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Jefferson: definiciones y axiomas de una sociedad libre

Actualizado el 04 de julio de 2015 a las 12:00 am

“Tolero con la máxima amplitud el derecho de otros a que sus opiniones difieran de las mías”

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Jefferson: definiciones y axiomas de una sociedad libre

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Thomas Jefferson fue a los 33 años de edad el autor principal de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, en 1776, y el tercer presidente de su país durante dos administraciones, que se extendieron de 1801 a 1809. Es considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos y el Jefferson Memorial erigido en Washington D.C. es uno de monumentos insoslayables de la capital federal.

Fue un gran defensor de la libertad, la república, la democracia, el derecho natural y la tolerancia. Fue influido por el pensamiento del inglés John Locke, el padre del liberalismo, y por el espíritu deísta de la Ilustración europea. Nació en Shadwell, Virginia, el 13 de abril de 1743.

Fundó y perteneció al partido Demócrata Republicano y su mandato puso fin a la influencia del Partido Federalista en el ámbito presidencial. Fue un gran crítico de las monarquías europeas, incluida, por supuesto, la inglesa, y también de Napoleón Bonaparte, a quien definió como el peor de todos los seres humanos y el gran opresor de los derechos y las libertades en el mundo.

También adversó las atrocidades de Robespierre, que, según sus palabras, afectarían el futuro de la causa de la libertad. Sus mayores elogios fueron para George Washington, el comandante en jefe de la Revolución americana, y para Benjamín Franklin, a quien definió como el padre de la filosofía americana.

Estudió en el William and Mary College. Antes de ingresar a la carrera política, Jefferson se desempeñó como hacendado en las propiedades de sus padres y como abogado en su bufete. Fue parlamentario en la Cámara de Burgueses (1769-1774) y allí promovió sin éxito la abolición de la esclavitud. También fue gobernador en Virginia de 1779 a 1781.

Cuando se agravó el conflicto entre Gran Bretaña y sus colonias norteamericanas, Jefferson se puso al lado de las últimas y publicó su “Breve análisis de los derechos de la América Británica”, en 1774.

Después de la independencia, fue embajador en Francia de 1785 a 1789, donde presenció la Revolución francesa. Luego fue el primer secretario de Estado en el gobierno de George Washington y vicepresidente de los Estados Unidos en el de John Adams.

Con sus ideas antielitistas se enfrentó a Alexander Hamilton, entonces secretario del Tesoro, dando inicio a una primera división entre federalistas y demócratas republicanos.

Democracia “jeffersoniana”. Tenía una visión idealizada de unos Estados Unidos virtuosos gracias a la ética y el trabajo de los pequeños agricultores: “Los agricultores son el pueblo escogido de Dios”.

La democracia “jeffersoniana” incluyó aspectos como la participación ciudadana, la división de poderes, la separación de Iglesia y Estado, las libertades individuales y el gobierno al servicio de la libertad.

Siguiendo su filosofía de un gobierno limitado, durante su primer término como presidente de los Estados Unidos redujo el gasto federal, la deuda nacional en un tercio y el presupuesto militar. También abolió varios impuestos, incluido el del whisky.

Adversó la emisión de moneda sin respaldo. Durante su gestión se consolidó un sistema que repartía las funciones entre el gobierno federal, más concentrado en la defensa, la política exterior y los estados con un nivel alto de autonomía. Promovió la educación afirmando que “solo una educación popular puede defender la democracia” y “un pueblo ignorante no puede conserva su libertad”.

Aprovechando la guerra entre Inglaterra y Francia, le compró Luisiana a Napoleón Bonaparte en 15 millones de dólares, el 4 de julio de 1803, con lo cual duplicó el territorio estadounidense. Además, promovió el avance hacia el océano Pacífico con la expedición de Lewis y Clark hacia el oeste, entre 1804 y 1806.

En 1804 derrotó en el Colegio Electoral a su rival Charles Pinckney por 162 votos a 14, y ganó un segundo mandato en la presidencia que no fue tan exitoso como el primero debido al complejo marco internacional generado por las guerras napoleónicas.

Su esposa, Martha Jefferson, falleció el 6 de setiembre de 1782 y Thomas Jefferson no volvió a casarse. De manera que durante su permanencia en la Casa Blanca no hubo primera dama. Él atendía solo los eventos oficiales o se ayudaba con su hija o con Dolley Madison, la esposa de James Madison, el secretario de Estado. Hay versiones no confirmadas de que Jefferson tuvo varios hijos con Sally Hemings, una de sus esclavas en Monticello.

Pensamiento en cartas. No escribió libros ni tratados y tampoco era un gran orador. De modo que lo mejor de su pensamiento se debe encontrar en sus 25.000 cartas.

Sobre la libertad escribió: “El Dios que nos dio vida, al mismo tiempo nos entregó libertad”, “el hombre nace libre” y “la libertad y la felicidad del hombre (...) son los únicos objetivos de un gobierno legítimo”.

Sobre los derechos naturales del ser humano sentenció: “Existen derechos que no se entregan al gobierno (...) el derecho a pensar y actuar libremente. Estos son los derechos al pensamiento y la publicación de nuestros pensamientos en forma escrita o hablada; el derecho al comercio libre; el derecho a la libertad personal”.

Son célebres sus conceptos sobre la libertad de prensa: “Estoy a favor de la libertad de prensa y contra toda violación de la Constitución para silenciar mediante la fuerza y no la razón, las quejas o críticas, justas o injustas, de nuestros ciudadanos contra la conducta de sus gobernantes” y “prefiero una prensa sin gobierno que un gobierno sin prensa”.

Sobre la tolerancia escribió: “Tolero con la máxima amplitud el derecho de otros a que sus opiniones difieran de las mías” y “jamás me inclinaré a través de las palabras o las acciones, ante el templo de la intolerancia, ni admitiré el derecho a inmiscuirme en las opiniones religiosas de los demás”.

División de poderes. Promovió un gobierno constitucional, federal, republicano y democrático con las siguientes palabras: “Sigamos entonces con coraje y confianza, nuestros propios principios federales y republicanos” y “la república es el paraíso en comparación con la monarquía” y “nosotros los de los Estados Unidos, usted sabe, somos constitucionalmente y conscientemente demócratas”.

Según Jefferson, dicho gobierno debía basarse en la división de poderes: “El primer principio de un buen gobierno es, ciertamente, una distribución de poderes en ejecutivo, judicial y legislativo, y una subdivisión de este último en dos o tres ramas”, y agregaba: “No luchamos por un despotismo electivo, sino por un tipo de gobierno que pueda estar cimentado sobre los principios de libertad, en el que los poderes del gobierno se dividan y equilibren (...) de tal manera que ninguno pudiera trascender sus límites legales sin que fuera efectivamente controlado y refrenado por los otros poderes”.

También promovió un balance entre los derechos del gobierno federal y los derechos de los estados, y afirmó que estos últimos son barreras a favor de la libertad. Asimismo se pronunció y favoreció como presidente “un gobierno correctamente frugal y sencillo, aplicando todos los posibles ahorros de la renta pública a la descarga de la deuda nacional”.

“No soy partidario de multiplicar empleados ni salarios solo para ganar partidarios y aumentar con cada artificio la deuda pública”, afirmó, y también: “La mayor seguridad contra la introducción de prácticas y de ideas corruptas dentro de nuestro gobierno, es hacer que se logre reducir los gastos públicos hasta el mínimo”.

Libertad empresarial. Sobre economía política dijo: “El monopolio de un banco único es ciertamente un mal”. Y aseguró: “La agricultura, la manufactura, el comercio y la navegación, los cuatro pilares de nuestra prosperidad, son más prósperos cuando se deja más libertad a la empresa privada” y “nos consideramos desautorizados para gravar a la posteridad con nuestras propias deudas”.

Sobre asuntos exteriores sentenció: “La paz y la amistad con toda la humanidad es nuestra más sabia política” y “paz, comercio y amistad honesta con todas las naciones”.

En el año en que fue elegido presidente, escribió a un amigo su más famosa sentencia: “He jurado ante el altar de Dios una eterna hostilidad hacia cualquier clase de tiranía sobre la mente del hombre”.

Como resumiera Abraham Lincoln en 1859, “los principios de Jefferson son las definiciones y los axiomas de una sociedad libre”.

Repitiendo el ejemplo de George Washington y para evitar el despotismo y la reelección perpetua del presidente, Jefferson decidió retirarse al final de su segundo período presidencial.

El autor es politólogo.

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