Opinión

Gracias, Gabo

Actualizado el 05 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Hace unos días se nos fue García Márquez y estoy seguro de que hasta el sapiens menos leído, frente a su muerte cumplida, se arrodilló en alguna parte de su humanidad, temeroso, incrédulo aún.

Quizá todos evocamos el segundo final de Cien años de soledad , oculto en la niebla del acto de leer, eclipsado por el primer final que da origen al libro: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Lo cierto es que hay otro epílogo y decir que está en las últimas páginas parece obvio. Aunque no lo sea, porque la historia, ocurrida en un mitológico Macondo, ya ha sido escrita y lo que hace Aureliano es lo mismo que nosotros: descifrar signos (él, de un pergamino que le fue destinado; nosotros, en un texto que depende de lo que haga él) ante un “huracán bíblico” que corona la fricción de la sociedad patriarcal y el matriarcado en su lucha inútil, de suma y resta continua, donde cohabitan la maravilla de cada jornada y el horror de los augurios babilónicos.

Cien años … es la saga de los Buendía, sí, y también de Ursula Iguarán y de Pilar Ternera y de las estirpes condenadas a un siglo de soledad, fenómeno que la prosa de Gabo comprime a un instante, el que estamos viviendo. Favor que, de verdad, le agradecemos.

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