Opinión

Inolvidable visita de un santo

Actualizado el 26 de mayo de 2014 a las 12:00 am

Opinión

Inolvidable visita de un santo

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

En mi memoria tengo aún viva la emoción de la visita que nos hiciera San Juan Pablo II, en marzo de1983. Estos cuatro días fueron inolvidables y acrecentaron tanto la fe de los católicos como la de los seguidores de otras religiones.

Tenemos una casa, a un costado de la Nunciatura Apostólica, que fue su sede en Costa Rica. Desde ahí, lo pudimos ver cuando pasaba en su carro a escasos treinta metros del balcón. Hoy somos felices de que un verdadero santo hubiera estado tan cerca de nosotros, pero más de saber que Juan Pablo II es un hoy santo.

Por todo, recordar esos momentos emociona. Sin la menor duda, Juan XXIII y Juan Pablo II son dos personajes gigantescos del catolicismo y de la historia del mundo. Con la canonización de ambos, se ha hecho justicia. Con los años, por diferentes motivos he visitado esa casa, en Rohrmoser, donde el santo pasó días de oración y trabajo mientras preparaba la visita su visita al resto de los países centroamericanos. En la Nunciatura Apostólica, en una de sus hermosas salas, se encuentra una fotografía del santo, que maravilla a todos los que llegan a verla.

Obra. El santo Juan Pablo II fue víctima del terrorismo antes de emprender una tarea titánica que probablemente nunca esperó: su papel increíble en la lucha contra el socialismo comunista en los años ochentas, donde entregó todo su esfuerzo, para que hoy podamos ver esa época solo como una horrible pesadilla del pasado.

Juan Pablo nació católico, en Polonia, uno de los países más castigados por el régimen de Carlos Marx. Gracias a su esfuerzo y autoridad moral, en 1989 vio caer el muro del pavor. Después de eso, felizmente, nada volvió a ser igual. Hizo que los pueblos se unieran nuevamente y, paradójicamente, por ese mismo motivo muchos lo odiaron, especialmente quienes solo creen en los puños apretados por la rabia.

Hoy hay quienes solo quieren ensuciar su figura y su legado con temas como las denuncias de sacerdotes católicos. La pedofilia no es un delito exclusivo de los religiosos, está en todos los círculos profesionales, familiares y académicos. Quienes le venden al mundo esta idea, son quienes probablemente han cuestionado las canonizaciones de Juan XXIII y Juan Pablo II, a pesar de su gran obra para la humanidad.

Desde ahora le pido al papa Francisco que visite nuestro país, como lo hizo Juan Pablo II, para volver a vivir esa emoción en el Estadio Nacional, junto a miles y miles de creyentes.

  • Comparta este artículo
Opinión

Inolvidable visita de un santo

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota