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Gerardo Soto: Las cenizas del volcán Turrialba

Actualizado el 21 de mayo de 2015 a las 12:00 am

Estudios científicos en proceso previeron el aumento de erupciones y la posible afectación

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No se sabe con precisión cuánta ceniza caerá proveniente del volcán Turrialba, ni durante cuánto tiempo, ni cuán grande llegará a ser la erupción que en estos momentos se desarrolla. Comparativamente con lo que se conoce, podría llevar meses más, y habrá algunos pulsos mayores y menores de explosión en el volcán.

Se espera que cause menores dolores de cabeza en el Valle Central, al estar esta zona, de manera comparativa, más lejos del Turrialba que del Irazú. Pero de todos modos alcanzará a afectar a los vecinos inmediatos del volcán, de una manera más severa que a los alejados.

Hasta hace tres décadas, el volcán Turrialba permanecía casi desconocido geológicamente, hasta que tres diferentes grupos universitarios decidimos estudiarlo, y de lo cual se publicaron varios trabajos científicos. Antes solo disponíamos de algunas escuetas descripciones de su actividad del siglo XIX, que siguen siendo útiles, sobre todo porque la actividad del volcán ha cambiado en los últimos años.

En un progresivo proceso de magmatismo interno en las profundidades de la corteza, el Turrialba empezó a dar algunas señales de actividad interna, más allá de las fumarolas que conservaba, al final del siglo pasado, y de manera muy evidente desde el 2007. Esto ha llevado a que se realicen varios estudios de muchos grupos nacionales y extranjeros, que le han puesto atención al volcán y a su cambiante comportamiento.

Uno de esos estudios se refiere a los peligros volcánicos, y trata en parte sobre la posible orientación de las cenizas en caso de erupción.

Hemos visto sus conclusiones confirmadas desde que las caídas de ceniza se han hecho más frecuentes y voluminosas desde noviembre del año pasado. Las cenizas del Turrialba podrían afectar a gran parte del Valle Central en mayor o menor escala e incluso interferirían con el tráfico aéreo de nuestros aeropuertos, como ya hemos visto.

Aun así, todavía existen muchas interrogantes sobre los procesos internos del volcán.

País volcánico. El sitio donde se asienta la capital de la República y su periferia del Valle Central Occidental están constituidos por rocas volcánicas de la Cordillera Central, y particularmente por una capa superior de cenizas que las han ido tapizando periódica y paulatinamente a lo largo de, al menos, un cuarto de millón de años, que han llegado a alcanzar varios metros de espesor.

Estas cenizas provienen mayoritariamente del Irazú y el Turrialba, pero no nos es posible distinguir capas de uno u otro, porque se presentan masivas y alteradas con el paso de tantos años.

Nuestra historia escrita, muchísimo más corta que la historia geológica, nos da cuenta solo de tres periodos importantes de caída de ceniza: del Irazú en 1723-1726 (cuando San José no existía ni siquiera como aldea) y en 1963-1965, y del Turrialba en 1864-1866. Esta periodicidad de siglos posiblemente se ha mostrado a lo largo de varios miles de años, como también lo sugieren los depósitos que afloran en las partes más proximales de los volcanes, y que hemos estudiado con cierto detalle.

La preocupación respecto a las cenizas que está produciendo el Turrialba y que son transportadas por el viento al Valle Central, viene heredada en gran parte del episodio originado por el Irazú, que duró con vigor veintitrés meses, y que aún perdura en la memoria de muchos ticos.

Si continúa la erupción prolongadamente, habremos de adaptar nuestras vidas y costumbres de manera ordenada y lógica, para que el proceso nos afecte lo menos posible, y procurar que los estudios científicos en proceso (que son variados y diversos) y las medidas adoptadas por las autoridades competentes tengan nuestro apoyo, en bien del país y de sus habitantes.

(*) El autor es geólogo y vulcanólogo

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