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Esquizofrenias de la globalización

Actualizado el 23 de junio de 2008 a las 12:00 am

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Esquizofrenias de la globalización

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Estas semanas dos países –Sudáfrica e Italia– han saltado a primera página por problemas en torno al tema de la inmigración. ¿O será por el de la xenofobia? ¿O acaso por el de la imposibilidad de manejar los temas del desempleo, desigualdad y pobreza en economías relativamente pujantes?

En el caso sudafricano, –una potencia regional–, el horror incluye, además de violencia con las casas y linchamiento de personas extranjeras, asesinatos de decenas de estos, algunos quemados vivos. “¡Inmigrantes, fuera a patadas!” era uno de los gritos de los atacantes, según la prensa. Lo llamativo es que muchos de estos violentos procedían también de áreas pobres. Eran pobres contra pobres, negros contra negros, azuzados por la creencia de que los inmigrantes eran criminales, que venían a quitarles sus puestos de trabajo y sus viviendas. En algunos casos, se dice, la única manera como los agresores podían reconocer y atacar a sus víctimas era por su acento.

Pero las llamas también se prendieron en Italia. En Nápoles fueron quemados varios campamentos de gitanos sin lograr de algún ministro de gobierno más comentarios que la afirmación de que su país pide seguridad y hay que dársela, o que la gente alcanza lo que los dirigentes no pueden.

Penalización. Lo que más alarma es la reciente aprobación gubernamental de una serie de medidas que incluyen la clasificación de la inmigración ilegal como delito, la penalización agravada en un tercio de los sin papeles que infrinjan la ley; los poderes dados a los alcaldes para controlar y expulsar a los extranjeros; la posibilidad de retener a los sin papeles en centros temporales hasta por 18 meses.

Como afirman analistas cercanos, muchas obligaciones y ningún derecho para los inmigrantes: restricciones a la entrada, la libre circulación y los derechos de los ciudadanos extranjeros que residen en el país; para el reagrupamiento familiar, para quienes pidan asilo político, y riesgos serios de cárcel, multa y de la confiscación del inmueble. para quienes alquilen casas a extranjeros sin papeles.

¿Y la reacción del resto de países de la Unión Europea? Un comentario crítico de la vicepresidenta española rechazando la violencia, el racismo y la xenofobia, y, por tanto, no compartiendo lo que sucede en Italia, casi suscita un incidente diplomático y la reacción indignada del Ministerio de Relaciones Exteriores italiano.

Por su parte, la propia España también se debate entre posiciones encontradas y prácticas migratorias rígidas y algunas hasta de mal- trato para visitantes latinoamericanos.

El propio secretario de Estado español para la UE expresó una posición ambigua ante las nuevas disposiciones italianas, comentando que el convertir en delito la inmigración ilegal, podría desviar los flujos migratorios a los países vecinos, incluido el suyo propio. Ciertamente, abogó por que la política común europea sea dialogada y reflexionada con el resto de países de la Unión.

Ahí están, sin embargo, en contradicción con esas tímidas críticas, las propuestas de un “contrato de integración” para ser firmado por los inmigrantes en España que ha sido seriamente criticado por promover la estigmatización y pérdida de identidad de estos, y por no favorecer la integración y la convivencia, sino su asimilación.

Compromiso. Aunque Sudáfrica no quede a la vuelta de la esquina y los países europeos defiendan celosamente su soberanía al legislar, la dinámica globalizadora no permite pensar que Costa Rica pueda mirar los toros desde la barrera como si nada de esto nos afectara. Estamos metidos en la misma economía global cuya lógica no es ajena a estas grandes corrientes migratorias que, al decir de Manuel Castells, apenas están empezando.

Estamos también comprometidos con el resto de Centroamérica en la negociación de un acuerdo de asociación con la Unión Europea y esa es una coyuntura única para replantear el tema del libre movimiento de personas entre los países signatarios. No es ignorando el tema como desaparece el problema, y sería vergonzoso que los meros intereses comerciales hicieran a nuestros negociadores mirar hacia otro lado en relación con estas materias, tanto más por estar en el 2008, cuando se cumplen sesenta años de la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Comprometerse en serio en una defensa efectiva de los derechos de los migrantes sería para Costa Rica una forma ejemplar de celebrar tan importante aniversario.

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