un efecto negativo sobre su crecimiento económico de largo plazo en la década de los años 1990 e inicios de la década de los años 2000. Incluso, se sospecha que Argentina padecería de la “enfermedad” de la inconsistencia temporal debido que la recurrencia de hiperinflaciones, devaluaciones, congelación de depósitos bancarios y la cesación de pago de las obligaciones del Gobierno han tenido como resultado una pérdida considerable de credibilidad entre los inversionistas, principalmente desde hace casi 30 años.

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Existe un amplio consenso de que la política fiscal es una de las políticas de gobierno para estimular la economía, la cual puede tomar la forma de rebajas temporales en la carga impositiva o aumentos en el gasto público en infraestructura, educación, salud e investigación, en la medida en que ese gasto extra aumente significativamente la productividad en el futuro tal que puede justificar la deuda adicional para financiar esas inversiones. De lo contrario, podría ser una mala idea, especialmente para un país con problemas recurrentes de presupuesto público, indica Kydland.

No obstante, dado que la política de gobierno tiende a ser inconsistente en el tiempo, se requiere implementar un mecanismo de compromiso pues de lo contrario existe una fuerte tentación a cambiar de política en el futuro.

Esa tentación, según la teoría económica, es más grande en dos casos. Primero, aumentar los impuestos al capital físico y humano. Segundo, no honrar parcialmente la deuda pública, a través, por ejemplo, de un aumento significativo e inesperado de la inflación (¡Costa Rica 1981-1982!).

Sin embargo, a pesar de que existen mecanismos de compromiso en la política monetaria, no es obvio el diseño de un mecanismo de compromiso para una buena política fiscal.

Por lo tanto, se debe avanzar en esa dirección para inmunizar a las naciones de contraer alguna versión de la “enfermedad” de inconsistencia en el tiempo de las políticas de gobierno.

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