Opinión

Filípica sobre el rey Felipe (el uno y el otro)

Actualizado el 30 de junio de 2014 a las 12:00 am

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Filípica sobre el rey Felipe (el uno y el otro)

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Bajo el título de “Cuestión real”, hace un año ponderé unas reflexiones en torno a esa materia, inusual por lo menos en Costa Rica. No sospechaba entonces que, por desarrollos muy actuales, volvería sobre el tema.

Preparando apuntes, me encuentro, además, con que el dramaturgo Ionesco, en 1957, estrenó una obra en la que gran parte de sus habitantes se ha convertido en rinoceronte: de ahí, el título de la obra… ¿Involuntario presagio respecto de un rey que acaba de abdicar? En 1962, el mismo dramaturgo también presentó El rey se muere , cuya temática sigue vigente: reyes o no, todos estamos frente a una crónica de una muerte anunciada… y más vale no solo creer en ello, sino prepararse.

Una simpleza. Pero no pretendo ser pájaro de mal agüero ni caer en la simpleza que leí en estos días, como aquella desde una revista argentina que postula que, “por respeto a nuestra especie, por un decoro mínimo que debemos tener, no podemos dejar pasar esta aberración de las monarquías como un dato insignificante”. Pero, che, ¡no estamos hablando de Argentina!

También en la prensa local leí que “Carlos V de España abdicó en 1555”. Pues no: la dominical revista refiere a Carlos I de allá. Va, pues, una filípica contra esos que, en la función educativa del periodismo, inducen al error. Es lo que Demóstenes le hizo a aquel otro Felipe, rey de Macedonia: una fuerte invectiva, una censura acre. Y, ya que estamos en esas, no todas las epístolas de San Pablo a los filipenses eran filípicas, pero no faltaron…

Casualidad. Pues sí, en contra de otros ingenuos que, donde sea, quieren mandar a todos los reyes a la guillotina en pleno siglo XXI, qué casualidad: en dos países de cierto peso en la Unión Europea, sendos vástagos de monarcas toman el relevo con idéntico nombre: Felipe. El belga le lleva “ventaja” al español en dos aspectos: nacido en 1960, tiene ocho primaveras más y ya está por cumplir un año en el trono.

Echen aunque sea una miradita a Wikipedia y constatemos cuántos países nada atrasados van regidos por este sistema. Desde luego, ya no tienen que ver con el absolutismo y, por si acaso alguien quedara tentado, ese “bretecillo”, pues ¡no es ninguna sinecura! ¡Qué trabajo! Más, mucho más libertad tiene un simple ciudadano: que el protocolo, las formas, tantas obligaciones de ser, parecer y aparecer… ¿Privacidad? ¡Ni en la alcoba: paparazzi por doquier! Respeten, por favor, incultos incautos. No es barato, pero si por esa vía vamos: botemos las democracias, votemos por la dictadura…

Formidable inversión. En Gran Bretaña y en otras partes, la monarquía constituye una formidable inversión (¡y que se acuerden los escoceses!). En España y Bélgica sigue siendo símbolo viviente de estabilidad y cohesión estatal: largo de explicar en aldeas con poco o nada de historia. En mi tierra de origen, el mismo partido “anti-realista” ya se ha dado cuenta de que el separatismo no es ninguna solución, que, en un solo Estado federal, caben dos naciones y que la unión sigue haciendo la fuerza.

Vuelvo al inicio: que esos reyes de turno, de nombre Felipe, lo tomen como una admonición. Nada de cazar “rinocerontes”: si como representantes no se muestran a la altura (puede volver a pasar), Ionesco tendría razón: entonces, no solo muere el monarca, sino la monarquía también.

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