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José María Penabad: Dos visiones para una Costa Rica

Actualizado el 06 de junio de 2015 a las 12:00 am

Las carreteras del país muestran versiones contrastantes de un mismo proyecto país

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José María Penabad: Dos visiones para una Costa Rica

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Me considero un hombre afortunado (eso sí, sin pensión de lujo). Un fin de semana, mi primer bisnieto me condujo a descansar en uno de los agradables hoteles de punta que pueblan la provincia de Guanacaste. Sebastián me trasladó, en realidad, al universo nuevo que, versión de positiva imaginación, será la superior Costa Rica de su generación.

Viaje terrestre de Cañas a Liberia. Obra hasta ahora nunca vista, con cimientos de ejemplar tarea y formidable perspectiva. Trabajan hombres y máquinas en un proceso de progreso y ritmo acorde. Desarrollo non plus ultra ; rumbo hacia allá van, dichosos, los pamperos: sí, directos a instalarse en el primer mundo.

Pampa de calor y sol a todo dar, imán que atrapa a confortadas y blancas pieles turísticas. También aire de paz que moviliza la productiva industria sin chimeneas. Los guanacastecos son, además, los más informados de la nación, como anticipa la elocuente selva de antenas parabólicas que lucen los tejados multicolores, desde la cabaña humilde hasta la mansión más ostentosa.

En los casi 40 kilómetros de distancia entre el trébol de caminos, antes de entrar a Cañas y el espacio que sobrepasa a Liberia, se construye una gran autopista de cuatro carriles; derrotadas quedan las estrechas y añejas mentes que propiciaban caminos angostos de pacientes filas largas y lento recorrido.

Gran ejemplo. Es un espectáculo que fascina. Combina diseño práctico y material de máxima calidad empleado en asentar una obra de auténtica categoría internacional, proyectada a siglos de eficiencia y seguridad transitable. Un mensaje generacional, efectivo y ejemplar. Mañana será la versión de una Costa Rica cautivadora, laboriosa y tenaz: recuerdo y agradecimiento para quienes decidieron levantar tan extraordinario paraje, rebosante de dinamismo y adosado a ideas de mejoramiento regional.

Pavimento de cemento con bases de hierro enhebrado. Anchos y reforzados puentes que rememoran la permanencia de los conductos romanos, en Europa, que pasados dos mil años aún resisten, firmes aguantan. No existen rotondas. Donde el tránsito arrecia, se elevan monumentales pasos elevados para facilitar el discurrir por lo bajo y alto de las estructuras que el acero sostiene, con garantía de solidez.

Aceras y servicios indispensables se lucen en el entorno del proyecto que está avanzado –imaginamos– en un 60%. Y, por si fuera poco, no se ha descuidado la atractiva presencia y servicio de los puentes peatonales que colaborarán en la comodidad de los desplazamientos de las personas de a pie.

Ignoramos la personería empresarial que dirige tan magnífica realidad pública. Pero lo observado invita al aplauso y a felicitar por el trabajo bien hecho. No sin reconocer igualmente voluntad y visión de los dos más recientes mandatarios costarricenses por cuyo impulso ejecutivo camina y se consolida la ambiciosa realización guanacasteca. El Partido Liberación Nacional, una vez más, aliado a la siembra de los frutos mágicos del crecimiento tico.

Contraste. Con admiración, dejamos constancia de la versión anterior que asoma como producto presumible de la Costa Rica que ansiamos: próximas generaciones en progreso. Y regresamos para enfrentar con pena a la actual, decadente, en retroceso: la otra versión de cacicazgos e intereses oscuros, con trampas y zancadillas, sin espíritu nacional.

Los ramonenses cerraron carreteras en protesta contra la empresa brasileña que se disponía a ampliar la ruta San José-San Ramón. Obligaron al Gobierno a cancelar el contrato para evitar “males mayores”. Eso sí, previa indemnización de lo fijado en contrato, cerca de $60 millones. Como siempre, paga el pueblo.

Buenos poetas, soñadores, pero no emprendedores. La ocurrencia de San Ramón y otros lugares allegados se quedó en el rosario de la aurora. Intenciones, fe, pero nada pragmático o real. Vueltas y revueltas para volver a lo mismo, es decir, la carretera seguirá igual mientras no exista una dictatorial –dictatorial, sí– determinación que imponga remedio a tanta “genialidad” de ocasión. Similar caso de la atención a los pequeños a quienes se les debe medir la dieta, para su beneficio.

Hacia el Atlántico. Y topamos con la truculenta vía a Limón. Se discute el préstamo con China y, como afirmó con propiedad la diputada Ligia Fallas, no disponen de diseños, no saben qué lado se pretende ampliar y se están camina sin tino para ver si en algún intento se acierta

Movilizados limonenses repletaron las tribunas parlamentarias exigiendo apoyo al crédito para la ruta 32. Los diputados, sin conocer a fondo el asunto, lo aprueban –milagros de la política, que tantos perjuicios arrastra–. El grueso de la protesta estaba formado por los mismos que en Limón gritaron en grupo contra la necesaria ampliación del muelle. Exigen carretera por un lado al tiempo que niegan mejoramiento portuario cuando una cosa va ligada a la otra. ¿Quién puede explicar tanta contradicción y quien será capaz de frenar el abuso cruel de la paciencia ciudadana?

El ministro de Transportes justificó sus dos viajes a China con ánimo de concretar condiciones, préstamo y mano de obra china para conciliar autopista a Limón. Y surge la confusión porque, aparte de garantizar el honor de Pekín, no existen planos, ni bocetos mínimos que faciliten la posibilidad de –¿cuándo y cómo?– llevar a cabo el proyecto.

Y en medio de la trama se hallan Recope y los $50 millones invertidos en Soresco, empresa sino-costarricense, para el estudio de una proyectada refinería.

Zapote, MOPT y demás: lejos de pensar en viajes que ilustran, claro, pero no rinden en lo práctico para el país, mejor viajen más cerca, que en casa aprenderán barato. Basta con cubrir el terrenal trayecto a Guanacaste y recrearse con el deslumbrante panorama de Cañas a Liberia, o viceversa. ¿Por qué ignorar un ejemplo de orgullo a la vista? ¿Acaso porque es una exitosa faena de distinto partido político? Costa Rica ya posee colores clásicos y soberanos. Todos navegamos en idéntica nave.

(*) El autor es escritor y periodista.

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