Opinión

Jacques Sagot: El universal ‘derecho’ al dolor

Actualizado el 11 de mayo de 2015 a las 12:00 am

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Jacques Sagot: El universal ‘derecho’ al dolor

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El Dr. Ezzedine Abu al-Aish, militante palestino pacifista, estaba siendo entrevistado en directo desde Gaza, el 17 de enero del 2009, por la televisión israelí, cuando un obús mató, ante sus ojos, a sus tres hijos y a una sobrina. Pocas horas más tarde, desde el hospital, dijo, con los ojos cuajados de lágrimas, para la misma cadena televisiva: “Israelíes y palestinos podemos vivir juntos y en paz”.

A eso se redujo su declaración. Venía de perder a su familia. Hubiera podido hablar desde el odio visceral, la execración, el epicentro mismo de la ira, y arengar a su pueblo a la venganza. La vasta mayoría de los seres humanos lo hubiese hecho. Pero él no. Pese a llevar sobre sus espaldas la mezquita de Córdoba del dolor, encontró en su interior la voz, esa que solo se manifiesta tras la última gradiente del pesar, y refrendó su fe en la convivencia pacífica. Ezzeddine no era más que un médico: su “agenda política” se limitaba a salvar vidas.

¿Sobrehumano? ¡No: eminentemente humano! Sucede, tan solo, que no hemos ejercitado lo suficiente la capacidad para trascender nuestro calvario personal, pensar en la construcción colectiva del futuro, y tonificar el músculo espiritual del perdón.

Ningún pueblo tiene el derecho de arrogarse el monopolio universal del dolor. Si la historia fuese concebida como una “olimpiada del dolor”, habría que concederle medalla de oro a la totalidad de la especie humana.

El autor es escritor y pianista

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