Opinión

Finlandia, un modelo de referencia

Actualizado el 17 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Finlandia, un modelo de referencia

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Finlandia está situada al noreste de Europa y es miembro de la Unión Europea desde 1995. Tiene una población de 5,5 millones de habitantes y 300.000 km2. Finlandia es una república democrática y parlamentaria. El Poder Ejecutivo está en un Consejo de Estado, presidido por un primer ministro, elegido por el Parlamento.

Con la Guerra del Norte, Finlandia, pierde parte de su territorio en manos de la Rusia imperial. En 1917, después de la Revolución bolchevique en Rusia, se independiza. Durante la Segunda Guerra Mundial, Finlandia lucha contra la Unión Soviética y al perder, en 1948, debe asumir compromisos políticos, concesiones e indemnizaciones. Es en 1991, con la disolución de la Unión Soviética, cuando Finlandia cambia su situación geopolítica y se integra a la Unión Europea.

Cambio de modelo. Después de ser Finlandia un país con una gran presencia estatal, decide cambiar de modelo, rompiendo los monopolios públicos a base de privatizaciones y desregulación. La estabilidad económica la alcanza a base de estimular el ahorro interno, poco endeudamiento y un estricto control macroeconómico de sus finanzas. Paralelamente, los principales pilares de su desarrollo se concentraron en la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, un sistema educativo que genera una mano de obra altamente calificada, grandes recursos forestales, innovación, un Estado solidario, la reducción de barreras para la creación de nuevas empresas, seguridad jurídica, instituciones sólidas, excelente infraestructura, altas inversiones en transportes y un ambiente de negocios favorables a la inversión extranjera. Gracias a esas transformaciones, en el 2002, ya Finlandia se había convertido en una de las economías más competitivas del mundo, manteniendo hasta la fecha ese liderazgo en el desarrollo social y económico.

Salud. La política finlandesa en salud ha tenido dos objetivos principales: dar servicios médicos de calidad a la población y reducir las disparidades en salud entre los diferentes estratos sociales. La salud es universal e independiente de las condiciones económicas de las personas. Los servicios de salud se financian con los ingresos de impuestos, y los servicios primarios son brindados por cada gobierno local. La calidad es de primera y el modelo de salud ha evolucionado de estar centrado en los hospitales a un énfasis en la prevención, promoción y servicios primarios.

Educación. En Finlandia la educación pública es de excelente calidad. Todos los niños, incluyendo los que tienen alguna discapacidad, asisten a la escuela. Todos tienen garantizada la oportunidad de estudiar y superarse. Todos pueden autodesarrollarse según sus capacidades, independientemente de sus limitaciones. Mas del 70% de la población completa la secundaria y el 30% tiene un grado universitario o de educación terciaria. El país cuenta con el mayor número de ingenieros y científicos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Su fuerza laboral tiene las destrezas para adaptarse a cualquier ambiente o cambio tecnológico.

El sistema educativo tiene cuatro niveles: preescolar, educación básica, educación secundaria y la educación superior. Los tres primeros niveles son organizados y coordinados por los municipios. La educación superior tiene dos variantes: las universidades y los politécnicos. Las universidades reciben el 65% de su financiamiento y se enfocan en la enseñanza teórica y la investigación ligada al sector productivo. Los politécnicos están enfocados en la práctica y entrenan para puestos de expertos en cada rama técnica. El financiamiento del Estado a los politécnicos es de un 56% y el resto se le cobra al alumno. La educación está muy orientada al sector tecnológico y a la innovación.

Innovación. Finlandia es el líder mundial en la manufactura de papel, construcción, equipos de telecomunicaciones, equipos médicos y productos de TIC de alta tecnología. La innovación para los finlandeses es clave. El país invierte un 3,5% del PIB en I & D y cuenta con más investigadores que la mayoría de los miembros de la OCDE. Nokia ha sido el mayor generador de la innovación. Finlandia creó un sistema de innovación donde están los usuarios, los científicos y el sector privado. Los institutos de investigación son financiados en un 55% por el Estado. Los parques científicos y centros tecnológicos son fomentados por el Estado, coordinando e implementando la cooperación. En estos parques se fomenta la alta tecnología y se ayuda a empezar, crecer e internacionalizar a las pymes tecnológicas.

El caso de Costa Rica. Hay una muy importante labor por desarrollar en el campo educativo en Costa Rica. Hoy, Costa Rica no sale bien calificada en las pruebas PISA. Nuestra educación pública en escuelas y colegios no tiene la calidad que requerimos para ser competitivos. Nuestra brecha social se genera en gran parte por las preocupantes diferencias de calidad entre las escuelas públicas y privadas, a pesar de que invertimos más del 7% del PIB en educación, en contraste con un 5,4% del PIB en Finlandia.

Los gobiernos locales en Costa Rica no juegan ningún papel en la supervisión y el mejoramiento de la educación pública. Las universidades públicas no están generando los profesionales que requiere un nuevo modelo de desarrollo. No existen centros tecnológicos en la educación superior. Financiamos el 100% de los costos de las carreras universitarias, creando pocos compromisos de los graduados para retribuir al Estado los altos costos de su formación.

No estamos dando en Costa Rica la importancia de invertir en I & D. No hemos propiciado el desarrollo de verdaderos parques tecnológicos y seguimos pensando solo en la manufactura. El presupuesto del Micit es uno de los más reducidos y su campo de acción, muy limitado.

Es una realidad, que no lograremos crecer con sostenibilidad, si no establecemos políticas claras en el campo educativo y la tecnología. En lo referente a nuestra CCSS, debemos buscar la mística, calidad y oportunidad en sus servicios. También debemos involucrar a los municipios en este esfuerzo. Más prevención y servicios primarios con estándares de calidad son básicos.

Por otra parte, no vamos a avanzar, si no apoyamos la creación de nuevas pymes, quitándoles tantas trabas. Equilibrios macroeconómicos, seguridad jurídica, apoyo a la inversión extran-jera e instituciones sólidas son claves para el empleo. En conclusión, solo si establecemos una agenda nacional con el apoyo de todos los principales actores sociales y políticos, lograremos reducir la preocupante brecha social en nuestra sociedad.

El nuevo Gobierno tiene todo el apoyo para lograr hacer el cambio y establecer nuevas políticas en el campo educativo y tecnológico, inversión, clima de negocios, salud y apoyo a una sociedad más transparente, justa y humana. Actuemos rápido, antes de que se deteriore más nuestra resquebrajada sociedad.

Lo que hizo Finlandia, debe llamarnos a reflexionar.

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