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Exclusión y algo más

Actualizado el 24 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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El Instituto Gottlieb Duttweiler (GDI) ha publicado un ranquin de los pensadores más influyentes de la actualidad, en el que sitúa a tres filósofos en los primeros cinco lugares, y el cuarto es un sociólogo que en sus obras desarrolla amplios contenidos filosóficos.

No merece una misa. Frente a este resultado conviene tener presente que algunos filósofos participan en ámbitos importantes del quehacer intelectual-investigativo, y en no pocas oportunidades se les ve cercanos al poder socio-político o ejerciéndolo en forma directa. Lo anterior, debido a las disciplinas que estudian y a su probada capacidad para elaborar cosmovisiones generales sobre la condición humana, las coyunturas históricas y organizacionales.

Toda política, toda ideología, toda economía, toda cultura, sea en el ámbito operativo o especulativo, encierra de modo implícito y explícito, consciente e inconsciente, alguna filosofía. De ahí que la filosofía, a pesar del lugar común que la conceptúa como algo abstracto y “teoricista”, es en realidad una actividad vinculada estrechamente a las distintas prácticas sociohistóricas, y ella misma es una práctica esclarecedora de indudable valía. A la luz de lo dicho, el resultado arrojado por la investigación del GDI no sorprende, y no merece una misa.

Criterios de selección. De lo que sí cabe dudar es de los criterios de selección utilizados en el ranquin del GDI. La construcción de ese ranquin depende de las asimetrías asociadas al desarrollo socioeconómico de los países y regiones, así como de las estructuras de poder político-cultural. Esto explica que, en la lista de los 100 pensadores más influyentes, la aplastante mayoría sea de Europa y de Estados Unidos.

La civilización judía, la ortodoxa, china, africana, latinoamericana, islámica y la japonesa brillan por su absoluta ausencia, o casi absoluta, en indicadores que extraen su información de una infosfera diseñada en función del mundo de habla inglesa, y que toma como variables la cantidad de veces que se sigue a ciertas personas en Youtube y Twitter, o la cantidad de citas de y sobre una persona en blogs y en la wikiesfera, como si dar un clic en el ordenador, mirar un video, ir a un link y conectarse a una comunidad virtual fuera igual a leer, escuchar, interiorizar, comprender, dialogar, debatir y practicar ideas, que es, en sentido estricto, lo que configura el liderazgo de los pensadores y sus conceptos.

No se debe confundir el pensamiento y su influencia con la actividad en el ciberespacio, y menos con lo que se hace en una parte reducida del planeta donde se habla inglés.

América Latina. Sobre los latinoamericanos que entran en la lista de líderes con mayor influencia global, me interesa compartir algunas observaciones sobre los casos de Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, a fin de vincular esta reflexión con el asunto de la gestión editorial multinacional y su influencia en la visibilidad global, incluido el ciberespacio, de la producción intelectual y artístico-humanista de América Latina.

Tómese en cuenta que Vargas Llosa desarrolla desde hace muchos años, casi desde los inicios de su carrera literaria, una intensa actividad pública en Europa y Estados Unidos, que Gabriel García Márquez cautivó al Viejo Continente con Cien años de soledad y que el ascenso de la literatura latinoamericana obedeció, en buena parte, a estrategias de mercadeo del mundo editorial europeo.

Estos hechos influyen en los resultados de cualquier índice sobre liderazgo cultural e intelectual, y continuarán haciéndolo con mayor intensidad cuando se desarrollen las consecuencias de la compra de Santillana Ediciones Generales –incluida la Editorial Alfaguara– por Penguin Random House (PRH), cuyas empresas matrices son Bertelssmann y Pearson. Mediante esta adquisición, PRH se transforma en una estructura editorial clave en relación con la producción científico-tecnológica y artístico-humanista de América Latina. El otro conglomerado editorial competidor de PRH, también esencial, es el Grupo Planeta, y ambos están interesados en obtener ventajas competitivas en Latinoamérica.

¿Qué significa esto? Que la presencia global de la producción intelectual y creativa de esta región, así como sus impactos en la actividad de los cibernautas, pasa por los pasillos de consejos editoriales multinacionales y estrategias de comercialización global; y que los escritores, artistas y ensayistas de aquí han de realizar esfuerzos superlativos, muchos ajenos a su oficio, habilidades y méritos, para ubicarse en redes editoriales, comerciales y electrónicas donde los intereses creados son abundantes, complejos y originados en circunstancias distintas a las propias.

Priorizar la calidad. El hecho de que existan filtros globales de producción científico-humanista y editoriales multinacionales no es negativo. Todo lo contrario: se trata de estructuras de gestión que favorecen la globalidad multicultural y pluriétnica, la diversidad de ideas, propuestas e investigaciones, pero puede convertirse en un fenómeno contraproducente, si se sacrifica la calidad de los bienes y servicios a cambio de privilegiar los gustos y preferencias en los mercados de venta, máxime cuando buena parte de esos gustos y preferencias no se forman a partir de los comportamientos soberanos de las personas, sino sobre la base de la publicidad y las tácticas de mercadeo que modelan el perfil del consumidor.

Lo más lamentable de esta situación es que en las aulas y en los hogares, en los centros de trabajo y en las reuniones de amigos, abundan las citas de libros y autores creados en tubos de ensayo para el consumo masivo de lo que Guy Debord –y, luego, Vargas Llosa– denominó la “sociedad del espectáculo”, donde el ser se corrompe en el tener, el tener termina en un simple parecer y el parecer acaba en un circo que equivale a nada. En ese circo, creado con publicidad, se compran bienes y servicios culturales, pero no se interiorizan sus contenidos: Así, por ejemplo, existen coleccionistas de libros (novelas, cuentos, ensayos, etc.) que no han leído ni uno, los coleccionan y, luego, actúan, en el éxtasis de las apariencias, como si en realidad los conocieran. Cinismo completo.

¿Es factible sortear las trampas del circo? Sí. ¿Cómo? Priorizando la calidad de las obras publicadas y, simultáneamente, esforzándose para que las tendencias de los mercados de consumo se basen en los comportamientos autónomos y soberanos de los consumidores. Esto no debilita la importancia de las ventas, la publicidad y los mercados, sino todo lo contrario: favorece tales variables en tanto estimula el entretenimiento y el espectáculo sin sacrificar ni manipular la inteligencia y la sensibilidad de los lectores.

Lo equilibrado es correlacionar variables económicas, de mercado y ventas, con calidad y profundidad, entretenimiento con conocimiento, gozo con eficacia, intereses creados con desprendimiento. ¿Utópico? No lo creo. Requiere, eso sí, un cambio mental y de gestión empresarial.

Tres deseos. Termino con tres deseos. Que en Latinoamérica se diseñen índices globales de liderazgo sin exclusiones ni exclusivismos; que la filosofía no se convierta en un artículo inofensivo para el consumo epidérmico en Youtube, Twiter y otros laberintos del ciberespacio, y que la producción científico-tecnológica y artístico-humanista de la región alcance el impacto internacional que merece y la globalidad necesita.

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