Opinión

Independencia energética y cambios globales

Actualizado el 08 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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El 12 de noviembre, la Agencia Internacional de Energía (AIE) presentó el informe 2012 sobre el Panorama de la Energía Mundial. Lo más relevante del documento es la acelerada transformación en el mapa energético mundial, por el rápido ascenso de los Estados Unidos como mayor productor de petróleo para el 2017, desplazando a Arabia Saudita del primer lugar. Según dicho informe, para el 2015 este país se convertirá en líder global en la producción de gas.

De acuerdo con la AIE, en las próximas dos décadas los norteamericanos reducirán sus importaciones de petróleo y, adicionalmente, se convertirán en exportadores de gas y, en términos netos, autosuficientes en la producción de energía para el 2035.

Este renacer energético provocará, sin duda, cambios a su economía y a la geopolítica mundial, por la paulatina pérdida de relevancia del Oriente Medio como zona estratégica, producto de la reducción, a casi cero, de las importaciones de crudo de esa región.

Lo anterior se refuerza con lo divulgado por la Oficina de Estadísticas y Análisis del Departamento de Energía de los Estados Unidos. Con base en dicha fuente, los Estados Unidos compra un 52% del petróleo importado en el Hemisferio Occidental, 22% en el golfo Pérsico, 20% a África y el 6% en otras latitudes. Canadá figura como principal proveedor con un 29%, seguido de Arabia Saudita, 14%; Venezuela, 11%; Nigeria ,10%, y México, 8%.

En el 2011, los Estados Unidos y Canadá consolidaron el mercado de energía más grande del mundo, con un monto, por concepto de intercambio de crudo, derivados de petróleo, gas natural, electricidad, carbón y otros, superior a los $100.000 millones.

Estos datos permiten dibujar una imagen del futuro, resultado de la independencia de los Estados Unidos en materia de abastecimiento de hidrocarburos de una zona tan conflictiva como el Oriente Medio; donde, según algunas fuentes, la gran potencia del norte incurre en un gasto militar superior a los $50.000 millones al año para proteger la ruta del petróleo. Este dinero podría utilizarse en prioridades de orden interno, como: disminución del déficit del Gobierno, reducción de la deuda pública y fortalecimiento de los programas sociales (salud y educación).

De ser correcto lo anterior, este país contará con un importante estímulo a su economía por el ahorro en la importación de hidrocarburos y la mayor inversión en proyectos locales de explotación energética. Esto está impactando la reactivación del empleo en aquellos estados de la Unión Americana donde se localizan las principales reservas de petróleo y gas. Estas consideraciones de mediano y largo plazo permitirán a la economía estadounidense, un mayor respiro para pensar en un crecimiento menos vulnerable a los ciclos económicos asociadas con las constantes oscilaciones del precio del petróleo. Aunque los expertos sostienen que la variable precio, para este sector, seguirá condicionada por el comportamiento de la demanda del crudo en los mercados internacionales. Sin embargo, la mejora en la eficiencia de las tecnologías de consumo de energía ha tendido a generar ahorros que contrarrestan la volatilidad en esta variable.

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El mayor impacto se espera en el plano de la geopolítica mundial, por el desplazamiento en la agenda de la política exterior norteamericana de los temas asociados con el Oriente Medio; producto de su pérdida de importancia como región estratégica. De modo que el protagonismo por la seguridad en esta región deberá ser asumido por China, segunda potencia económica mundial, obligada por su creciente consumo de energía a garantizar la estabilidad en la zona para asegurarse el suministro de petróleo y hacer sostenible un crecimiento económico proyectado del 7% en los próximos 10 años.

La anunciada independencia energética de los Estados Unidos traerá asociada una serie de transformaciones. ¡Asunto que, sin duda, Costa Rica no puede ignorar!

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