Opinión

Francia y los derechos humanos

Actualizado el 26 de abril de 2013 a las 12:00 am

Del ideal que se invoca a la norma que se aplica

Opinión

Francia y los derechos humanos

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Francia y los derechos humanos - 1
ampliar
Francia y los derechos humanos - 1

Es para mí un gran placer poder expresarme en un medio costarricense sobre el tema de los derechos humanos, el cual, como bien saben ustedes, tiene tanta relevancia para Francia.

A menudo se califica a Francia como “el país de los derechos humanos”, pero esa expresión no es de mi agrado, y no la utilizo. Prefiero decir que Francia y los derechos humanos son como una pareja que lleva unida muchos años y que, como en todas las parejas, existen altibajos. No quisiera, pues, bajo ninguna circunstancia, que se me viera como alguien que viene aquí a impartir lecciones.

Mi estadía en América Central (Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica) tiene por objeto mantener el diálogo en materia de derechos humanos y fomentar el intercambio de experiencias entre nuestros países.

Si tuviera que resumir el papel de Francia en ese ámbito, diría que nuestra actuación consiste en transformar los derechos humanos en derechos tangibles, es decir, en pasar del ideal que se invoca a la norma que se aplica. Así es como, a lo largo de mis 110 misiones, he podido observar en reiteradas oportunidades que la Declaración Universal de los Derechos Humanos es, sin duda, el texto más conocido y más traducido del mundo, pero que dista mucho de ser el más aplicado. Mi lucha, en calidad de embajador para los Derechos Humanos, consiste en promover el respeto efectivo de esos derechos, donde sea necesario. Durante mis viajes intento siempre evocar, a todos los niveles de representación de la sociedad, el conjunto de los temas relativos a los derechos humanos a los que tanto apego tenemos.

Esta es la primera vez que viajo a Costa Rica y puedo comprobar que, a pesar de nuestra lejanía geográfica, existen numerosos valores comunes entre Francia y su país, particularmente en el ámbito de la defensa de los derechos humanos. Nuestros países mantienen, además, muy buenas relaciones bilaterales debido a las convergencias de opiniones sobre muchos otros temas multilaterales. Uno de los mayores ejes de nuestra actuación en América Central es la cooperación en el ámbito de los derechos humanos, de la gobernanza y del Estado de derecho. En ese contexto, junto con el Instituto Francés de América Central, basado en San José, organizamos diferentes seminarios temáticos en los países de la región.

PUBLICIDAD

Este desplazamiento se enmarca en una búsqueda de estrechamiento de las relaciones de Francia con América Latina en general, como lo afirmaba nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, con motivo de su visita a la región el pasado mes de febrero. Con su arraigada democracia, su ausencia de Ejército y su fuerte apego a los derechos humanos, Costa Rica se erige en algunos sentidos como un modelo en América Central. Fue uno de los primeros Estados del mundo en abolir la pena de muerte, desde 1877. Después de actuar como mediador en diferentes crisis internacionales, en particular durante el proceso de paz centroamericano a finales de los años 1980, Costa Rica demostró una vez más su firme compromiso por la paz y el desarme en el mundo, con motivo de la negociación del Tratado sobre el Comercio de Armas, recientemente adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El objeto de mi misión es transmitir un categórico mensaje de apoyo a quienes defienden los derechos humanos en la región. Me parece importante reafirmar que en esa materia no existen zonas de opacidad en la política extranjera de Francia.

En la era de la sociedad de la información, creemos saber, pero no sabemos; creemos conocer, pero no conocemos. Nada reemplaza entonces el contacto con el país. En la mayor parte de los Estados de América Central, la protección de los defensores de los derechos constituye, a mi modo de ver, una prioridad. Por eso quiero recordar que, por medio de sus embajadas, Francia está del lado de los defensores de los derechos humanos donde quiera que se encuentren y cualesquiera que sean los riesgos y dificultades que afrontar. En todas partes del mundo, nuestras embajadas deben representar “casas de los derechos humanos” que aporten visibilidad y asistencia a los militantes amenazados, y mantengan un diálogo profundo con las organizaciones no gubernamentales de defensa de los derechos humanos, que se encuentran particularmente expuestas.

  • Comparta este artículo
Opinión

Francia y los derechos humanos

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota