Opinión

Enrique Muñoz: La guerra anunciada de los autobuseros

Actualizado el 07 de junio de 2015 a las 12:00 am

Los usuarios deberían pagar una tarifa que se ajuste a la calidad del servicio que reciben

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Enrique Muñoz: La guerra anunciada de los autobuseros

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Los autobuseros alistan una ofensiva contra la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep). La principal molestia de viejo cuño que manifiestan dichos empresarios se relaciona con la propuesta de una nueva fórmula para calcular las tarifas de autobús.

En la tarifa, cada usuario paga por el autobús en el que le dan el servicio. El tema central es cuánto cuesta cada autobús y cuánto tiempo duran los usuarios en pagar al empresario dicha inversión. Entre más largo sea el plazo para pagar, menor es la proporción que se carga en la tarifa por este concepto.

En los últimos 20 años, las tarifas se han calculado con un modelo heredado del Ministerio de Obras Públicas y Transportes, mediante el cual los usuarios pagaron en siete años el 100% del valor de todos los autobuses que vemos en las calles.

Entonces, ¿por qué se ven autobuses viejos?

Porque el Consejo de Transporte Público (CTP) permite que estos se utilicen hasta por 15 años y porque existe un mercado de compra y venta de autobuses usados, sin importar que las unidades sustituidas hayan sido pagadas ya en su totalidad por los usuarios.

En estos casos, puede suceder que el empresario se apropie del valor que tiene el autobús al venderlo, cuando más bien este debería ser recuperado por los usuarios de la ruta respectiva, por el resto de la vida útil, con la aplicación de tarifas menores.

En muchos casos, los autobuses son comprados por pequeños empresarios rurales, quienes pagan por el bien de capital pero que no tienen derecho a que se les reconozca su inversión en la tarifa, dándose un efecto negativo de distribución de ingreso.

Tratar de cambiar el statu quo, definitivamente, no agrada al sector.

Reglas claras. La Aresep propone una nueva fórmula, muy sencilla, clara y transparente: utilizar los valores de mercado oficiales de los autobuses que el Ministerio de Hacienda calcula cada año. Si estos valores sirven para calcular el marchamo, los seguros y los impuestos, también deben servir para calcular las tarifas.

La propuesta consiste en tomar el valor de mercado de cada autobús en un año determinado y compararlo con el de ese mismo autobús en el año anterior.

La diferencia o depreciación de la unidad es el monto que pagarían los usuarios por medio de la tarifa. Ese procedimiento se emplearía durante el tiempo en que cada autobús pueda utilizarse en el servicio según el decreto ejecutivo 29743-MOPT que se encuentra vigente. Como reza el refrán: cuentas claras, chocolate espeso.

Para atender el problema que significa el crecimiento en los niveles de congestionamiento vial a nivel nacional y su impacto sobre el ambiente, el Plan Nacional de Desarrollo 2015-2018 Alberto Cañas Escalante establece como línea de acción la implementación del proyecto denominado Sectorización del transporte masivo de pasajeros.

Para alcanzar este objetivo, las inversiones en nuevos autobuses que autorice el CTP, de mayor capacidad y con tecnologías limpias, sí podrán ser reconocidas como costos legítimos para la prestación del servicio. Para eso, lo único que requiere la Aresep es el número de placa de cada autobús nuevo, con lo cual se obtiene, como ya se dijo, el valor de mercado oficial establecido por el Ministerio de Hacienda.

Claro está que las decisiones del CTP, como ente rector en esta materia, seguirán impactando las tarifas de este servicio a la hora de aprobar las condiciones de operación de las rutas de autobús (número de autobuses, cantidad de pasajeros, horarios y recorridos).

Servicio al costo. Si la tarifa se calcula con el valor de un autobús nuevo, ¿por qué los usuarios se quejan constantemente del estado de los buses?

Con la nueva fórmula, los usuarios pagarán una tarifa más ajustada a la realidad del servicio que reciben, porque se utilizará exactamente el valor de mercado de cada autobús, placa por placa, de tal manera que si los autobuses que autoriza el CTP son viejos, su valor de mercado será relativamente bajo y así se reflejará en la tarifa.

Por el contrario, si los autobuses son nuevos, su valor de mercado será relativamente alto y así se reflejará en la tarifa. Esa es la gran ventaja que hoy ofrecen los sistemas de información del Ministerio de Hacienda, al permitir a todos los ciudadanos conocer el valor de mercado oficial de cualquier autobús.

Acercar más las tarifas al principio de servicio al costo es una obligación establecida en la Ley que no debería generar molestias a los autobuseros, sobre todo cuando la nueva fórmula de cálculo de las tarifas aplicaría únicamente a los autobuses que sean autorizados por el CTP en el futuro, respetando las condiciones bajo las cuales se hicieron las inversiones en el pasado.

En definitiva, la Aresep procura un modelo de fijación de tarifas claro, simple y justo, que proteja los intereses de los usuarios y a la vez reconozca los costos legítimos y una rentabilidad razonable a los prestadores del servicio.

La propuesta se sustenta en la transparencia, la equidad y la calidad del servicio como condiciones indispensables e innegociables, en apego a los principios establecidos en la Ley 7593, Ley de la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos.

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