Opinión

 Ineptitud energética

Actualizado el 21 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

Una serie de fallidas inversiones de la CNFL produjeron pérdidas millonarias

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A finales del 2015, logramos producir el 99% de la electricidad con energías renovables, lo cual nos posicionó como ejemplo mundial de desarrollo sostenible. Fue un logro aplaudido y reconocido por la comunidad internacional y del cual los costarricenses nos enorgullecemos.

Pero ¿estamos realmente aprovechando nuestra ventaja comparativa en materia energética? Desgraciadamente no. Gracias a los avances tecnológicos, nos resulta cada vez más barato producir un megavatio por hora de renovables, que producir un megavatio por hora de hidrocarburos, pero por culpa de errores administrativos ocurre lo contrario.

¿Por qué no estamos aprovechando nuestra ventaja comparativa? Concretamente por un mal manejo administrativo de los negocios de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) en conjunto con el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), la falta de coordinación a alto nivel estratégico y una pésima planificación en la ejecución de nuevos proyectos energéticos. Esto sin contar los injustos privilegios sindicales que brotan de todo mercado que carece de competencia.

Pérdidas. Una serie de fallidas inversiones de la CNFL produjeron pérdidas millonarias y han puesto a la institución en una seria situación financiera con pérdidas hasta por ¢7.000 millones.

Las pérdidas económicas producto de la mala planificación de varios proyectos energéticos ha generado un aumento de los costos de producción energética. Las tarifas suben y los consumidores nos vemos obligados a asumir dichas pérdidas en cada recibo de la luz.

A pesar de que contamos con un suministro de energía que comparativamente debería ser más barato que en los demás países centroamericanos que dependen más de los hidrocarburos, no tenemos las tarifas más baratas de la región.

El proyecto hidroeléctrico Balsa Inferior es un buen ejemplo. Tenía un costo previsto de $94 millones y terminó costándole al Estado $361 millones debido a una deficiente supervisión y fiscalización de la obra, según indicó un informe público elaborado por la misma CNFL.

Otros casos son la planta hidroeléctrica Toro III, en Venecia de San Carlos, que le costó al país $78 millones más de lo previsto, o el fallido Parque Eólico San Buenaventura, el cual, por falta de rentabilidad, se declaró desierta la licitación para su construcción y, aun así, dejó pérdidas a la CNFL por $1,6 millones.

Otros caso alarmante es el del Parque Valle Central en Santa Ana, el cual la Contraloría General de la República estimó que produce la electricidad eólica más cara del país, por la mala inversión realizada.

La omisión de estudios básicos y esenciales, hizo que la CNFL vendiera la energía generada en su parque a un costo inferior al que la produjo. El proyecto deja pérdidas por $2,2 millones y a esto se suma una menor generación a la expectativa inicial y costos mayores a los previstos al crecer la inversión de $21 millones a casi $54 millones.

Apertura. La energía renovable en un futuro no muy lejano será algo así como el petróleo, y Costa Rica cuenta con todos los recursos naturales para crear una fuente de riqueza económica inimaginable a través de la comercialización y el aprovechamiento de toda esta energía.

Lo que hace falta es desligar la política energética de ideologías proteccionistas retrógradas y del clientelismo político que reina en la CNFL y el ICE. Sí queremos ser congruentes y deseamos explotar nuestra ventaja en materia energética, es necesaria la apertura del monopolio.

Un país como Dinamarca maximizó su ventaja en materia energética y gracias a ello electrificó su transporte público, produce energía rentable, contamina menos, ofrece capital semilla para las fases iniciales de proyectos de energía sostenible con socios locales e internacionales y el excedente energético se lo vende a sus países vecinos. ¿Cómo no seguir el ejemplo?

El autor es estudiante de relaciones internacionales.

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