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Enrique Obregón: Alianzas políticas

Actualizado el 21 de mayo de 2015 a las 12:00 am

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Enrique Obregón: Alianzas políticas

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En ocasiones, las alianzas políticas pueden ser convenientes, y obligatorias, cuando un resultado electoral impide gobernar. Hay alianzas pasajeras, efecto de una coyuntura política, y alianzas duraderas, consecuencia de condiciones históricas tradicionales.

En este último caso, la alianza semeja un superpartido. Alianzas de unas y de otras las hemos visto en Inglaterra, Holanda, Italia y Alemania. Y hay alianzas permanentes, de una sola motivación, como la de los Estados Unidos y su política exterior, que es aceptada siempre, por los demócratas y por los republicanos.

Pero existe algo que a todas las distingue: las coaliciones o alianzas se dan entre partidos. Son los representantes de estos los que suscriben el acuerdo con los de otro u otros partidos; generalmente, gestionadas por el partido gobernante.

Dos alianzas significativas las hemos apreciado en los últimos años, en Alemania y en Israel, y encontramos en ellas un denominador común, que confirman lo sucedido con acuerdos semejantes en otras épocas: las políticas, tanto nacionales como internacionales, las impone el partido gobernante.

Esta es una de las consecuencias del cogobierno que obliga al partido de oposición que pacta a someterse a políticas que no forman parte de su entorno ideológico. Como en Israel, que el partido socialista ha ocupado la presidencia del Estado, pero quien manda es el presidente de Gobierno, que es conservador. O como en Alemania, que primero la alianza de Angela Merkel fue con los liberales, y ahora con los socialdemócratas. De esta primera alianza, los liberales terminaron totalmente derrotados después, y desaparecieron de la escena política de máximas decisiones; y en cuanto a los socialdemócratas, silenciados en cogobierno, con la amenaza de una nueva y apabullante derrota.

En este tipo de alianzas, opera la siguiente regla: si un partido conservador en el Gobierno logra alianza con un partido progresista, el conservador se fortalece y el progresista se debilita, entre otras razones, porque fue anulado como partido de oposición.

Resultado para la oposición. Independientemente de si estas alianzas han sido buenas para esos países, el resultado político para los partidos de oposición aliados con el partido gobernante es su marginación, al no ser gobierno ni oposición, situación de forzada neutralidad que puede terminar en próximos fracasos electorales.

Las coaliciones políticas pueden ser necesarias, y hasta imprescindibles, pero siempre peligrosas, sobre todo para los partidos de oposición. Por esta razón, cuando de alianzas políticas se trata, los únicos con autoridad y responsabilidad para suscribirlas son los máximos dirigentes de cada partido. Todo acuerdo ajeno a esta alianza entre partidos políticos (como el reciente en nuestro país entre grupos parlamentarios) es solamente un acto que está lejos de una política recomendable al presentar, además, una tendencia hacia una mayor confusión nacional.

La alianza de la fracción del Partido Liberación Nacional con otros diputados de oposición, para arrebatar al partido gobernante la dirección del Poder Legislativo, no es cogobierno. En el pacto no está incluido el partido gobernante; pero si hubiera inteligencia política y capacidad, esa alianza podría servir para gobernar desde la Asamblea directamente, desplazando de todo poder al presidente de la República, pero no andan por ahí las directrices políticas de los pactantes.

Si no están decididos a lograr el cambio desde la Asamblea, en ausencia del cambio que estaba obligado a proponer el sector gobernante, entonces tenemos que admitir que lo sucedido el primero de mayo no pasa de ser una pequeñez.

Responsabilidad ajena. No van a cogobernar, porque no hay pacto o alianza para ello; tampoco gobernarán desde la Asamblea, pero sí dan la apariencia de realizar acciones gubernamentales, lo que implica asumir una responsabilidad que no les corresponde.

Los diputados liberacionistas debieron de haber llevado el asunto a las autoridades superiores del partido, porque solo ellas pueden autorizar un pacto como el propuesto, previa meditación y acertada respuesta: un pacto entre grupos de oposición para tomar el Poder Legislativo, sin un proyecto de gran dimensión social, ¿para qué?

Lo que procedía era ayudar al gobierno para que tomara el poder en toda su dimensión y no atravesar el caballo en mitad del camino para que no pueda pasar.

Colaborar, y no obstruir, con un gobierno de extrema debilidad, en momento de grandes necesidades sociales sin satisfacer, podría ser lo que demanda la situación actual del país.

El autor es abogado.

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