Opinión

España: ¿monarquía o república?

Actualizado el 30 de junio de 2014 a las 12:00 am

Opinión

España: ¿monarquía o república?

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

España es la gran empresa emprendedora que estiró sus fronteras transformando cerradas noches en abiertos días acrisolados con esperanza cautivadora. Fe cristiana, idioma y espada…: señales dominadoras para un imperio sin límites donde el Sol no cesaba de iluminar.

El prusiano Otto Von Bismarck (1815-1898), estadista de la unidad alemana, lo sentenció con rotundidad: “La nación más fuerte del mundo es, sin duda, España. Siempre ha intentado autodestruirse y nunca lo ha conseguido. El día que dejen de intentarlo, volverán a ser vanguardia del mundo”.

En la España de hoy, con el relevo, acaso generacional, de su monarquía, surgen voces discrepantes que piden referéndum para instalar la república. ¿Autodestrucción o libre discrepancia?

En la bandera española queda dilucidado el tema. Desde 1785 los colores de la enseña nacional son rojo en las bandas y gualda al centro. Hubo un cambio republicano entre 1930 y 1935 para variar la franja inferior, quitando lo clásico para establecer el morado. En las protestas de izquierda radical son habituales los distintivos republicanos con tres matices: rojo, amarillo y morado.

La guerra “incivil” de 1936 a 1939 dejó un saldo de un millón de muertos y 50 años de retroceso. Y una dictadura de cuatro décadas. En la sangrienta pelea de hermanos contra hermanos, se enfrentaban, igualmente, ambas banderas. La republicana salió derrotada.

Muerto el dictador, Caudillo Franco, se produjo la Transición, fórmula aceptada por todos, instalándose, para quedarse, la democracia plena. Juan Carlos I, rey moderador de un régimen parlamentario. Heredero del franquismo, es cierto, pero, al tiempo, regulador equidistante en un país cuyos rescoldos de la fratricida contienda no habían desaparecido.

En dicho popular, las maniobras apaciguadoras del Rey evitaron que los españoles siguieran dándose ¨hostias¨. Tan amigo Juan Carlos de Santiago Carrillo, líder comunista, como de Manuel Fraga, exponente de derecha. Ambos resumidos, por palacio, en la figura centrista de Adolfo Suárez. Los tres ya fallecidos.

El retiro. Frágil de estructura física, a los 76 años de edad, el ya exrey acumuló además un desgaste de popularidad que colocó en entredicho a la Corona. Sus anónimas incursiones nocturnas, a bordo de una moto con casco alcahuete, para visitar alcobas de ocasión, sello clásico de los borbones, pasaron a ser comidilla general. Y, por añadidura, surge el publicitado accidente en la cacería de elefantes en Botswana, acompañado por la bella rubia, amor de temporada… Cerró el ciclo de 39 años de reinado.

Y viene Felipe VI, joven de 46 años, con incógnito futuro en medio de crisis y frente al desafío chulesco de unos figurones que buscan separar a Cataluña de España, en defensa de particulares intereses. Para ello, engañan, mienten, inventan… con aires populistas, tratando de embaucar a ilusos nacionalistas. Patrioterismo barato. El Viejo Continente se prepara para la formación de los Estados Unidos de Europa, y un grupo delirante se aparta del rumbo común, para formar un minúsculo conglomerado planetario, aislado del mundo real.

También el joven monarca debe dar la cara al fuerte desafío de la izquierda, que plantea la necesidad de un referéndum para que el pueblo determine si monarquía o república, a tenor de la abdicación de Juan Carlos y la continuidad de su hijo. El Congreso y el Senado rubricaron, por amplísima mayoría, el traslado de potestades monárquicas. Y el poeta José María Pemán lo dejó escrito: Espera, siempre espera / ya pasará el invierno / los reyes y las flores / tienen algo de eterno / como la Primavera.

Tiempo nuevo. El 19 de junio juró el cargo el nuevo rey, Felipe VI, ante la representación popular, centralizada en diputados y senadores. En el posterior recorrido, cuerpo al viento, por las calles madrileñas, el pueblo soberano se volcó a vitorear a quien proclamó la monarquía renovada para tiempo nuevo.

Todo depende del cristal con que se mire. monarquía o república son definiciones y acciones diferentes relativas a lugares distintos. Y distantes. El maestro Luis María Anson ofrece la correcta versión de las apreciaciones, para distanciarse de las meras causales políticas. El radicalismo anti-sistema aboga por la república, sin medir las contradicciones del propio estilo comunista (ejemplos: Corea del Norte, Cuba y hasta… Venezuela). Sucesiones a dedo y parentesco de por medio.

Si comparamos la república austríaca con la monarquía de Arabia, respuesta inequívoca: Austria. Pero si interrogamos sobre la monarquía danesa o la República de Cuba, la réplica abrumadora es a favor de Dinamarca.

En la relación que hace la ONU sobre las 200 naciones del mundo con mayor calidad de vida, desarrollo y libertad, encontramos que entre las diez primeras se hallan siete monarquías. Entre las quince primeras, once monarquías parlamentarias. España ocupa el noveno lugar entre ellas.

Es innegable que las monarquías democráticas europeas y asiáticas se encuentran entre los países políticamente más libres del mundo, socialmente más justos, técnicamente más desarrollados, culturalmente más progresistas.

Especular lo preferible, entre monarquía o república, es como batallar desnudos en el mar donde las ideas se hunden frente al menor oleaje frontal. La verdad no dispone de rivales: cada quien en su casa y Dios en la de todos.

  • Comparta este artículo
Opinión

España: ¿monarquía o república?

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota