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La India y su sueño del este asiático

Actualizado el 28 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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SINGAPUR – El 15 de agosto, Narendra Modi ofreció su primer discurso por el Día de la Independencia como primer ministro. Si bien siguió la tradición de dirigirse al país desde las murallas del histórico Fuerte Rojo de Nueva Delhi, el discurso rompió con la convención. Modi evitó un texto escrito y, en cambio, improvisó durante una hora, en la que trazó una visión explícita para la India, incluido un modelo económico que constituye un claro quiebre con el pasado del país.

Desde 1991, la India ha venido cambiando lentamente su estrategia política, alejándose de la visión socialista de su primer premier, Jawaharlal Nehru. Sin embargo, por razones políticas, los cambios siempre se justificaron de una manera casi pesarosa. De hecho, muchas instituciones de la era de Nehru siguen existiendo, y hasta prosperan.

De un plumazo, Modi anunció la abolición de una de las más importantes de estas instituciones: la poderosa Comisión de Planificación, que había seguido produciendo planes quinquenales, al estilo soviético, y había conservado su lugar en el corazón de un proceso centralizado de asignación de recursos. El organismo que la sucederá, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, probablemente funcione más como un grupo de expertos que ofrezca ideas y asegure una coherencia en materia de políticas, pero sin ningún poder de asignación de recursos.

Modi también defendió un nuevo modelo de crecimiento económico basado en la fabricación orientada a las exportaciones. Esto implica alentar a los empresarios domésticos a producir bienes de exportación e invitar a las principales compañías del mundo a trasladar su producción a la India. Este esfuerzo es importante, porque la economía y las exportaciones de la India están dominadas por los servicios, que han crecido de manera sostenida en relación con la producción general, y que hoy representan casi el 60% del PIB. Por el contrario, la participación del sector industrial en el PIB se mantuvo sin cambios, en aproximadamente el 26%, durante las últimas tres décadas (el segmento de fabricación es inclusive menor, con un 14,9% del PIB).

Cuando se analiza el énfasis de Modi en la producción orientada a las exportaciones en el contexto del foco de su gobierno en proyectos de infraestructura pesada –que van desde generación de energía hasta ferrocarriles–, se torna evidente que su modelo de crecimiento, con su despliegue masivo de mano de obra y capital en la industria, parece similar a la estrategia de los países del este asiático. También es coherente con sus referencias frecuentes a la necesidad de crear ciudades nuevas, pues la urbanización es la manifestación espacial de la industrialización.

El giro a un modelo de crecimiento del “este asiático” no debería sorprender, dadas las características demográficas de la India. El país necesita crear empleos para los diez millones de personas que cada año se suman a la población en edad de trabajar. Y también necesita hacerle un lugar a los millones de habitantes que no quieren dedicarse más a la agricultura, un sector que todavía sigue empleando a la mitad de la fuerza laboral. Si bien el sector de servicios pudo generar crecimiento en el pasado, no resultó ser un creador de empleos importante y solo emplea al 27% de los trabajadores, mucho menos que su porcentaje en la economía. Por el contrario, la construcción y la fabricación son vistas –y con razón– como los canales más prometedores para el despliegue masivo de trabajadores semicalificados.

Por supuesto, existen muchos obstáculos en el camino de Modi. El régimen tributario y regulatorio de la India es considerado, en términos generales, como poco amigable para los negocios, pero los antecedentes de Modi en el Gobierno sugieren que es sensible a este problema y que podrá hacer progresos significativos.

El mayor desafío para Modi será financiar su modelo de crecimiento. El éxito del modelo del este de Asia se afirmó mediante un marcado incremento en la tasa de inversión. Empezando por Japón, todas las economías de rápido crecimiento del este asiático mantuvieron las tasas de inversión en el rango del 38%-40% del PIB en su etapa de rápido crecimiento. China actualmente está invirtiendo casi la mitad de su PIB. El ratio de inversión fija de la India, por el contrario, ha decaído en los últimos años a aproximadamente el 30% del PIB.

El capital extranjero puede desempeñar un papel importante a la hora de respaldar el crecimiento rápido, pero la experiencia internacional demuestra que los ahorros domésticos son claves para sustentar tasas de inversión altas. Movilizar esos ahorros exigirá ideas prudentes sobre cómo se puede expandir el sistema financiero interno por orden de magnitud sin correr el riesgo de crisis futuras.

Otro problema importante será la migración de decenas de millones de personas a medida que vayan siendo absorbidas por la economía industrial en expansión. La India no tiene los controles sociopolíticos de China, como el sistema de permisos residenciales hukou , para gestionar un movimiento de gente de semejante escala. Japón y Corea del Sur tal vez sean demasiado pequeños como para servir como antecedentes útiles. Modi quizá quiera anticiparse al problema a través de su proyecto de crear 100 “ciudades inteligentes”, aunque todavía no se sabe cómo se implementará el programa.

A pesar de todos los obstáculos y riesgos, Modi ha articulado una visión económica explícita por primera vez desde Nehru. A diferencia de las reformas pesarosas de las últimas dos décadas, a los indios les han prometido un nuevo comienzo seguro.

Ahora es cuestión de llevarlo a la práctica.

Sanjeev Sanyal es estratega global de Deutsche Bank y líder global joven del Foro Económico Mundial. © Project Syndicate.

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