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Irán baja el perfil

Actualizado el 15 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Los analistas del tráfico aéreo señalan un declinante flujo de pasajeros en los vuelos de la empresa venezolana Conviasa a Teherán y Damasco, así como en su retorno a Maiquetía. En el atiborrado aeropuerto caraqueño, los viajeros de Conviasa procedentes de Irán y Siria están exentos de los trámites migratorios y de aduanas. A bordo de un discreto transporte, directamente se dirigen a sus destinos en la capital.

Propósitos políticos. Hay, sin embargo, otros síntomas que quizás puedan arrojar más luz en este complicado tablero. A principios de abril, la Compañía Nacional de Petróleo de Irán (CNP) cerró sus oficinas en Bolivia. Un mes después, el 8 de mayo último, la también iraní Petropars canceló un acuerdo de operaciones que tenía con Petróleos de Venezuela (Pdvesa). Los expertos aducen que pasos similares seguirán en Ecuador, Cuba y Nicaragua. El gerente de la CNP, interpelado al respecto, manifestó que “las oficinas en Latinoamérica no se justifican económicamente y solo sirven para propósitos políticos”.

La citada dimensión política se refiere a la iniciativa de Ahmadinejad, el presidente iraní anterior, para manifestar beligerancia antiimperialista frente a Estados Unidos, del brazo del venezolano Hugo Chávez, su “hermano del alma”. De camino, la Guardia Revolucionaria Islámica, órgano militar y político de la teocracia, se ha involucrado para reforzar los vínculos latinoamericanos.

En este capítulo, Irán estableció una serie de compañías fantasmas a través de la región, cuyo propósito ha sido el lavado de fondos para burlar las disposiciones del bloqueo de capitales promulgado por Estados Unidos. Asimismo, dicha red de sociedades posibilita la adquisición de alta tecnología, vedada por las sanciones internacionales. Así se estableció el Fondo Binacional Venezuela-Irán, que opera como agente del Banco para el Desarrollo de Exportaciones de Irán, cuyas operaciones bursátiles y comerciales involucran a países del Alba, especialmente Ecuador.

Geopolítica diferente. Sin embargo, el entorno ha cambiado en los últimos años. El actual presidente de Irán, Hassan Rouhani, ha debido enfrentar el caos hacendario heredado de su predecesor. Pero, sobre todo, Rouhani opera actualmente en una dimensión geopolítica muy diferente. Entre otros cometidos, Irán procura hoy incorporarse al ámbito internacional con un rostro limpio, visible en las negociaciones sobre capacidad nuclear con el Oeste.

Entre otras metas vitales, el desarrollo nuclear de Teherán requiere ser reorientado a fines civiles y no al armamento que se sospecha haber desarrollado a contrapelo de las normas vigentes. En los últimos días, inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica completaron una revisión de los sitios bajo la lupa. Además, hay negociaciones para asegurar la transformación del potencial técnico a fines no militares. Todo esto se orienta a lograr una reconciliación con Estados Unidos y las potencias europeas.

En el flanco latinoamericano, el cierre de oficinas y operaciones ilegales ha sido recibido favorablemente por el Tesoro en Washington, enfrascado en limitar y, ojalá, erradicar las operaciones de blanqueo de capitales. Este ha sido un ángulo positivo en tanto se plasme realmente. Por ahora, ha ganado puntos en el Oeste. Asimismo, le ha servido a Rouhani para limitar a la Guardia Revolucionaria en sus intentos de revivir su influencia en Latinoamérica.

No obstante, aceptar de buenas a primeras los votos de castidad de los ayatolás todavía se ve prematuro. Las declaraciones del líder supremo, el ayatolá Jamenei, tildando de “estúpidas” las demandas occidentales para que Irán cese la producción de cohetes, no dejan de enfriar las esperanzas occidentales de un diálogo más realista con Teherán. De igual manera, las bravuconadas de los rectores militares de la teocracia no cesan de irritar a los líderes occidentales, amén de que socavan los avances en las negociaciones nucleares. Y las sospechas sobre las verdaderas intenciones de Irán en todo este escenario que, al fin de cuentas, versa sobre la supervivencia de las democracias, difícilmente se esfumarán.

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