Opinión

EDITORIAL

Epílogo de una guerra

Actualizado el 31 de agosto de 2014 a las 02:40 pm

Las críticas desatadas en Israel tras el conflicto en Gaza se centran en que el país quedó como antes del inicio de las hostilidades

Dentro de un mes, si todo sigue tranquilo, habrá un ciclo de negociaciones en torno a temas difíciles que no se resolvieron en el limitado marco del cese de fuego

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El rugir de los cañones y de los bombardeos aéreos ha cesado en la franja de Gaza. Una tregua detuvo, por ahora, una guerra cruenta, una más de las varias libradas entre Israel y el régimen de Hamás que domina Gaza. La mecánica en todas es conocida: Hamás, un movimiento calificado de terrorista por Occidente, provoca, mediante cohetes e incursiones directas, enfrentamientos bélicos con Israel.

Desde luego, la carne de cañón son los palestinos que habitan ese estrecho territorio, un mini-Estado colindante con Israel, el desierto Sinaí y el Mediterráneo. La pesca, pequeños negocios y misceláneos son las actividades mercantiles por excelencia. Un caudal de asistencia externa provee escuelas y clínicas. Un aspecto curioso es que algunas figuras de la cúpula de Hamás no viven en Gaza, sino en lujosos hoteles en Catar, por cortesía de su Gobierno. De esta forma, sin arriesgar el pellejo, dirigen guerras y el destino misérrimo de los gobernados, es decir, de los palestinos que han sembrado sus raíces en Gaza.

Un detalle esclarece la historia política de ese conglomerado, ocupado por Israel hasta el 2005, cuando el jefe de gobierno, Ariel Sharón, decidió retirarse y dejar el manejo del lugar a los palestinos. Sharón consideraba que Gaza podía transformarse en una especie de paraíso libre de impuestos para turistas e inversionistas. Lamentablemente, la historia corrió con un desenlace muy distinto. La Autoridad Palestina, que gobierna los territorios antes regidos por Israel, fue excluida de Gaza por Hamás, que instaló su régimen poco después del 2005. Los ensayos de reconciliación fatalmente han fracasado.

En cuanto a la guerra reciente, una cadena de episodios escaló tensiones con Israel, principalmente la lluvia de cohetes sobre el país que afectaron la zona sur, además de las principales ciudades israelíes. La situación persistió y llevó al primer ministro, Benjamín Netanyahu, a movilizar el Ejército y las demás ramas de la Defensa. De esta forma se precipitó la compleja guerra ahora suspendida por la tregua auspiciada por Egipto. Se convino que, dentro de un mes, si todo sigue tranquilo, se desarrollará un ciclo de negociaciones, en El Cairo, en torno a temas difíciles que no se resolvieron en el limitado marco del cese de fuego, incluyendo la desmilitarización de Gaza demandada por Israel.

Hamás proclamó de inmediato una victoria inédita. Por su parte, en Israel, el desahogo de la ciudadanía fue seguido por un ciclón polémico en torno a las decisiones estratégicas de Netanyahu. El apoyo al primer ministro en los inicios de la guerra rondaba el 80%. Conforme se prolongaban los combates, el respaldo cayó al 38%. Las voces acusadoras de ineptitud saltaron por toda la escala, desde la izquierda hasta la derecha, incluidos miembros del gabinete gobernante.

Netanyahu señaló que “mil terroristas de Hamás murieron, muchos de ellos comandantes”, y “miles de arsenales de cohetes y otras armas fueron destruidos junto con centenares de centros de mando y túneles. Demandaban (para la tregua) un aeropuerto, que las negociaciones se realizaran dirigidas por Turquía y Catar, millones de dólares de compensación y salarios, y la liberación de terroristas. Y nada de esto consiguieron”.

El apoyo de Washington y las principales potencias europeas se mantuvo, pero las críticas de figuras israelíes se centran especialmente en que Israel quedó como antes de la guerra. El canciller hebreo declaró que “en tanto Hamás controle Gaza, no habrá seguridad para las familias en el sur de Israel” y “no puede pactarse con vulgares asesinos”.

La conclusión de numerosos comentaristas es que una nueva guerra se librará en años cercanos. En todo caso, el desafío para Netanyahu será reconquistar el respaldo de importantes sectores de la ciudadanía. La dura tarea política se ve inescapable. Y, en el frente internacional, la labor no será menos difícil.

Los milicianos de Hamás se desenvolvieron mejor que en las guerras previas. Hamás también mejoró la calidad de sus armamentos. Por el lado israelí, los grandes avances en las defensas antimisiles resultan impresionantes. No obstante, las miles de muertes de esta guerra hace añorar el momento en que los avances no sean militares, sino humanitarios.

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