Opinión

El Hospital de Niños no vive de la abundancia

Actualizado el 17 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Es importanteque sigamos contribuyendo con el Hospital de Niños

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El Hospital de Niños no vive de la abundancia

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Desde 1964 este hospital contó con el apoyo económico del pueblo costarricense. Una campaña novedosa llamada la Marcha del Colón era la responsable de convertir un sueño en realidad, contar con ese centro pediátrico.

A lo anterior se le unió la Feria de las Flores en donde las embajadas brindaban sus productos exonerados de impuestos y un grupo de mujeres se organizaban para venderlos.

El dinero recaudado de estas actividades fue depositado en la Asociación Pro Construcción Hospital Nacional de Niño, ahora Asociación pro Ayuda del Hospital Nacional de Niños.

Se podría decir que gran parte del dinero recaudado provino de los bolsillos de los costarricenses.

Si lo que años atrás parecía solo un sueño se logró, ¿cómo no seguir haciendo lo mismo en beneficio de los niños y niñas de nuestro país?

Gracias a Dios existen asociaciones, empresas privadas, doctores organizados, JPS, Voluntarios, mamás de pacientes, Fundación del Hospital Nacional de Niños y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) para que nuestro hospital sea lo que es hoy: un hospital lleno de calidad humana, con voluntarios organizados buscando alianzas con empresas privadas para proyectos específicos, doctores comprometidos, enfermeras dedicadas, etc. Definitivamente, es una institución bendecida desde sus inicios.

El Hospital Nacional de Niños no vive en la abundancia; enfrenta los mismos problemas de déficit de recursos humanos y de contenidos presupuestarios para cubrir las necesidades vitales.

Como madre de un paciente, sé las grandes limitaciones, pero también las diferentes estrategias que la dirección y todo el personal emplea para tratar de ser paliativos permanentes, siempre con una posición de esperanza y estableciendo alianzas con personas como yo, o entidades amigas que hemos comprendido que invertir en los niños es una buena forma de garantizarnos un futuro.

Es cierto que las personas adultas estamos expuestas a adquirir enfermedades crónicas y tumores de diferente naturaleza, debido a factores propios de la edad, pero si no garantizamos que nuestra población de niños se desarrolle saludable, si no invertimos en el mejor tratamiento en la edad temprana, los que nos cuidarán, si es que existen, no solo serán pocos, poniendo en peligro la posibilidad de sostener nuestras pensiones, sino muy enfermos.

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¡Que Dios siga bendiciendo al Hospital Nacional de Niños!

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