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Ideas y palabras

Actualizado el 28 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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El ideólogo norteamericano Robert Kagan afirmaba en un artículo, en el New York Times , que las diferencias de Europa y Estados Unidos en relación con la visión de ambos lados, la manera de enfrentar las amenazas y los peligros del mundo de hoy se expresan en dos vertientes: en la creencia europea de que Estados Unidos exagera los peligros y en la forma de afrontarlos.

Agregaba que, para enfrentar esos peligros, los norteamericanos necesitan la legitimidad que Europa puede proveer, pero, en el esfuerzo de Europa por contrarrestar el poder unipolar norteamericano, los europeos apuestan a que los riesgos del terrorismo y de los tiranos nunca serán tan grandes como el “riesgo del Leviatán americano”. El autor terminaba su artículo preguntándose qué podría pasar, si la apuesta europea resultara equivocada.

En un foro global, Mijail Gorbachov afirmaba que, para arrancar de raíz el terrorismo, no basta con aplicar medidas policiales o militares. Según el expresidente soviético, se hace necesario combatir y atacar las causas, entre las que mencionó las desigualdades entre ricos y pobres, a través de una respuesta de “unión de esfuerzos” a nivel global.

Joschka Fisher, en una Conferencia de Seguridad, y, en esos momentos, ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, proponía como respuesta a la yihad musulmana la democratización y modernización de Oriente Medio a través de la justicia, la eliminación de la discriminación de la mujer, la lucha contra la corrupción y la violencia, y a favor de la educación. Para Fisher, se hace necesaria una estrategia común de cooperación en la política, en la economía y en el derecho.

Fisher parte del criterio de que la yihad desea llevar a Occidente a una guerra de cultura y, al mismo tiempo, impedir la modernización de los países musulmanes. La receta es el contraataque “no solo con medios militares”, sino también con una estrategia de cooperación en los planos económico, político y social.

En campaña electoral, el líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), José Luis Zapatero, hoy expresidente del Gobierno, anunciaba que, de ganar las elecciones generales, el Ministerio de Asuntos Exteriores pasaría a llamarse “de Exteriores y de la Cooperación”, comprometiéndose a que España destinaría a finales del 2008 el 0,5% del PIB para ayudar al desarrollo. Zapatero aspiraba a que España fuera reconocida internacionalmente “no por abanderar guerras ilegales e inmorales, sino por liderar la ayuda al desarrollo”.

Propuestas. Mientras Kagan se preguntaba si la apuesta europea resultará equivocada, y pese a la cooperación a través de la “unión de esfuerzos” de Gorbachov, la estrategia común de Fischer y el 0,5% de Rodríguez Zapatero, el pensador búlgaro Tzvetan Todorov afirmaba que Europa debe formar un ejército europeo para ser una “potencia tranquila”, y que una Europa pacifista dejó el camino expedito a Adolf Hitler, por lo que los pacifistas fueron los responsables de la Segunda Guerra Mundial.

A pocos años de esas ideas y palabras, ¿es válido el argumento de la Administración norteamericana para enfrentar las amenazas o, por el contrario, es efectiva la posición europea de minimizar esas amenazas y procurar resolver los conflictos con una política de cooperación? ¿De dónde vendrán los fondos para esa cooperación y cuánto será suficiente? ¿El 0,5%, el 1%, el 2%, el 3%, el 5% del producto interno bruto (PIB) de los países cooperantes?

¿Tendrá razón Todorov, y serán los pacifistas, otra vez, los responsables de repetir la historia?

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