Opinión

Hechos violentos

Actualizado el 24 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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Hechos violentos

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Da pena, pero la violencia en el mundo es cada vez mayor y nuestro país no es una excepción. Ahora comenzamos a ver la cara oscura y tacaña en la personalidad de una nueva sociedad, y esto obliga a hacer correcciones. En un momento, nuestro país, que fue ejemplo y oasis de paz, amanece con actos violentos.

Los robos a mano armada, violaciones y asaltos que terminan muchas veces en homicidios son frecuentes. Pero existen otros hechos violentos como accidentes de tránsito ocasionados por la velocidad, en los que, además, conducen hombres y mujeres sin licencia y bajo los efectos del licor, incluso personas preparadas profesionalmente o con cargos en la función pública.

Vicios. Los vicios (drogas y alcoholismo) han cambiado en todo sentido la vida del costarricense, quien fuera afable, de excelente trato y con buenos modales, e incapaz de participar en tanta desviación que estamos teniendo.

En la calle, el riesgo es alto, especialmente para personas mayores y niños, cuando un conductor irresponsable, jugando con la velocidad, tira su vehículo contra ellos. Pareciera como si dentro de las nuevas generaciones convivieran el bien y el mal, pues unas veces son muy amables, pero, cuando se les mete el demonio, por lo general con preparados “químicos”, el carácter se torna horrible, convirtiéndolos en personas irracionales hasta con cambios en su aspecto físico.

Tenemos en nuestro país un cuerpo policial cada vez mejor y más equipado, pero los delincuentes se las ingenian y continúan atacando, y una Policía de Tránsito, también equipada, pero insuficiente en número, y los accidentes en las carreteras se siguen dando.

Casos graves. Aun cuando se reconocen los esfuerzos de estos cuerpos de seguridad, también es importante mejorar la educación en escuelas y colegios. Por ahora, nos encontramos desconfiados, paranoicos e histéricos ante esta violencia con casos a veces graves, como el hecho de que unos padres maten a un hijo a golpes porque llora y no los deja dormir, o el de unos jóvenes que, por diversión, apedrean hasta la muerte a un oso perezoso.

Los delitos en los últimos meses contra hombres y animales destrozan el corazón de cualquier persona racional. Estos hechos grotescos entorpecen el equilibrio normal del ser humano. Lo más preocupante es que la próxima víctima pueda ser uno, un hijo, una esposa, el papá, el abuelo o la abuela. Esto nos hace sentir inseguros y desconfiados de todo y de todos.

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Estamos angustiados y no queremos que en Costa Rica suceda lo que ha ocurrido en otras naciones. Podemos cambiar: el presente es nuestro.

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