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Elecciones nacionales sin comicios municipales

Actualizado el 22 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Elecciones nacionales sin comicios municipales

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Por primera vez en la historia reciente del país, el próximo 2 de febrero acudiremos a votar en elecciones nacionales sin que haya elecciones municipales; es decir, que elegiremos presidente, vicepresidentes y diputados, pero no a las autoridades municipales.

La Nación publicó el pasado 11 de noviembre un análisis sobre el efecto que esta nueva realidad política y electoral tiene en los partidos políticos y evidencia la dificultad que enfrentan ante esta situación.

En aras de que los enemigos de la descentralización del Estado y del fortalecimiento municipal no utilicen esta nueva realidad para echar marcha atrás en la importante conquista de las elecciones municipales a medio periodo, me permito hacer algunas consideraciones.

Es cierto que en esta primera experiencia sin elecciones municipales, los partidos políticos están teniendo dificultades para su organización y atracción de votantes. Esto, en alguna medida, obedece a que las candidaturas propuestas para la Asamblea Legislativa y para la presidencia adolecen de un verdadero liderazgo local, regional y nacional. Sin embargo, el éxito del cambio hacia las elecciones municipales a medio periodo no debe medirse por la experiencia vivida en estas elecciones nacionales: debemos esperar, al menos, hasta el proceso electoral municipal del 2016, aunque sería óptimo hacerlo hasta el del 2020. Solo así se valorará la conveniencia del cambio.

Reforma integral. Por otro lado, es indispensable que tengamos claro que las elecciones municipales a medio periodo son tan solo el tímido primer paso hacia lo que debe ser una verdadera reforma política en Costa Rica, cuya implementación es urgente, si es que queremos evitar que el deterioro acelerado en la confianza de la ciudadanía para con el sistema político. Esa reforma integral es indispensable para mejorar la calidad de la democracia, generar espacios para una mayor participación de la ciudadanía y consolidar la institucionalidad política.

Dentro de esa reforma política debemos avanzar, al menos, en la eliminación de las listas provinciales para la elección legislativa; la creación de distritos electorales para una mejor representación política de los territorios; la evolución hacia un sistema menos presidencialista y más parlamentario; una carrera legislativa que permita la reelección continua de los buenos diputados; la reforma integral del reglamento legislativo y, ¿por qué no?, eliminar el monopolio de los partidos políticos para postular candidaturas, al menos a nivel municipal.

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Obviamente, hay muchas otras reformas institucionales que el país debe definir en otros campos (tributario, justicia, salud, educación, inversión pública, desarrollo social, competitividad, etc.); pero si no avanzamos en las políticas, difícilmente lo haremos en las institucionales.

Así las cosas, en el futuro, con el nuevo paradigma político y electoral, será necesario que los partidos busquen a las mejores personas para postularlos y, sobre todo, que nosotros, los ciudadanos, nos decidamos a participar y asumir las nuevas oportunidades y responsabilidades que una Costa Rica más democrática nos ofrecería.

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