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Energía, economía y medioambiente

Actualizado el 10 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

Hay consecuencias económicas y ecológicas que considerar a la hora de construir represas

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LONDRES – Para asegurar un futuro con bajas emisiones de carbono y comenzar a abordar el desafío del cambio climático, el mundo necesita más inversión en energías renovables. ¿Cómo podemos llegar a ese punto? Ningún sistema de producción de energía es perfecto, e incluso los proyectos “ecológicos”, dada su huella geográfica, se deben manejar cuidadosamente para reducir la “dispersión de la energía” y sus efectos en paisajes, ríos y océanos.

La energía hidroeléctrica es uno de los ejemplos más claros de cómo la ubicación de la infraestructura de energías renovables puede tener consecuencias no deseadas. La electricidad generada por represas es hoy la fuente más grande de energía renovable del planeta, proporcionando aproximadamente el doble de todas las otras energías renovables combinadas. Incluso con una expansión masiva de los proyectos de energía solar y eólica, la mayoría de los pronósticos suponen que alcanzar las metas mundiales de reducción de los efectos climáticos requerirá al menos un aumento del 50% en la capacidad hidroeléctrica para el 2040.

A pesar de todo el potencial que promete la energía hidroeléctrica, hay considerables consecuencias económicas y ecológicas que considerar a la hora de construir represas. Las barreras que restringen el flujo de agua son particularmente perjudiciales para el sector de las granjas acuícolas continentales, por ejemplo. Más de seis millones de toneladas de pescado se cosechan anualmente en cuencas hidrográficas para las que existen proyectos de desarrollo hidroeléctrico. Sin una planificación adecuada, podrían poner en peligro una fuente clave de alimentos e ingresos para más de 100 millones de personas.

Las consecuencias como estas no siempre son evidentes cuando los países planean las represas por separado. En muchas partes de Asia, América Latina y África subsahariana, la hidroeléctrica es una fuente importante de energía y desarrollo económico. Pero los ríos que fluyen libremente también son esenciales para el bienestar de las comunidades, las economías locales y los ecosistemas. Según algunas estimaciones, si el mundo completa todos los proyectos de represas actualmente en curso o que se han planeado sin medidas paliativas, la infraestructura resultante perturbaría 300.000 kilómetros de ríos de libre curso o una longitud equivalente a siete vueltas al planeta.

Hay una mejor manera de hacerlo. Si se adopta un enfoque a escala de sistema (viendo las presas en el contexto de toda la cuenca de un río, más que proyecto por proyecto) podemos anticipar y equilibrar mejor sus efectos ambientales, sociales y económicos, al tiempo de asegurarnos de que resulten satisfechas las necesidades energéticas de una comunidad. The Nature Conservancy ha sido pionera en este tipo de planificación (lo que llamamos Hydropower by Design ) para ayudar a los países a darse cuenta de todo el valor que existe en el interior de sus cuencas hidrográficas.

Incluso una presa modifica los atributos físicos de una cuenca fluvial, y este impacto se magnifica si se multiplica en una hoya entera. A menudo, los proyectos hidroeléctricos planificados de forma aislada no solo causan más daño ambiental del necesario, sino que no alcanzan su máximo potencial estratégico y pueden incluso limitar las oportunidades económicas futuras.

Como resultado, incluso las represas que cumplen con sus metas de generación de energía pueden no maximizar el valor a largo plazo de otros servicios de gestión de aguas, tales como el control de inundaciones, navegación y almacenamiento hídrico. Nuestros estudios demuestran que estos servicios agregan un valor estimado de $770.000 millones anualmente a la economía global. Por lo tanto, no diseñar represas a su máximo potencial conlleva un costo significativo.

En el pasado, algunas empresas desarrolladoras se han resistido a este tipo de planificación estratégica, creyendo que causaría retrasos y sería costoso de implementar. Sin embargo, como demuestra el último informe de Conservancy, The Power of Rivers: A Business Case, considerar desde el comienzo mismo los riesgos ambientales, sociales y económicos puede minimizar los retrasos y los excesos presupuestarios, reduciendo al mismo tiempo la posibilidad de demandas judiciales. Más importante aún, para las desarrolladoras y los inversionistas, el uso de un enfoque holístico o de todo el sistema aprovecha las economías de escala en la construcción de represas.

Los beneficios financieros y de desarrollo de tal planificación permiten que el proceso se pague por sí mismo. Nuestras proyecciones muestran que los proyectos realizados utilizando un enfoque Hydropower by Design pueden cumplir con sus objetivos energéticos, lograr una tasa media de rendimiento más alta y reducir los efectos adversos sobre los recursos ambientales. Hoy, en que se prevén casi $2 billones de inversión en energía hidroeléctrica hasta el 2040, los beneficios de una planificación más inteligente representan un valor significativo.

La planificación hidroeléctrica a escala de sistema no exige que las constructoras adopten un proceso del todo nuevo. En su lugar, los gobiernos y los desarrolladores pueden integrar principios y herramientas en los procesos de planificación y regulación ya existentes. Se está aplicando principios similares a la energía eólica, solar y otras fuentes con grandes huellas geográficas.

Completar la transición a un futuro con bajas emisiones de carbono es quizás el principal desafío de nuestro tiempo y no lo lograremos sin ampliar la producción de energías renovables. En el caso de la energía hidroeléctrica, si planificamos atentamente utilizando un enfoque más holístico, podemos alcanzar los objetivos globales de energía limpia mientras protegemos unos 100.000 kilómetros de ríos que de otro modo se interrumpirían. Pero si no damos paso atrás para coger perspectiva, simplemente estaremos cambiando un problema por otro.

Giulio Boccaletti es ejecutivo estratégico en jefe y director gerente para Recursos Hídricos en The Nature Conservancy. © Project Syndicate 1995–2017

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