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Intolerancias absurdas

Actualizado el 02 de junio de 2013 a las 12:00 am

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Intolerancias absurdas

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Veo con preocupación una serie de comportamientos que, por acción u omisión, atentan contra los más sagrados principios de tolerancia, vocación de diálogo y de respeto, que deben ser propios de la identidad del ser humano y que incluimos como valores del ser costarricense y de una democracia centenaria.

Si bien la concesión a San Ramón, al igual que a muchos costarricenses me despertó dudas, lo cierto es que igualmente me preocuparon algunas manifestaciones de un pequeño grupo extremista que férreamente manifestó no tener nada que hablar ni negociar y a priori decir “no hay negociación, no hay concesión.” Así no es posible llegar a acuerdos en beneficio de la colectividad.

Fue preocupante también ver cómo un grupo de jóvenes cerró filas el primero de mayo pasado violentando los derechos de libre tránsito y el más elemental respeto a la propiedad privada. Como demócrata, defiendo la libertad de cada quien de poder expresar su punto de vista, pero no a costa de amedrentar o violentar los derechos individuales de otros. Con sus acciones generaron reacciones contrarias a sus reclamos.

Pero el campeonato de los absurdos intolerantes lo gana un diputado. Una vez más Justo Orozco nos ilumina con sus ocurrencias a ultranza, al solicitar la exclusión de la Comisión de Asuntos Jurídicos de una legisladora del Partido Acción Ciudadana por su declarada preferencia sexual.

Según su parecer, esto no sólo la inhabilita para ser parte de la comisión que conocerá del proyecto para regular las uniones entre personas del mismo sexo, mejor conocido como sociedades de convivencia, sino que la “expone” a las responsabilidades establecidas en la Ley contra la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito por “tener un interés personalísimo en el citado proyecto”, apreciados lectores la cita es textual.

Absurdo de absurdos. En su pírrica visión una mujer, un(a) indígena o persona con capacidades especiales no podría participar en la promoción de legislación de avanzada en favor de la eliminación de discriminaciones que aún persisten en nuestro medio.

Por cierto don Justo si validáramos su limitada línea de interpretación, usted no podría participar en discusiones que promuevan un Estado laico y no hubiese podido integrar y mucho menos presidir la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, página por cierto de ingrata memoria.

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El tema de la intolerancia va mucho más allá de la intolerancia por sí misma, es que sin duda es la entrada a estados mayores y mucho más peligrosos como la xenofobia, el racismo o bien justificar acciones violentas y represivas.

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