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Filadelfia: festival de oradores

Actualizado el 02 de agosto de 2016 a las 12:00 am

En tiempo de antipolítica, el gran discurso de plaza pública ha perdido espacio

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Había olvidado la elocuencia de Bill Clinton, su enorme capacidad para deleitar, conmover y persuadir. Su participación en la convención del Partido Demócrata en Filadelfia actualizó esta percepción con un discurso de perfil bajo.

Evitó hablar de él, se dedicó a aumentar la favorabilidad de Hillary haciendo el contraste con Trump, al presentarla como una persona tranquila, auténtica, compasiva, confiable, consistente y dedicada a la acción política eficaz.

La persuasión es un arte viejo, estudiado desde Aristóteles, quien en la Retórica analizó las tres formas de persuasión que un orador debería usar: la que se basa en la credibilidad ( ethos ), la que considera las emociones y la psicología de los oyentes ( pathos ) y la que se apoya en los patrones de razonamiento ( logos ).

En su discurso del 26 de julio, Clinton trató de convencer a la audiencia norteamericana dibujando cuidadosamente la trayectoria de su esposa Hillary como activista social y estadista, estableciendo el valor del ejemplo para lograr credibilidad. La gente se conmueve no solo por el argumento racional bien articulado ( logos ), sino también por la inspiración que se produce del examen de las vidas de los otros.

La tribu humana acude desde hace mucho tiempo al ejemplo para persuadir. La Iglesia católica recurre a las vidas de los santos para inscribir sus valores en las almas de los creyentes, aunque también persiste en la argumentación filosófico-teológica (Suma Teológica) para lograr la conversión y adhesión de sus fieles (logos).

Neurociencia. Los humanos no nos movemos a la acción exclusivamente por la belleza del argumento y el valor intrínseco, sustantivo, de sus contenidos, somos más complicados. Las neurociencias muestran que los procesos decisorios, desde los más simples hasta los más refinados, están profundamente preñados por las emociones.

El cerebro humano no se limita a la actividad del córtex, nuestra mente viaja también por el cerebro límbico, regulador de las emociones básicas (placer, miedo, agresividad).

Las neurociencias demuestran, estudiando la actividad cerebral, que solo se aprende lo que adquiere significación para el sujeto, lo que llama la atención y genera emoción, lo que sobresale, rompiendo la monotonía del paisaje. El orador elocuente tiene que hacer uso de todos los recursos.

El ethos, la edificación de héroes convence por la vía del ejemplo, pues hace creíble, real la propuesta de quien habla. El pathos, el recurso a las emociones, produce amor, alegría, resentimiento o rebelión. El razonamiento bien articulado, desde las premisas hasta la conclusión, encanta con la belleza del silogismo, aunque también puede llevar oculta la desviación de la falacia.

Charla con la audiencia. La elocuencia de Bill fue extraordinaria, el tono suave de conversación fue un elemento de estilo muy importante; el expresidente no llegó a dar un discurso de plaza pública, sino a charlar con su audiencia. Clinton es un gran cuentacuentos y llegó a contar uno: la vida de su esposa y su recorrido conjunto, asimilándolo al de cualquier pareja, con accidentes en el camino, pero un camino compartido, desde que la vio en la universidad en la primavera de 1971 y le propuso matrimonio en tres ocasiones.

Contar la historia ( story telling ) es una vía para persuadir, aproximándose así a la experiencia cotidiana de la gente común, aunque la vida de la pareja Clinton no sea nada común.

Utilizando esta ruta, William Clinton despolitizó su discurso, aunque tuvo una profunda significación y consecuencias políticas. En tiempo de antipolítica, el gran discurso de plaza pública ha perdido espacio frente a la persuasión orientada por las emociones y el ejemplo de vida, una imagen y un relato valen más que mil silogismos.

Objetivos. El eficaz esfuerzo persuasivo tenía dos objetivos políticos claros. Por una parte, humanizar con detalles de la intimidad de Hillary, quien es vista por muchos como una mujer fría y calculadora. Las anécdotas familiares y detalladas, la dedicación a los amigos, la lucha por los derechos de las mujeres y de los más débiles fueron el argumento emocional utilizado para construir la imagen de una mujer cálida y comprometida con las mejores causas, una mujer que no se rinde y que no abandona a los suyos.

Por otra, enfrentar el riesgo del desafío Trump, quien después de dos gobiernos demócratas trata de posicionarse como la opción del cambio en una situación de incertidumbre global y nacional.

El exgobernador de Arkansas trató de demostrar que la única opción de cambio real era su esposa ( change maker ) y que los republicanos han tratado de elaborar una caricatura de la exsecretaria de Estado que no corresponde con la realidad.

El discurso del expresidente vino a ser complementado al día siguiente por oradores extraordinarios. Joe Biden lanzó su artillería más pesada contra Trump y trató de arrebatarle, acudiendo a sus orígenes de clase trabajadora, el apoyo que la clase obrera blanca, golpeada por la recesión, ha venido otorgando al magnate neoyorquino. Michael Bloomberg, exalcade de Nueva York, ridiculizó a Trump y llamó a votar a los independientes. Tim Kaine, algunas veces en español, asumió plenamente su condición de candidato vicepresidencial y dirigió los obuses más fuertes, interactuando repetidamente con el público, contra la credibilidad de un Trump que pide le crean, pero no ofrece propuestas concretas.

El gran final vino con el discurso de Barack Obama,que ameritará otro artículo para el análisis de su presidencia y de su personalidad política.

Obama, carismático, apasionado, inspirador y optimista, con una gran dignidad, entregó el relevo. Un estadista con visión y enfoque filosófico de la situación nacional y mundial, reforzó brillantemente la argumentación en favor de Hillary, abriendo las últimas fases de una campaña electoral que se esboza encarnizada y cuyos resultados tendrán influencia más allá de las orillas del Potomac, particularmente en las relaciones con sus vecinos del sur.

El autor es politólogo.

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