Opinión

Eric Scharf: El mito del odio y la intolerancia

Actualizado el 13 de mayo de 2015 a las 12:00 am

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Eric Scharf: El mito del odio y la intolerancia

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El 11 de agosto del 2014, el periodista danés Asger Juhl se puso una kipá –gorra tradicional de la religión judía– y caminó por las calles de Copenhagen. Aunque Juhl no es judío, quería comprobar si los reportes sobre el incremento del antisemitismo eran reales. En menos de media hora, Juhl había sido rodeado por un grupo de diez hombres, que lo acosaron y amenazaron. La única forma de escapar de una golpiza fue confesando que no era judío.

El año 2014 ha sido uno de los peores en las últimas décadas en lo que se refiere a eventos antisemitas. En algunos países, principalmente de Europa y Norteamérica, se registraron más de mil incidentes de distinta naturaleza, que generaron un ambiente incierto y hasta peligroso para los judíos del lugar. Esto incluye eventos violentos, ataques personales, expresiones de odio en las redes sociales y otros medios, insultos, amenazas, grafitis y daños o destrucción de infraestructura comunitaria.

Ese incremento del antisemitismo se ha manifestado de dos maneras: el “clásico” antisemitismo basado en estereotipos y prejuicios contra los judíos –difundido por el régimen nazi hace 70 años y, hoy día, por muchos movimientos de extrema derecha– y el “nuevo” antisemitismo, más “políticamente correcto”, disfrazado de un supuesto antisionismo o antiisraelismo –que promueven algunos grupos de extrema izquierda–.

Es extraña la desproporción entre la gravedad y cantidad de los eventos antisemitas, y la cantidad de judíos viviendo en muchos de esos países. También sorprende el intenso debate que genera el rol del Estado de Israel en Medio Oriente, comparado con el silencio cómplice en relación con otros conflictos aún más serios en esa zona geográfica.

Finalmente, es alarmante como, según se desprende del reciente estudio realizado por la Liga Antidifamación, el 70% de las personas con sentimientos antisemitas admitieron nunca haber conocido a un judío.

Eso demuestra que el antisemitismo se basa principalmente en ignorancia, odios irracionales, agendas paralelas y en la hipócrita doble moral que demanda estándares más exigentes a los judíos que a otros grupos sociales. Por todo lo anterior, el Gobierno de Israel organizó para esta semana el Quinto Foro Global de Combate contra el Antisemitismo, con el propósito de definir políticas internacionales y un plan de acción adecuado ante la situación descrita. En la actividad, participan políticos, jueces, legisladores, académicos y representantes de la sociedad civil de muchos países.

Contexto actual. Aunque el incremento del antisemitismo pareciera revivir la Shoá –el Holocausto–, hay diferencias importantes entre ambos momentos históricos.

Hace 70 años el antisemitismo fue orquestado por el Estado, mientras que hoy muchos gobiernos dedican leyes y políticas para enfrentarlo. Además, las generaciones actuales conocemos del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial y otros genocidios, por lo que somos más sensibles a denunciar manifestaciones de esos abominables eventos históricos. Finalmente, a diferencia de la época de la Alemania nazi, hoy existe el Estado de Israel, como resultado del derecho de autodeterminación del pueblo judío.

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, dijo una vez: “Había dos mitos sobre el antisemitismo. El primero es que desaparecería después del Holocausto. El segundo es que desaparecería después de la creación de un Estado judío. Ninguno de los dos se cumplió”. Desafortunadamente, mitos similares existen sobre otros odios contra distintos grupos sociales. ¿Cuándo aprenderá la humanidad a desprenderse de esa irracional intolerancia contra el prójimo?

(*) El autor es miembro de la Comunidad Judía Costarricense

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