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¿Ingobernabilidad, o incapacidad para gobernar?

Actualizado el 07 de junio de 2015 a las 12:00 am

La oposición a proyectos de ley es natural efecto de una democracia presidencialista

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De forma reiterada, algunos políticos y formadores de opinión han señalado que Costa Rica es ingobernable. Ellos dan por cierto que los lectores entienden qué es la ingobernabilidad y, peor aún, parecen creer que hay consenso en el significado del término.

Ante los reiterados comentarios, algunos ciudadanos se han sumado a la tesis de que Costa Rica es ingobernable, pero, ¿tienen clara la materia de la que se está hablando?

Un asunto tan trascendente para el país, la ingobernabilidad, no debe dejarse a la libre interpretación de cada quien. Esto lo único que genera son estériles discusiones entre los que se agrupan en bandos contrarios, lo que resta tiempo y energía a la búsqueda de las soluciones que necesita el país.

La gobernabilidad se puede definir como el arte o manera de gobernar. Implica dirigir a un país rigiéndose por el pacto social que los constituyentes y el poder derivado han establecido en nuestra Carta Magna y en las distintas normas nacionales e internacionales que integran el ordenamiento jurídico costarricense.

Entonces, hablar de ingobernabilidad tendría sentido solo en aquellos casos en que surgiera un obstáculo real que impida al gobernante ejercer de pleno derecho sus competencias.

La ingobernabilidad no surge por el hecho de que la oposición no esté de acuerdo con aprobar los proyectos de ley que el Poder Ejecutivo considere necesarios. ¡Claro que no! Ese es tan solo un problema típico de gobernar en un régimen presidencialista.

Arte de gobernar. Cuando un candidato somete su nombre al pueblo para ser presidente, debe saber cómo va a darle solución a los problemas más apremiantes de nuestra sociedad: salud, seguridad, finanzas públicas, desempleo, educación, infraestructura, entre otros, pero con base en las leyes vigentes.

Pensar que va a tener mayoría en la Asamblea Legislativa para crear las leyes que le permitan cumplir su plan de gobierno carece de cordura.

No. Tal cosa no podría ser, no habría nada más ingenuo que pensar de esa manera.

Lo sensato en el arte de gobernar es poseer un profundo conocimiento de la realidad nacional; es estudiar los problemas de Costa Rica y planificar la forma de solucionarlos, pero, partiendo del ordenamiento jurídico vigente.

Pensar de otra manera es jugar a gobernar y confiar en el azar; es como hacer castillos en el aire, que no son reales y no se sostienen.

El que no sabe para dónde va, ya llegó, o le da lo mismo cualquier camino que tome; sin capacidad gerencial, sin un conocimiento profundo de la realidad nacional, sin un buen equipo de trabajo y sin capacidad negociadora no se hará un buen gobierno y se administrará por ocurrencias.

Esto no es ingobernabilidad; es incapacidad para gobernar.

La ingobernabilidad se da solo por aquella acción que limita el ejercicio del poder, y en Costa Rica no existe tal cosa. ¡No tenemos un país ingobernable! Lo que tenemos es un país fragmentado en un pluripartidismo con intereses particulares, tenemos una sociedad que depositó su esperanza en un gobierno del cambio.

Lo que necesitamos es que se eleve a la máxima expresión el arte de gobernar, la sensatez, el diálogo sincero, la capacidad negociadora y el trabajo honesto. Que se anteponga el bien común a los mezquinos intereses particulares.

El autor es abogado.

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