Opinión

Guizhou y la ruta del progreso

Actualizado el 13 de septiembre de 2017 a las 10:30 pm

Nuestro país puede aprender de Guizhou, planteándose planes de infraestructura claros

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Guizhou y la ruta del progreso

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Hace poco tiempo, en un reciente viaje a China, recorrí la provincia de Guizhou y su capital, la ciudad de Guiyang, ubicada a orillas del río Nanming, afluente del río Wu. Guizhou es una provincia eminentemente rural y agraria, situada en una zona montañosa, y su capital se encuentra en un valle a una altura de mil cien metros sobre el nivel del mar y está rodeada de montañas hasta de tres mil metros de altura, usualmente cubiertas por niebla.

Guiyang es una ciudad bella, relativamente pequeña para los estándares chinos, pero con una gran variedad de bellos parajes y sitios turísticos, por lo cual se le cataloga como la segunda mejor capital estival de China.

Esta ciudad cuenta con muchos sitios de interés turístico, entre los que destacan el lago Baihua, el Parque Huaxi y la monumental catarata Huangguoshu, la cual es una de las más grandes en China, que alcanza los 316 metros, parte de un conjunto con 18 pequeñas caídas de agua y más 30 cuevas kársticas.

Coincidencias. Esta bella ciudad y la provincia donde se ubica me trajo a la memoria a San José y al Valle Central de Costa Rica, por las muchas coincidencias de clima y paisaje, así como su tamaño e historia. Guizhou, al igual que Costa Rica, a mediados del siglo XX era una zona relativamente pobre y poco avanzada, rural y agraria. Sin embargo, a partir de un apreciable esfuerzo gubernamental y local, el desarrollo de la zona tuvo un fuerte impulso en las últimas décadas, a partir de importantes inversiones en educación e infraestructura.

Guizhou, al igual que nuestro país, es sumamente montañosa, lo cual en el pasado limitaba de manera significativa el transporte y la comunicación entre los diversos pueblos de la comarca y el trasiego de mercancías, tanto en lo interno como con el resto de China y más allá. A pesar de ser una zona fértil y productiva, la falta de vías de comunicación adecuadas limitó por mucho tiempo su desarrollo y progreso.

Todo esto ha quedado en el pasado, por lo que el crecimiento y desarrollo de Guizhou ha sido destacable. A través de la construcción de carreteras, túneles, viaductos, puentes, vías férreas y otras obras civiles, la población de la provincia logró un eficiente contacto con el resto del país; el comercio, la inversión y la producción en general crecieron en forma exponencial.

Hoy día Guizhou sigue siendo una zona eminentemente rural y agraria, pero sus vías de acceso y la inversión en infraestructura permitieron a los habitantes comerciar eficazmente sus productos, explotar de manera eficiente la tierra, y en fin, sacar el mejor provecho de las condiciones productivas de la región.

Prosperidad. Guizhou es una región próspera y su capital, Guiyang, es una ciudad pequeña pero pujante, con modernos servicios y edificaciones públicas envidiables. No podemos comparar a esta región con las megápolis de Shanghái o Pekín, pero el desarrollo que ha experimentado es sumamente ejemplificante de lo que se puede lograr en un tiempo relativamente corto, impulsando obras e infraestructura con una visión de futuro y en el momento oportuno.

Por muchos años la pobre infraestructura existente impidió la efectiva conexión de la zona, lo que derivó en una visible disparidad de ingresos. Para lograr el avance de la economía en la provincia, el gobierno estableció objetivos claros, trazó planes y cronogramas, y se dedicó a la tarea de mejorar la infraestructura en los distritos.

Así, se puso manos a la obra para alcanzar un mejor nivel de las carreteras rurales; se levantaron puentes y viaductos, multitud de caminos en las laderas de las montañas y túneles que las atravesaran, entre otras muchas obras, reduciendo así el tiempo de viaje entre las zonas rurales y los centros urbanos.

También se pensó en las zonas turísticas como motor de desarrollo, dotándolas de una excelente red de comunicaciones en toda la zona.

El ejemplo de China, y de Guizhou en particular, nos muestra que un territorio muy similar al nuestro puede avanzar de manera significativa a partir de una eficiente gestión en obra pública y construcción de infraestructura adecuada. Nuestro país puede aprender mucho de Guizhou, planteándose planes de infraestructura claros, estableciendo proyectos del país a partir de criterios técnicos y objetivos, sin injerencia político-partidista de ninguna especie, separando el dogma de lo práctico.

Los planes de desarrollo deben trascender a los gobernantes de turno y seguirse de manera ordenada y ajustada a un cronograma preestablecido, todo ello en aras de los más altos intereses de la población y del desarrollo local y nacional.

Tengo la esperanza de que algún día contemos con la infraestructura necesaria para alcanzar el desarrollo y el progreso de nuestro país para beneficio de todos los habitantes de nuestra patria, no dejando a nadie fuera del tren del progreso.

La autora es presidenta de la Asociación China-Costa Rica.

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