Opinión

Infraestructura que no se ve

Actualizado el 09 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Infraestructura que no se ve

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El Informe de Competitividad Global del Foro Económico Mundial 2013-2014 coloca a Costa Rica en la posición 54 de 148. Sin embargo, en calidad de calles y carreteras aparecemos en la posición 125 y, en calidad de nuestra infraestructura portuaria, en el puesto 128. La infraestructura digital no la mide y, en su lugar, calcula el número de teléfonos móviles y fijos por cada 100 habitantes. Ahí ocupamos las casillas 42 y 55, respectivamente.

La infraestructura digital son las redes físicas por las que transita toda la información, y es mucho menos onerosa, y más fácil de construir, que la llamada “infraestructura real” (vial y portuaria), pero no menos importante para el desarrollo. La infraestructura digital tiene una parte pasiva y una parte activa. La parte pasiva son cables inertes, la parte activa son computadoras especializadas que se colocan a ambos extremos de los cables para empujar y recibir impulsos de electricidad, luz y radio. Los cables pueden ser de cobre, fibra óptica y de coaxial. Las computadoras son cosas como switches , routers , multiplexadores, equipos de ancho de onda de luz y, en general, computadoras con poco software que manejan entradas y salidas muy rápido. Además, todavía quedan, centrales telefónicas que se resisten a morir (a pesar de ser obsoletas, caras y lentas). La infraestructura digital es muy real, no tiene nada de virtual, y la necesitamos para poder participar del mundo virtual, que nos trae eficiencia, transparencia y productividad, necesarias para el desarrollo económico.

Una parte de la infraestructura digital está en manos de empresas privadas, la otra (probablemente, la mayor parte) está en manos de empresas estatales. Nadie parece saber cuánta tenemos, dónde está o en qué grado de obsolescencia se encuentra. Es imposible, por lo menos para un ciudadano común y corriente, conseguir un mapa en que se indiquen la parte pasiva y la parte activa de las redes. Ni siquiera se puede conseguir un mapa parcial. Todo es secreto.

Es razonable querer saber dónde está, y en qué estado se encuentra, la infraestructura digital para tomar decisiones geográficas, tanto domésticas como empresariales. ¿Quién va a querer establecer un empresa, o un hogar, en una zona donde va a ser casi imposible conseguir buena conectividad?.

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Buena conectividad, hoy en día, es conectividad de alta velocidad en ambas direcciones (de subida y de bajada), y la tecnología actual sugiere que esto solo se logra con fibra óptica. La simetría de las conexiones (misma velocidad en ambas direcciones) es, obviamente, necesaria, pues ya pasaron los días en que unos pocos producían información para muchos consumidores. El ejemplo más sencillo es la videoconferencia de alta definición, tan necesaria para poder combatir el caos vial. Sin conexiones simétricas, la calidad de la comunicación se reduce a la velocidad de subida que tengan las partes (la cual suele ser de 2 a 10 veces menor que la velocidad de bajada). Obviamente, la definición de “alta velocidad” cambia todos los años. Hace unos años, 1 Mbps (megabit por segundo) era considerado alta velocidad, pero hoy necesitamos más de 10 Mbps para empezar a hablar de alta velocidad aceptable.

El alto costo de la fibra es un mito. Pero todo es secreto. Según algunas informaciones (¿batazos educados?), en el país hay desde 2.000 hasta 20.000 kilómetros de fibra óptica. Importa menos la cantidad exacta que el secretismo que la rodea. Lo cierto es que hay mucha fibra en Costa Rica, y muchísima en el Valle Central. Si el metro de fibra instalado en postes cuesta alrededor de $6, es probable que pudiéramos ser el país mejor conectado del mundo con una inversión muy modesta. Por lo menos, deberíamos saber cuánto nos costarían 500.000 conexiones de fibra óptica para, por ejemplo, todos los centros educativos y de salud, todas instituciones públicas, todas las empresas pequeñas y medianas, y un gran número de hogares de diferentes estratos y en diferentes partes de nuestra geografía. Decir que es muy caro sin hacer el ejercicio es poco serio.

La infraestructura es para el beneficio de todos. Eso no quiere decir que deba ser gratis o subsidiada. Esa es otra conversación. Pero dónde está, y en qué estado se encuentra, no debería ser un secreto. Es como tener carreteras o aeropuertos cuya localización sea secreta: podemos utilizarlos, tienen un costo, pero no podemos saber dónde están ni en qué estado se encuentran. Perfectamente posible aquí y en Macondo.

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