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Esperando a Godot

Actualizado el 17 de mayo de 2015 a las 12:00 am

La pieza teatral es un acontecimiento y un esfuerzo cultural de primera importancia

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Esperando a Godot

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Vivimos en estado de espera. Se espera al Mesías. Se espera el Reino de los Cielos; o la liberación de los oprimidos; o el fin de las injusticias. Se espera la Revolución. O el Apocalipsis. O el Jardín de la Delicia, que predica el Corán.

Dos hombres –Vladimir y Estragón– esperan a un tercero que no viene, Godot, y este hecho (aclaro que escénico) surge como una clave y un límite de todas las esperas humanas.

La pieza teatral Esperando a Godot (1952) pertenece al irlandés Samuel Beckett y a un público mayoritario, conmovido por el atractivo de una idea y de su ejecución en los términos más simples del mundo, idea y ejecución que abren la escena misma hasta su núcleo temático, esto es, el eclipse de la esperanza.

La espera o la esperanza es un modo de ser, de existir, es el modo de quien ha renunciado a la acción en busca de la verdad y la felicidad.

Y creo que Godot es parte de ese entramado; por tanto, no hay ni puede haber una revelación última y lo cierto (y que realmente descubro) es que yo también soy mi espera y que Godot es, en la mejor de las hipótesis, un puro atajo existencial.

Así, Esperando a Godot nos acerca un espejo en el que nos vemos y quizá una oculta invitación a no depender de la espera… ¡si es que tamaño acto de heroísmo fuera posible! Samuel Beckett nada dice y el libro de las interpretaciones queda abierto.

En estos días, tres grandes personalidades de las tablas costarricenses –el director Luis Fernando Gómez y los actores Óscar Castillo y Rodrigo Durán Bunster– representarán la pieza de Beckett en el Teatro Nacional.

Se trata de un acontecimiento y de un esfuerzo cultural de primera importancia.

Ni lo dude.

El autor es escritor.

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