Opinión

Francia y Costa Rica unidos

Actualizado el 14 de julio de 2013 a las 12:01 am

Hacia laaboliciónuniversal de lapena de muerte

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Luego del éxito de la iniciativa tendiente a introducir el tema de la pena de muerte en el seno de los debates del Consejo de Derechos Humanos, Francia y Costa Rica desean reafirmar fuertemente su compromiso a favor de la abolición universal de la pena de muerte.

El recurso a la pena de muerte no constituye un instrumento de política penal, sino una violación de los derechos humanos. Aplicar la pena capital no es hacer justicia, sino más bien demostrar su fracaso. En efecto, ningún sistema jurídico es infalible. Por su carácter radical e irrevocable, esta sentencia conlleva el riesgo inherente de cometer lo irreparable. Por último, la pena de muerte no es nada eficaz en la lucha contra la delincuencia.

Una causa concreta. Hoy estamos convencidos de que la abolición universal de la pena de muerte no es una utopía, sino una causa concreta que está en vías de imponerse. La abolición de la pena de muerte no es tampoco una cuestión de cultura o de civilización. Cada año son más los Estados que renuncian definitivamente a recurrir a este castigo cruel, inhumano y degradante.

En este combate, Costa Rica da pruebas de una determinación histórica ya que fue uno de los primeros Estados en abolir la pena de muerte en 1871. En Francia, la abolición de la pena capital tuvo lugar solo en 1981, cuando la opinión pública, en su mayoría, todavía era favorable a ella. En la actualidad la causa de la abolición universal es objeto de un consenso nacional que supera las diferencias políticas. Francia decidió renovar e intensificar su compromiso con esta causa mediante su campaña a favor de la abolición universal de la pena de muerte. En la Asamblea General de las Naciones Unidas, Costa Rica y Francia apoyaron, en diciembre de 2012, la adopción, con una mayoría cada vez más amplia, de la resolución que pedía una moratoria universal.

Experiencia compartida. Costa Rica y Francia no pretenden dar lecciones, pero disponen de una experiencia que desean compartir. Entre los valores universales que unen a ambos Estados, tan alejados geográficamente, figura el respeto absoluto de la dignidad humana. Francia y Costa Rica se asocian entonces para, al unísono, hacer oír el mensaje de la abolición universal.

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Nuestros dos países velarán por proseguir su cooperación en los foros internacionales y por continuar sensibilizando a los Estados que mantienen la pena de muerte. Nuestros Estados deben apoyar la causa abolicionista, contribuyendo al debate y aportando asistencia técnica que permita una reflexión y un diálogo desapasionado sobre la reforma de los sistemas penales.

Actualmente, 57 países continúan aplicando la pena capital. Aunque su empleo esté disminuyendo, miles de condenados a muerte en el mundo esperan su ejecución y, entre ellos, sin duda habrá inocentes. Opuestas a la arbitrariedad que representa recurrir a la pena de muerte, en todo lugar y en cualquier circunstancia, Francia y Costa Rica salen en su defensa.

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