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Jaime Robleto: La sombra del nazismo

Actualizado el 01 de junio de 2015 a las 12:00 am

Dieciséis estados federales alemanes piden que el NPD sea declarado inconstitucional

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La memoria histórica es importante, pero frágil, por eso conviene resguardarla con sumo cuidado. En un mundo plagado de avalanchas de información constante, cada vez es más difícil retener la capacidad de asombro, máxime que existen mecanismos de evasión personalizados para procurar que las personas seamos consumidores con poca criticidad y enorme capacidad de desecho.

Es casi unánime la condena contra las atrocidades perpetradas por la barbarie nazi del siglo XX y sus repercusiones mundiales, digo casi, porque aunque parezca imposible perviven algunos pocos apologetas de sus acciones, incluso hay quienes se han atrevido a negar la existencia del Holocausto.

En 1964 se fundó en Alemania el Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD por sus siglas en alemán), la más poderosa formación organizada entre las que son sospechosamente afines al ideario nazi.

Cuenta con entre 5.000 y 6.000 afiliados conocidos y se les ha relacionado frecuentemente con agresiones xenófobas a desdichados emigrantes. Su lema es “Trabajo, familia, patria”, y su ideario tiene un hedor nacionalsocialista apenas maquillado para un fingimiento cuasi democrático.

Pese a su pequeño tamaño proporcional, y a que el partido no obtuvo nunca escaños en el Parlamento nacional alemán, tiene 330 concejales en ayuntamientos y cinco diputados en los Parlamentos regionales de Sajonia y Mecklemburgo-Antepomerania, y en el 2014 logró un eurodiputado. Lo que sugiere que quizás existe un mayor apoyo al movimiento del que se puede colegir del número de sus miembros visibles.

Precisamente, el eurodiputado de este partido, Udo Voight, de 63 años, declaró en el 2004 que: “Adolf Hitler fue, sin lugar a dudas, un gran estadista alemán”.

Este polémico dirigente triplicó la militancia de la organización cuando la presidió entre los años 1996 y 2011 y “pulió” la imagen de los cabezas rapadas ( skin heads ) exigiendo de ellos un mejor comportamiento.

Pese a lo anterior, el propio Voight apareció en un cartel electoral con el lema “Gas geben”, es decir, acelerar, pero a la vez es una frase de doble sentido porque significa también “dar gas”, lo que constituye una burla encubierta a los judíos exterminados en las cámaras de gas.

Solicitud de inconstitucionalidad. En el año 2003, fracasó una iniciativa para declarar la inconstitucionalidad de este partido político, por la sospecha de que la gran cantidad de infiltrados de los servicios secretos entre los cargos directivos del NPD habían alterado pruebas en su contra y por lo tanto estas carecían de valor, además de que se dio la paradoja de que algunos de los mismos agentes habían instigado actos de suma violencia racista.

El miércoles 13 de mayo del 2015, los 16 estados federales alemanes presentaron ante el Tribunal Constitucional Federal, con sede en Karlsruhe, en el land occidental de Baden Württemberger, cientos de prueba para apoyar su petición de que el NPD sea declarado inconstitucional.

La Corte pidió pruebas del comportamiento agresivo y antidemocrático del partido y exigió demostrar que las fuerzas de seguridad retiraron todos los infiltrados e informantes que tenían en la cúpula del NPD, algo que los estados federados confían en poder probar.

A fines del 2013, los länder alemanes presentaron la nueva solicitud para ilegalizar el partido alegando que el programa político y la visión del NPD “son en parte iguales a las doctrinas del nacionalsocialismo alemán histórico” liderado por Adolf Hitler.

Dos posiciones. Aunque la clase política alemana condena de forma unánime al partido, muchos se oponen a su ilegalización porque creen que lo radicalizaría y que dificultaría seguir sus actividades. Quienes apoyan la ilegalización, por el contrario, destacan que permitiría frenar su financiación con dinero de los contribuyentes. El NPD recibe al menos un millón de euros de los contribuyentes cada año.

Pero en Alemania es difícil proscribir un partido político, pues son considerados expresión de la vida democrática. Por ello, los fundadores de la República Federal de Alemania otorgaron protección por igual a todos los partidos políticos –tanto a los nuevos como a los que fueron refundados luego de la Segunda Guerra Mundial– sin importar su orientación política.

La existencia y variedad de los partidos debe reflejar la voluntad de los ciudadanos. Por esto, la Ley Fundamental protege a cada uno de ellos, mientras respeten las libertades democráticas, la Constitución, la resolución pacífica de conflictos y los derechos humanos.

Todo esto explica por qué el Gobierno federal alemán no puede prohibir tan fácilmente una agrupación. El proceso contemplado para esos casos implica acudir ante la máxima corte alemana: el Tribunal Constitucional, y puede ser promovido por el Gobierno federal, por una mayoría del Parlamento, o por el Bundesrat como representación de los estados federados.

Solo en dos ocasiones se ha decretado la prohibición de partidos políticos en Alemania: en 1951 y 1956. En el primer caso, fue proscrito el llamado Partido socialista del Reich (SRP), que se atenía a la tradición del partido nazi NSDAP.

En 1956 siguió la prohibición del Partido Comunista de Alemania (KPD), al cual se le atribuía estrecho contacto con las capitales de la Unión Soviética y de la desaparecida República Democrática Alemana. En plena Guerra Fría, el KPD era considerado una amenaza para la democracia y para el Gobierno del entonces canciller Konrad Adenauer.

¿Qué sucederá ahora con la decisión del Tribunal Constitucional Alemán? Evidentemente, las resoluciones judiciales no son mágicas, ni tienen la virtud de eliminar de raíz el mal que subyace en los conflictos que dirimen, pero al menos es una señal de salud democrática hacer notar que lo sucedido no puede volver a repetirse y que no hemos olvidado.

Jaime Robleto es abogado.

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