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Jonatán Picado León: Mucho más que aguacate

Actualizado el 23 de junio de 2015 a las 12:00 am

Costa Rica está haciendo de la inseguridad jurídica un producto de exportación

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La medida tomada por el Servicio Fitosanitario del Estado, de prohibir la importación de aguacates provenientes de México –entre otros países–, no responde a una alarma fitosanitaria tratada bajo el principio de razonabilidad y proporcionalidad, y representa una llamada de atención para el país, que va mucho más allá de la mala noticia para quienes prefieren comer el aguacate mexicano de la variedad hass .

La prohibición tiene que ver con convertir la inseguridad jurídica, que nos agobia en el país, en un producto de exportación. Costa Rica ya es un país de riesgo preocupante para los empresarios, no solo por lo que señalan los organismos internacionales respecto al manejo del déficit fiscal, sino también porque los negocios legítimos, un día sí y otro también, parecen caminar entre peligrosas arenas movedizas, por un extraño repudio de algunos empleados públicos a la inversión y el comercio internacional.

Hace más de 22 años empezó a gestarse lo que hoy es una actividad muy consolidada: la importación de aguacate de México, al amparo del tratado de libre comercio suscrito con dicho país.

Un negocio de más de 12.000 toneladas y $50 millones al año logró consolidarse en medio de la satisfacción de un consumidor nacional que incorporó dicha fruta a una buena cantidad de platillos, no solo autóctonos como el chifrijo, sino también internacionales, como el sushi.

Un ambiente de irrespeto a la normativa internacional es lo que ha prevalecido para que, sin notificación previa a México y sin acreditar documentos científicos que demuestren la existencia de un riesgo fitosanitario excepcional, se le cierren las fronteras.

Con ello nuestro país envía una pésima señal al mundo. Abandonamos la senda de un país serio, respetuoso y conocedor del comercio internacional para advertir que una malentendida soberanía alimentaria, que poco depara en el debido proceso, permite un atropello interno y externo del país. Un peligro en ciernes para un país que exporta cerca del 60% de los productos que cosecha su tierra.

Cerrar fronteras puede significar el mayor daño imaginable para la agricultura nacional, que por muchos años ha triunfado a partir de un modelo de diversificación de exportaciones.

El sistema está, entonces, amenazado hoy por funcionarios empoderados en una creencia de “cambio”, que sin duda no es el que necesitamos.

(*) El autor es abogado

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