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El Grano de Oro que merece germinar

Actualizado el 28 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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El Grano de Oro que merece germinar

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En las montañas fronterizas de Cartago y Limón, oculta a la vista ciudadana y ajena a la realidad de la mayoría de las personas, se encuentra una gran población de cabécares, en el territorio indígena del Chirripó.

Como puerta de entrada y salida principal de este territorio se encuentra un pueblo pequeño llamado Grano de Oro, con un par de kilómetros cuadrados visibles y tangibles que solo son una pequeña parte de su extensión real.

Es un pueblo lleno de carisma, con calles de tierra y lastre, con muchísimos trillos escondidos que comunican pueblos entre sí, un terreno paradisíaco en el inicio de las montañas, lleno de vistas sublimes y una historia que no se termina de escribir.

Es el lugar donde muchos indígenas hacen sus compras, adquieren comestibles y se transportan a otras ciudades más “blancas”, como Turrialba y Cartago.

La mayoría de los indígenas del Chirripó no visten de lana, ni con abalorios o ropa bordada. Estos nativos del siglo XXI utilizan jeans , camisetas deportivas, incluso del Barcelona FC y esconden sus pies cansados por largas caminatas en botas de hule. Sus sonrisas se desdibujan por el sol y la lluvia de muchos años, y bajo sus curtidas y toscas facciones se esconden misterios, creencias y deseos aún sin comprender.

La vida no es sencilla para ellos. Largas caminatas acompañan a casi cualquier diligencia y las condiciones de vivienda los hacen merecedores de un lugar en el tan famoso grupo de la “pobreza extrema”. Las casas prefabricadas, donadas por instituciones, se acompañan de ranchos y dormitorios de maderas y paja donde colocan su cocina de leña y otros menesteres. Y es ahí donde el visitante los encuentra asentados, porque la casa construida para ellos la encuentran incómoda o, peor aún, ajena a su mundo.

Hasta la montaña. Y, ahí mismo, después de horas de camino, inmersos en el paisaje de una montaña indígena vigilante, camina el equipo médico del Ebáis. El equipo básico y el equipo de apoyo salen de gira todas las semanas, desde Grano de Oro, hacia diferentes puntos; algunas veces en carro, otras, caminando por varias horas.

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Al llegar, los médicos y personal de salud se colocan en los puestos disponibles (generalmente muy viejos y la mayoría en malas condiciones) o en escuelas cercanas. Ahí los esperan, diariamente, hasta 70 pacientes que necesitan valoración. Trabajan en condiciones muchas veces inadecuadas y, echando mano de la astucia y adaptabilidad, se afanan en brindar el diagnóstico, los medicamentos y la consejería médica que los pacientes requieren.

Estos tres Ebáis, equipos de trabajo cuya base principal es Grano de Oro, son los encargados de llevar la salud y la atención de la CCSS a las regiones más remotas. Su tarea es admirable y, gracias a ellos, muchos de los indígenas tienen o continúan con una salud bastante buena dadas sus condiciones de vida. El desarrollo es palpable y, a grandes rasgos, se ve que se ha trabajado con muchísimas ganas e ilusiones, aunque con poco presupuesto.

Porque pese a estos extraordinarios esfuerzos las cosas están aún lejos de germinar: existen todavía mucha población que no consulta; muchas mujeres embarazadas que no han sido captadas por el sistema de salud; muchos recién nacidos que “no existen” según los registros del país; y una barrera idiomática lejos de ser removida.

El transporte es una de las principales limitantes para todos. ¿Cómo solicitar a un paciente un hemograma si de antemano sabemos que este no caminará 4 o 5 horas para llegar al Ebáis de Grano de Oro, donde solo cada 15 días hay servicio de laboratorio? Es complicado.

Promesa y esperanza. La tarea es, ahora, de la institución, de las altas esferas de la CCSS, con medidas que favorezcan el desarrollo del sistema de salud en esta población siguiendo el ejemplo de otros programas y proyectos exitosos como el que se ve en San Vito de Coto Brus, que camina sobre ruedas.

Es labor de las jefaturas brindar a los equipos los medicamentos necesarios, las condiciones adecuadas con puestos de salud dignos, con una coordinación mayor para no llegar más lejos y más adentro, sino más cerca pero con capacidad resolutiva.

Además es obligatorio un trabajo conjunto permanente entre el Ministerio de Salud, el MOPT, el ICE y la CCSS junto con las organizaciones comunales para continuar con la construcción de caminos y la inversión en transporte, llevar Internet a más sectores pensando que en el futuro esta población también debería tener acceso al expediente electrónico.

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Por último, es urgente fortalecer la enseñanza y educación de la salud, tal vez el punto más crucial de la problemática. Se debe hacer el esfuerzo para que los pacientes indígenas, al igual que el resto de nosotros, comprendan el verdadero significado de la consulta médica y que la salud comienza con ellos mismos; es decir, poner en práctica con mayor vehemencia la promoción de la salud.

Recientemente, la CCSS firmó un contrato por parte de y por eso hoy se vislumbra un futuro promisorio: mayor presupuesto e inversión para el territorio.

Es el turno de los jefes porque los equipos de trabajo están listos y con este contrato de la Caja Costarricense de Seguro Social el presupuesto pasa, no necesariamente de la ilusión al hecho, pero sí de la ilusión a la promesa.

Una promesa de llevar mejor calidad de atención a todo este territorio indígena, de aportar las condiciones de trabajo necesarias y apropiadas y de luchar porque Grano de Oro germine finalmente , y sea lo que nació para ser: un paraíso.

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