Opinión

Innovación en el sector eléctrico

Actualizado el 26 de abril de 2016 a las 12:00 am

Estamos en una encrucijada para escoger entre el camino duro o el suave

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Amory Lovins publicó en 1976 su seminal artículo Energy Strategy: The Road Not Taken? (Estrategia energética: el camino no tomado) que aún hoy se discute en las clases de política energética alrededor del mundo.

En su artículo, Lovins propone dos caminos para el desarrollo del sector de energía eléctrica en Estados Unidos: el camino duro, dominado por plantas de generación centralizadas, consumo creciente e insostenible y, sobre todo, un alto riesgo; y el camino suave, caracterizado por hacer énfasis en la eficiencia, en las fuentes de energía descentralizadas y en una reducción sustancial en los riesgos asociados al suministros de electricidad.

Las características de ambos caminos son sustancialmente diferentes y mutuamente excluyentes.

Por nuestra parte, en Costa Rica, el debate sobre el futuro del suministro de electricidad no está muy lejos de lo que planteaba Lovins hace 40 años. Somos un país pequeño con recursos naturales limitados, enfrentado a perseguir un camino difícil y uno más fácil.

Asimismo, en los últimos 20 años, hemos vivido las complicaciones asociadas al camino difícil: obras de infraestructura de gran envergadura con sobrecostos desproporcionados, volatilidad de precios y amenazas de racionamientos producto de las épocas secas.

La respuesta de la clase política ha sido deficiente y se ha limitado a una discusión ideológica acerca de la apertura de mercados, la privatización, los topes de generación y otros asuntos; dejando de lado por completo la raíz del problema.

Sin embargo, el debate público debería enfocarse en la forma como producimos y consumimos energía, no en las diferencias ideológicas.

Innovación. Los retos del sector electricidad se resuelven únicamente innovando, buscando soluciones tecnológicas a las dificultades técnicas que implica integrar más fuentes de energía no convencionales al sistema.

El ansiado desarrollo tecnológico no es exclusivo de grandes potencias económicas. Un país como Lituania, reconocido por generar un milagro energético en Europa, ha realizado grandes inversiones en investigación y desarrollo de tecnología para integrar fuentes de energía limpia como alternativa a la generación de combustibles.

Avances tecnológicos de suministro distribuido y red eléctrica inteligente ( smart grid ) ya son parte de los planes energéticos de Chile, y en Nicaragua el proyecto Cool Joule, patrocinado por el BID, está explorando el uso de refrigeradoras de hogares en zonas económicamente vulnerables para integrar energía eólica. Estos son algunos ejemplos de liderazgo en energía renovable que deberíamos usar como modelo.

Para movernos en esa dirección, necesitamos crear, en primera instancia, un ecosistema para el emprendimiento energético que les permita a emprendedores acceso a la red para probar su tecnología y un mercado que lo adopte de primero.

Los desarrollos necesarios no pueden surgir en un ambiente económico y regulatorio tan restrictivo y limitado como el actual. Para ello, se pueden lograr avances importantes con algunas acciones concretas, por ejemplo, la creación de áreas de prueba.

Esta es una estrategia ampliamente utilizada en Bélgica con el proyecto Energyville o en el pueblo de Wildpoldsried, en Alemania, donde algunos abonados son sujetos de prueba para tecnología a cambio de la reducción en sus tarifas.

Estas pruebas se coordinan con los operadores de la red para obtener datos y resultados. De esta forma, se suscita el desarrollo de soluciones a los retos de integración de energía intermitente; por ejemplo, el uso de las cargas industriales para aportar reservas al sistema, y mayor integración de energía solar distribuida, entre otras.

Explotar oportunidades. Las oportunidades de emprender un futuro energético basado en innovación son enormes, puesto que los desarrollos tecnológicos obtenidos se convierten en productos de exportación. Además de resolver retos locales, emprendedores y desarrolladores pueden insertarse en el mercado de tecnologías smart grid cuyo tamaño en el 2014 fue de $30.000 millones y se espera que alcance los $180.000 millones para el 2020, de acuerdo con departamento de comercio de Estados Unidos.

Está claro que el resultado de una estrategia conjunta puede darnos como resultado un sistema energético moderno y un nuevo sector de exportación tecnológica.

Finalmente, es imperativo aprovechar que el fantasma del racionamiento ha desaparecido para plantearnos un debate que genere las reformas que necesitamos, y no las discusiones inertes que hasta ahora abundan.

En Costa Rica, tenemos todos los recursos y el potencial para innovar en el sector electricidad, por lo que no hay una justificación real para los obstáculos existentes.

Estamos en una encrucijada para escoger entre el camino duro o el suave de que habla Lovins; a pesar de la importancia de obras como el proyecto Reventazón o la exploración de nuevas fuentes de energía geotérmica, es hora de empezar a plantearnos una estrategia nacional con miras al futuro.

El autor es ingeniero.

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