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La Guerra Fresca

Actualizado el 04 de julio de 2013 a las 12:00 am

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Las recientes fricciones entre los EE. UU. y China (Ciberespionaje, Mar del Sur de la China, islas Diaoyu, affaire Snowden) parecieran presagiar una nueva Guerra Fría.

Una potencia dominante es desafiada por una potencia emergente, como lo fuera Roma por Cartago, o Gran Bretaña por Alemania a inicios del siglo XX.

¿La emergencia de un nuevo actor poderoso, transformando profundamente el statu quo, implica siempre una amenaza vital para una potencia hegemónica? ¿Cabe pensar en enfrentamiento bipolar como el duelo entre los EE. UU. y la Unión Soviética?, o ¿deberíamos pensar en una era en la que la cooperación comercial sustituirá a la confrontación geopolítica y militar?

Esta es una de las cuestiones centrales de nuestro tiempo. ¿Que pasará cuando la visión de los EE. UU. se vuelva hacia el Pacífico (pívot), luego de las guerras en Irak y Afganistán? ¿Podrá seguir su relación cordial con China a la vez que reacciona activamente ante su ascenso?

Varias preguntas. ¿Podrá China continuar viendo a los EE. UU. como un socio de su desarrollo económico o lo percibirá como una barrera para un bien ganado lugar en el escenario internacional? ¿Resistirá el liderazgo del Partido Comunista el llamado de algunos sectores del Ejército popular para reafirmar su poder en su región más inmediata? ¿La profunda interdependencia comercial y financiera entre ambas potencias moderará sus fricciones?

En un libro reciente, un profesor estadounidense describe esta tensión entre cooperación y confrontación, acuñando la expresión Cool War . La Guerra Fresca es la convivencia difícil entre los EE. UU., ansioso por el dinero chino, y la China, sedienta por el mercado norteamericano; mientras que, por otra parte, tenemos una China con aspiraciones globales frente a un Washington angustiado por lo que pareciera un declinar de su poderío y un posible ascenso militar de su nuevo rival.

A las orillas del Potomac, el “declinismo produce varias reacciones: para algunos se trataría de convivir con esta contradicción, otros aceptarían el declive y la multipolaridad, mientras que algunos levantan las hachas de guerra y llaman a prepararse para el combate.

Este conflicto emergente tendrá consecuencias para todos los países, pues los asiáticos tienen ya una implantación global y la competencia/rivalidad se extenderá por el planeta, afectando la actividad de las compañías multinacionales, la estructura de las instituciones internacionales y la lucha por la paz.

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Presencia china. Es en este contexto que procede interpretar la presencia china en nuestro país y Centroamérica. Quedarse en el escándalo de la refinería evita la adecuada lectura de las razones chinas para presentarse en esta parte del mundo.

Mas allá de las irregularidades denunciadas, debemos tratar de identificar los intereses geopolíticos chinos (tránsito de energéticos, proyección simbólica de su poderío, acceso de sus productos a la costa este de los EE. UU.). Solo esta visión nos permitirá una explicación de sus esfuerzos por refinerías, hidroeléctricas, ferrocarriles y canales en el Istmo Centroamericano.

La inversión china en el petróleo venezolano necesita una salida por el Istmo, sea para el crudo o para el producto refinado. De ahí, el interés por Recope. El mercado interno costarricense pareciera únicamente un pretexto para un proyecto más ambicioso.

Costa Rica debe estar consciente de que su relación con China la involucra en un juego triangular más amplio, donde las modificaciones, en la relación de la Ciudad Prohibida con la Casa Blanca, repercutirán en nuestras decisiones de política exterior. La relación con Pekín no puede continuar siendo enfocada exclusivamente como un problema de acceder a un gran mercado, sino que debe pensarse en un contexto geopolítico cambiante

Riesgos. Los riesgos que derivan de posibles enfrentamientos entre dos grandes potencias son serios y pueden provocar percepciones equivocadas, por parte de ambos actores, peligrosas para la paz mundial.

La aparición de un adversario estratégico luego del colapso del oso ruso, la fatiga militar de dos guerras y la gran recesión del 2008 marca límites al poderío estadounidense que pueden producir reacciones paranoicas en los círculos militaristas de la nación del norte.

En China, el nacionalismo exacerbado y la percepción de encontrarse sitiados por su rival y en conflicto con sus vecinos (Japón, India) han levantado algunos ánimos de comportarse como gran potencia y la tentación de abandonar el discurso que recomendara en su oportunidad Deng Xiaoping.

En aquel momento necesitaba China un entorno pacífico. ¿Cómo mantener la paz tranquilizando a Occidente? Deng decidió que China no debía “llevar la bandera ni encabezar la ola”, sino “ocultar sus intenciones y acumular las fuerzas de la nación” .

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Tras décadas de crecimiento sostenido y con el aumento de la presencia norteamericana en la región de Asia-Pacífico, la intranquilidad de algunos sectores occidentales cobra fuerza y, aunque el océano Pacífico pareciera suficientemente grande para albergar a ambos gigantes, lo cierto es que China emerge con fuerza en el escenario y ya no necesita ni puede ocultar sus intenciones de ocupar un espacio de privilegio en la escena internacional.

Tal vez, la mejor recomendación para enfrentar la Guerra Fresca proviene del gran artífice de las relaciones de los EE. UU. con China, Henry Kissinger, quien ha señalado: “Para estas dos sociedades (…) la ruta de la cooperación es muy compleja. El estado de ánimo del momento es menos relevante que su habilidad para desarrollar patrones de acciones que sean capaces de sobrevivir a los inevitables cambios de las circunstancias. Los líderes en ambos lados del Pacífico tienen la obligación de establecer una tradición de consultas y de respeto mutuo, de manera tal que sus sucesores puedan construir conjuntamente un orden mundial compartido que se constituya en una expresión de aspiraciones nacionales paralelas”.

El fracaso en este esfuerzo tendrá repercusiones globales y lo que hoy es apenas una Guerra Fresca, marcada por fricciones crecientes, podría transformarse en una nueva Guerra Fría caracterizada por enfrentamientos más intensos.

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