Opinión

Enérgica protesta

Actualizado el 07 de junio de 2017 a las 10:00 pm

Hasta ahora había existido esmero por conservar el edificio tal como fue construido

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Me sorprende el reportaje publicado el domingo en la sección Aldea Global, de La Nación, donde se afirma que el Ministerio de Cultura, a través del Centro de Patrimonio Arquitectónico Nacional, aprueba una remodelación del Gran Hotel Costa Rica.

Esta consiste en una “modernización” de su fachada original, por lo que perderá los arcos inferiores, continuación de Las Arcadas, y eliminará totalmente los arcos del quinto piso.

Esto implica que se permite sustituir su fachada original por un diseño “agringado” tipo Hampton Inn, totalmente en discordancia con Las Arcadas, el Teatro Nacional, la plaza de la Cultura y la plazoleta del frente. Es algo inaudito, que va en contra de la Ley 7555, del Patrimonio Nacional.

Como costarricense y como arquitecto, expreso mi más enérgica protesta.

Inicios. El Gran Hotel Costa Rica, construido por mi abuelo paterno, Dr. Luis Paulino Jiménez Ortiz, e inagurado en 1930, en los inicios no tenía cobertura en el quinto piso y se utilizó como una terraza donde se celebraban bailes y actividades de la época, como bien lo señala la información de Aldea Global. También es cierto que en los años 40 se construyó en el quinto piso un salón de fiestas, dos penthouses, dos oficinas y las fachadas sur y oeste, de acuerdo con el diseño original. Una de estas oficinas fue ocupada por la Compañía Radiográfica, que construyó una torre para la instalación de sus antenas.

Cabe recordar que por muchos años el Gran Hotel Costa Rica fue el edificio más alto del país y en la torre se le colocó un anuncio de Cerveza Selecta, por lo que la gente le decía “torre de la Selecta”. Al trasladarse la Compañía Radiográfica, se eliminó la famosa torre y quedó la fachada original.

Remodelación. En 1970, ante el fallecimiento de mi padre, Ing. Luis Paulino Jiménez Montealegre, formé parte de la Junta Directiva del hotel. Se me encomendó, como arquitecto, el diseño y la construcción de un nuevo salón de fiestas en el quinto piso.

En esta remodelación, conservé sus fachadas de acuerdo con el diseño original. Recuerdo que en esa época estaba a punto de inaugurarse la plaza de la Cultura y quería terminar la fachada oeste para que estuviera lista ese día, lo cual se logró.

Mi abuelito tenía su consultorio de médico en Las Arcadas y entre sus clientes estaba el gerente de la United Fruit Company, con quien hizo una buena amistad, y fue él quien le recomendó una firma de arquitectos e ingenieros de Nueva York para que elaboraran los planos del hotel.

En los años 70, y antes de iniciarse estos trabajos de remodelación, visité las oficinas de esta firma en Nueva York, pues nuestro encargado de mantenimiento, Ing. José Moya, todavía conservaba amistad con ingenieros de esa compañía y, por increíble que parezca, me suministraron los planos originales de su archivo. Asimismo, me comentaron que ellos eran clientes y le hacían trabajos de arquitectura e ingeniería a la United Fruit Company.

Diseño original. Narro todo lo anterior para dejar en evidencia los esmeros por conservar ese edificio tal como fue concebido y construido originalmente. Por ello resulta inaceptable que sea una dependencia del Estado, encargada de velar por la conservación del patrimonio arquitectónico del país, la que avale tan lamentable proyecto.

Espero que haya autoridad en el gobierno del presidente Luis Guillermo Solís para frenar tal disparate.

El autor es arquitecto.

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