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Ejecuciones en la guillotina

Actualizado el 02 de abril de 2017 a las 12:00 am

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Ejecuciones en la guillotina

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En la Revolución francesa fueron asesinadas dieciséis monjas carmelitas. Igualdad, libertad y fraternidad fue su proclama, usurpada a tiendas cristianas milenarias. Todas iban cantando; un juez vigilaba el proceso e informaba a sus superiores. Una de ellas, ingenuamente, le preguntó al juez qué significaba fanatismo, y este le contestó: “Vuestra boba pertenencia a la religión”. Cuando le correspondió la ejecución a la última, la priora, ella dijo: “El amor sale victorioso, el amor lo puede todo” (actas de los mártires).

Después de ejecutarlas, lavaban la sangre, limpiaban la guillotina y lanzaban cuerpos y cabezas a carruajes tirados por caballos.

A la menor sospecha de ser antirrevolucionarios, lanzaban a las personas al martirio; hoy, las lanzan a la potencia de los cañones, al ahogo de los gases y al poder de la metralla o de la pistola, como sucede en Siria y otras partes.

El solo nombre de guillotina infundía pavor porque detrás sobrevenía la muerte. Más de un siglo después, esta atrocidad me hace recordar las palabras de dos apreciables poetas sobre la vida y la muerte, uno español, Rafael Ángel Valente, y otro costarricense, Néstor Mourelo. Dice Valente: “Pero escribo también desde la vida, desde su grito poderoso”, y afirma Néstor Mourelo: “Se niega a sucumbir el alma en los espejos del odio”.

Es la vida la que nos habla de igualdad, libertad y fraternidad, no el filo reluciente de una guillotina o de una ideología cuartelaria. Hoy, la proclama es por una igualdad de origen, una libertad responsable y apegada a la verdad, una fraternidad solidaria y una mayor alegría interior.

Como se acercan las elecciones, nuestra “revolución francesa” es la del voto, la combativa del abstencionismo; la revolución conducente al credo político preferido del costarricense: la socialdemocracia. O sea, la que fomente el respeto y la libre expresión del pensamiento, la justicia social, la libertad de oportunidades y tantas cosas más.

La libertad que Francia buscaba la encontró primero América, y, en Latinoamérica, la democracia costarricense es la mejor, la de mayor prestigio. Por eso, el abstensionismo debemos desterrarlo y desterrar también el menosprecio por la vida y su mayor enemigo: el odio. Ahora, en las próximas elecciones, busquemos la excelencia.

El autor es abogado.

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