Opinión

Francisco coloca a Panamá en su hoja de ruta

Actualizado el 03 de agosto de 2016 a las 12:00 am

Hemos de volver a abrir las puertas al educador y apreciar los esfuerzos en pro de la educación

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Francisco ha confirmado su visita a Panamá. Centroamérica tiene 11 millones de jóvenes en riesgo social, carentes de educación y cercanos al abismo de la pobreza y de la violencia, según datos de la Cepal.

La Jornada en Centroamérica, convocada por el papa Francisco, cuyo centro será Panamá, reunirá a miles de jóvenes a mediados del 2019. Este encuentro, con más de dos años de preparación, permitirá llamar la atención sobre el serio reto del futuro de los jóvenes en esta región.

Tenemos la amenaza y el riesgo de una próxima generación que podría crecer con grandes debilidades y desigualdades por falta de una sólida educación escolar, que tiene sus altos y bajos en cada nación, que nace y progresa en la familia.

Se tratará de un encuentro también de optimismo, con una generación que tomará retos nuevos en sus manos, en los próximos años. Hacia ese punto hay que ayudar a guiar la visita del Sumo Pontífice, y todo lo que ello implica.

Aquí hay un urgente objetivo ético para todos que podría llegar a muchos sectores. El señaló estos días en Polonia: “Hace falta disponibilidad para acoger a los que huyen de las guerras y del hambre; solidaridad con los que están privados de sus derechos fundamentales, incluido el de profesar libremente y con seguridad la propia fe. También se deben solicitar colaboraciones y sinergias internacionales para encontrar soluciones a los conflictos y las guerras, que obligan a muchas personas a abandonar sus hogares y su patria. Se trata, pues, de hacer todo lo posible por aliviar sus sufrimientos, sin cansarse de trabajar con inteligencia y continuidad por la justicia y la paz, dando testimonio con los hechos de los valores humanos y cristianos”.

Educación. No podemos  forjar una nueva  generación sin escuelas  bien constituidas, sin educadores que tengan los medios de apoyo para su formación humana e intelectual continua. Su dignidad, en todo sentido, es vital.

Se  trata  de que trabajemos en serio, de modo que cada poblado y cada ciudadano tenga la posibilidad  de  acudir a un sólido centro educativo público o privado.

Hemos de  volver a abrir las puertas  al educador  escolar, apreciando sus esfuerzos, aunque sea una escuela de pocos niños con un educador en la cima de una montaña. 

Los maestros  del futuro y los que hoy  trabajan en esta  ruta deben ser considerados como los  más  importantes  responsables agentes de cambio de la sociedad. Así lo hacen las naciones exitosas en educación como Corea, Finlandia y Singapur.

El papa Francisco se ha traído de  Argentina a la Santa Sede un único proyecto, Scholas Ocurrentes, una iniciativa que usa Internet para apoyar  escuelas en diferentes naciones.

Sin embargo, para mejorar el nivel  de los maestros, tenemos que reunir una gran cantidad de fuerzas para elevar  en toda la región, de manera continua  e innovadora, más y mejor calidad  en la docencia. Aquí no valen los parches.  Necesitamos  escuelas, colegios, centros de formación profesional  y educación universitaria  de primer nivel, aunque sea iniciando  con    una modesta escuela de pocos alumnos. A todos  hay que apoyar, y   a  cada educador hay que respetar su independencia.

Diversos problemas. El reto joven es  uno de los más importantes que podrían  enfrentar los líderes de la región,  desde  diferentes puntos de vista. Francisco lo ha reiterado claramente en estos días en Cracovia. La violencia, el crecimiento de las cárceles, el descuartizamiento de la institución familiar  son   problemas que merecen soluciones positivas, que  están muchas veces lejos de la técnica legal y más  cerca  de la formación en virtudes y  valores, propios de los  ciudadanos que hemos de recuperar.

La  calidad de los educadores, la enseñanza de  valores y virtudes a los  jóvenes conforma parte  de esa agenda de  paz y organización.  Desde una perspectiva  de un simple ciudadano,  esta Jornada Mundial de la Juventud en Centroamérica que  apenas  se inicia nos abre la puerta para lograr que nadie pierda las oportunidades  educativas y apuntalar nuevas iniciativas, aunque sean modestas.

La  gran estrategia  social que requiere la región podría  estar unida preferentemente con la elevación educativa y moral de los  grupos  más  desposeídos. Los  jóvenes  son  muchas  veces los más afectados por las injusticias. También muchas barriadas y zonas  agrícolas  e indígenas   requieren  urgente atención.

Se trata de recuperar la esperanza y multiplicar el espíritu de servicio de muchos jóvenes que lo tienen con frecuencia, más que otros sectores de la sociedad.

Visita histórica. Esta  nueva iniciativa  de Francisco,  de  colocar a Centroamérica, y a Panamá específicamente, en su hoja de ruta y oraciones,  se une  también al pensamiento y acción de visitar los bordes de la sociedad,  en donde se encuentran los sitios más  difíciles  de nuestra  región. Aquí el aporte joven es de primera importancia.

La  destrucción de muchos valores  juveniles, el embarazo temprano, la  falta  de  formación profesional y los innumerables  hundimientos  de  los  valores familiares merecen ser estudiados y apuntalados en este periodo anterior a su visita. Nadie sin escuela, todos por la escuela.

 En algunos sitios  de la región,  el  20% de jóvenes no estudian ni trabajan, dice otro informe  dado a conocer en El Salvador por  observatorios sociales y la Cepal.

 La  Jornada de la Juventud  debe ser  observada con interés, pues estamos   ante  una época de  recambio de la sociedad, que afectará a  nuestra región, que  también necesita  líderes bien preparados.

Son los jóvenes de Centroamérica los que  tienen la palabra para eliminar  la pobreza  que en un 54% afecta a nuestra población. Ellos  también son los   principales actores para  vencer estos retos una vez  bien preparados. En esto todos podríamos ser  voluntarios llamados a trabajar.

El autor es diplomático.

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